Durante años nos hemos reído con la ley de Godwin porque postulaba con humor una verdad de facto: “A medida que una discusión en línea se alarga, la posibilidad de que aparezca una comparación en la que se menciona a Hitler o a los nazis tiende a uno”.

El principio formulado por el abogado Mike Godwin en 1990 ha dejado de ser gracioso: ya no hace falta que una discusión en línea se alargue ni un segundo. La gente escribe opiniones racistas —y misóginas y homofóbicas— abiertamente, con su nombre completo y una foto de perfil junto a sus hijos, inmediatamente después de leer el titular de una noticia sobre renuncias en el gabinete de Trump, nuevos tratamientos para la obesidad o tortugas en extinción. Da lo mismo: cualquier espacio sin censura es territorio fértil para montar un circo de odio y violencia gratuita. O, como diría el neonazi norteamericano Christopher Cantwell, para expresar pacíficamente una opinión.

Christopher Cantwell —también conocido como the crying nazi— fue uno de los rostros más emblemáticos de la marcha de nacionalistas blancos que se hizo a principios de agosto en Charlottesville, Virginia. Cantwell es el personaje principal del pequeño gran documental que hizo Vice News sobre la marcha en Charlottesville, donde aparece definiéndose con orgullo como alguien mucho más racista que Donald Trump, mientras asegura que, por supuesto, está preparado para la violencia: “Yo porto un arma, voy al gimnasio todo el tiempo. Me preparo a mí mismo para ser más apto para la violencia”.

Después de los primeros enfrentamientos entre los nacionalistas blancos y aquellos que se oponían a la marcha de la extrema derecha en Charlottesville, Cantwell le dijo a la reportera de Vice que ellos solo estaban allí para expresar su opinión, bajo el amparo de la ley, y que lo que otros pensaran acerca de sus opiniones podría ponerlos en peligro.“Nosotros no iniciamos las agresiones —dijo—, pero vamos a matar a esta gente si tenemos que hacerlo”. Un par de horas después, un coche se lanzó contra los manifestantes antifascistas, acabó con la vida de una persona e hirió a unas veinte más.

La irrupción de la muerte fue de una elocuencia terrorífica. Rompió el discurso con el que se amparan vagamente todos los odiadores de internet: la ilusión de que se puede “expresar libremente” cualquier opinión sin consecuencias para la sociedad que la tolera ni para quien humildemente opina que otros deberían dejar de existir. De pronto, aquella marcha de trolls que amenazan a la gente detrás de un teclado se convirtió realmente en una marcha de hombres capaces de matar a otros.

Días después de los enfrentamientos en Charlottesville, Cantwell apareció llorando en un video casero al enterarse de que había una orden de arresto contra él. Dijo que estaba aterrorizado de que los policías quisieran matarlo, y juraba que, aunque había dicho “un montón de mierda en internet”, ellos siempre “hicieron todo lo que estaba en su poder para mantener esto de forma pacífica”. Uno de los asistentes a la marcha de nacionalistas, Cole White, fue identificado por la cuenta de Twitter @YesYoureRacist (sí, eres racista) e inmediatamente despedido por el restaurante donde trabajaba. Peter Cvjetanovic, un joven que aparece gritando y con una antorcha en la mano en las fotos de la marcha, tuvo que renunciar a su trabajo en la universidad después de que su imagen recorriera el mundo. “Yo no soy el racista enojado que se ve en las fotos”, dijo, sorprendido de que tantagente compartiera su imagen, y juró que solo había asistido porque estaba interesado en preservar los valores heredados de la cultura europea.

Quienes trabajamos en medios de comunicación y leemos los comentarios de los lectores, debajo de las noticias que publicamos, a menudo nos enfrentamos con una pregunta: ¿la gente siempre ha sido tan estúpida y violenta y ahora tenemos la posibilidad de verlo, o la humanidad realmente se ha envilecido?

Tal vez no haya una respuesta sencilla, pero existe el corolario de Van der Leun a la ley de Godwin: al aumentar la conectividad global, la probabilidad de que aparezcan verdaderos nazis en la red se aproxima a uno.

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