El sur, una región que se ha presentado a menudo políticamente indescifrable para el país, vuelve a ser decisivo en el panorama nacional. La última crisis del gobierno de PPK se gestó en el Cusco, donde se inició la huelga de maestros que paralizó la capital. PODER reunió al congresista cusqueño Armando Villanueva (Acción Popular), al congresista puneño Alberto Quintanilla (Nuevo Perú) y a la segunda vicepresidenta de la República, Mercedes Aráoz (Peruanos por el Kambio) -que días después de asumiría el cargo de Presidenta del Consejo de Ministros-, para indagar sobre cuánta relación existe entre el imaginario y la realidad de la región con mayor pobreza rural en el país.

 

Armando Villanueva / AV: El Cusco y el sur han contribuido ahora a visibilizar el tema educativo, pero hay una falta de confianza no solo en los docentes, sino en todos quienes buscan acceso a oportunidades laborales en cada punto del país, pero fundamentalmente en el sur, donde están enclavados los mayores índices de pobreza. Necesitamos pensar un proyecto nacional en función del cual hay que hacer un proyecto político y educativo en el que se restablezcan procesos como la descentralización. Yo fui parte de la experiencia de los noventa. Las huelgas no llegaban a Lima, se quedaban en cada región. Hoy los departamentos han sido invisibilizados, no existen. Se trata de reconstruir todo el Estado.

 

Mercedes Aráoz / MA: Un gobierno centralista y centralizado en los noventa, ¿no? Nosotros más bien queremos recomponer el modelo de descentralización que debemos empoderar. Efectivamente, hay un defecto en el modelo, que es básicamente uno de transferencia de recursos, y no uno donde generamos en los Gobiernos regionales una capacidad de crear sus propios ingresos, por ejemplo. Hay que trabajar en un modelo diferente. Felizmente, lo hemos estado haciendo a través de los varios gobiernos. Pero, yendo al sur, PPK ha puesto todo el énfasis en el desarrollo de los proyectos de esta región, y son los que más nos duelen. Primer proyecto importante: el gasoducto. Es lamentable que, por la corrupción, hayamos tenido que paralizarlo. Vamos a insistir en él, pero en un gasoducto que también dé gas a la región. El modelo del gobierno anterior simplemente trasladaba el gas a la costa, y eso no tiene sentido para el sur. El otro proyecto es Chinchero. Nos duele que el proyecto viniera mal armado. Intentamos sacar un aeropuerto importante para desarrollar a toda la región. Y, efectivamente, hay que desarrollar muchas otras actividades productivas en la zona, pero necesitamos que se pueda dialogar en el Legislativo. Lo que he encontrado es “haga usted tal cosa”, “despidan a su ministro”, pero no dicen cuál es la estrategia. Conversemos cuáles son las mejores estrategias. Pienso que, si nos comenzamos a enfocar en el sur, debemos darle oportunidades productivas reales. Parte del abandono grande es, por ejemplo, no poder hacer la represa Paltiture. Finalmente creo que va a salir, y eso significa irrigación importante para Arequipa y Moquegua.

 

Alberto Quintanilla / AQ: Lo que falta realmente es una vocación descentralista. En la discusión del debate del presupuesto del 2017, el presupuesto de inversión pública daba el manejo del 75% al Gobierno central, el 12% a las regiones y el 13% a las municipalidades. La razón era que los Gobiernos regionales y locales son ineficientes y corruptos. No discuto que puedan serlo, pero esas taras también se dan en el Gobierno central. Es un mal nacional.

 

MA: Solo para corregir el tema: veníamos con un presupuesto armado. Es cierto, 75% para el Gobierno central, pero todo pasa por un proceso de traslado para justamente acompañar en el presupuesto a los Gobiernos locales y regionales. Acabamos de aprobar una serie de proyectos para Gobiernos muy necesitados de la sierra del sur. Hay mucho programa que es de carácter nacional, porque necesitan un acompañamiento para asegurar que los estudios técnicos estén aprobados adecuadamente. Sí hay algún ejercicio de trabajo de control. Después de todo, somos un país unitario, no un país federal donde no hay esa capacidad de decisiones.

 

AV: El Cusco y el sur han fijado la agenda política del último año, pero al mismo tiempo se han planteado soluciones y estrategias de salida. En el caso de la educación, la solución para las demandas iniciales se planteó en el Cusco. En el caso de Chinchero, lo que pasó es que el Gobierno no toma decisiones. El principal dilema en este caso era si se hacía con una asociación público-privada o si era una obra pública. La decisión final ha costado ya dos ministros, y el actual no termina de definir. Finalmente hoy se ha anunciado la posibilidad de que en dos  o tres semanas se sepa la fecha de inicio de las obras. En cuanto al gas, hay que hacerle redefiniciones técnicas, porque tiene que servir para masificar el gas domiciliario, industrial y de transporte.

 

LA DESCENTRALIZACIÓN

 

AQ: Lo que está fracasando es la política económica centralista. Una política en la cual al Estado se le ata de manos y no se le da capacidad de ser inversor y competidor, al igual que el resto. Renuncias a una capacidad planificadora y reguladora del Estado. Para el 2020 vamos a estar sentados aquí, discutiendo la corrupción de los proyectos de reconstrucción en el norte debido a ese modelo en el cual no hay una política de planificación pero en el que, mediante las APP, se da facultades a los sectores privados para que escojan en qué invertir. No estoy en contra de las APP, me parecen excelentes, pero el modelo de APP peruano hoy es proclive a la corrupción. No puede haber obras como la interoceánica del sur, que se licita y el precio final se va definiendo en función de lo que proponga la empresa, acepte el Estado y apruebe la supervisora, que también es una entidad del sector privado que ha ganado por licitación. Volvamos a un modelo de asociación público privada, de contratación del Estado, donde el precio esté fijado y los montos puedan oscilar 10 para arriba o 10 para abajo, pero no multiplicarse por tres, cuatro o cinco, como ocurre en la actualidad.

 

MA: En cuanto al proceso de descentralización, con iniciativas como Invierte.pe, el nuevomodelo de inversión pública, le estás dando la capacidad al ejecutor, que en este caso puede ser el Gobierno regional, de decidir mejor cuáles son las brechas. Lo que ha pasado con el modelo previo, el SNIP, es que todas las decisiones estaban centralizadas. Ahora estamos transfiriendo esa capacidad de decisión al Gobierno regional y al local. El modelo requiere un trabajo más profundo para entender bien la regionalización. No puede ser por departamentos, para empezar. No está funcionando. He visto el ejercicio que han estado haciendo en la macrorregión sur, intentos valiosos de encontrar proyectos concertados para la región. Tiene mucho más sentido porque se ven como áreas geográficas que colaboran entre sí, no como departamentos aislados que compiten y al final terminan perdiéndose por regionalismos que creo que no corresponden. El gasoducto, por ejemplo, podría ser un proyecto de integración regional mucho más valioso, que abarque más departamentos que el Cusco, Arequipa o Puno.

 

AV: Yo no hablaría de fracaso. En los últimos 27 años ha habido dos modelos de descentralización vía regiones. El de 1990 no fue desactivado por sus fracasos, sino por sus éxitos. Apuntaba a descentralizar no solo políticamente, sino también económica y socialmente, porque empezaba a concentrar poder en las regiones. Y este modelo está entrampado precisamente por una corrupción centralizada. ¿Qué tenemos en los proyectos que se concentran en el Promedu (Programa de Apoyo a la Política de Mejoramiento de la EquidadEducativa) o en cada uno de los proyectos de agua y desagüe? Proyectos que se dirigen desde los perfiles y los expedientes técnicos en Lima. El resultado es, por lo menos, la duplicación de los costos. La centralización corrupta debe revertirse a partir de repensar proyectos que puedan dinamizar las economías. En el caso del sur tenemos muchas frustraciones. Teniendo a Cusco como depositario, si no propietario del gas, resulta que no posee una sola instalación domiciliaria ni vehicular ni industrial con gas natural. Y contamos con una propuesta que está repensada, Mercedes. ¿Qué proponemos políticamente desde el Cusco? Espero que lo podamos ver sin necesidad de huelgas. Nos falta una visión del sur. La hemos ido esbozando desde distintos puntos de vista, con distintos movimientos políticos y regionales. Hay que construir la institucionalidad para planificar el futuro del sur con una visión compartida no solo entre los partidos políticos, sino entre todos los pueblos.

 

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