Juanjo Fernández

Escribe
Carlos León Moya

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A mediados de julio, durante la fiesta de la Virgen del Carmen en Paucartambo, varios maqt’as cargaron maletas de colores con dinero que salía por los costados. Las maletas tenían un logo: el de Odebrecht. 

Para representar a sus destinatarios, algunos maqt’as, personajes picarescos que animan la fiesta con sus bromas y cuyas máscaras de yeso los muestran siempre alegres, se colgaron en el pecho los rostros de los últimos tres presidentes dela República.

Otros maqt’as, en cambio, alzaban cartulinas con mensajes en apoyo a la huelga magisterial indefinida en el Cusco. Uno de ellos aprovechó para hacer un juego de palabras: “Qué viva el SUT’EQ”.

La huelga indefinida parecía entonces aislada y coyuntural. Con los días, sin embargo, se transformó, junto con Odebrecht, en la peor crisis política que tuvo el gobierno hasta ahora.

2

Como imagen, la huelga de maestros fue masiva y en el Centro de Lima. Policías, gases, caballos; banderolas en la Abancay, citaciones en el Congreso, reuniones en Palacio.

Su origen, no obstante, fue más lejano y menos auspicioso. El 15 de junio, casi la totalidad de los docentes de escuelas públicas del Cusco acataron una huelga indefinida convocada por el Sindicato Único de Trabajadores de la Educación de la Región Cusco (Suter). Pero, a escala nacional, fue una huelga solitaria: ninguna de las bases regionales con las que habían coordinado antes se sumó. Ese mismo día, el Ministerio de Educación la declaró improcedente, la Dirección Regional de Educación del Cusco amenazó con descuentos, y el Comité Ejecutivo Nacional del Sutep —vinculado a Patria Roja— le negó la legitimidad y los tildó de senderistas. Hasta César Hugo Tito Rojas, entonces secretario del Sutep Puno y antiguo presidente del Comité Nacional de Reorientación y Reconstrucción del Sutep (Conare-Sutep), los acusó de “confundir y dividir” a las bases.

Sorprendió por eso el impacto nacional que tuvo la huelga. El 16 de agosto, 62 días después de iniciada la del Cusco, la ministra de Educación admitió que 64% de los docentes del país la acataban: dos de cada tres maestros. Lejanas las épocas en que el Sutep Nacional lideraba las huelgas. Pese a su abierto rechazo y sus constantes insultos, 238.536 maestros estaban fuera de clases.

La huelga iniciada en el Cusco hizo que, una vez más, se pusieran los ojos sobre el sur y su importancia política. Como es costumbre en el Perú contemporáneo, tuvo que “llegar a Lima”para recibir la atención debida. Bien decía José Luis Rénique: “De la costa a la sierra las distancias son más que geográficas”.

3

La huelga magisterial se puede dividir en tres tiempos. El primer tiempo abarca todo lo sucedido hasta el inicio de la huelga del Suter Cusco, el 15 de junio. El segundo será el Cusco en huelga solitaria, hasta el 12 de julio en que se suman once regiones más y con dirigentes más intransigentes: allí empieza el tercer tiempo.

Empecemos con la prehistoria. A fines de setiembre del año pasado, cuando aún Jaime Saavedra era ministro y el gobierno tenía más de 60% de aprobación, los docentes de una región entera pararon las clases 72 horas con unas demandas idénticas a las de este año. Era el Cusco. Lo más llamativo de aquel paro no fue su agenda, sino su contundencia: el Suter Cusco, sin ninguna filiación osimpatía al CEN del Sutep, había logrado parar realmente a la región. Ruth Báez, entonces secretaria general del Suter, hizo una advertencia al Minedu: sino solucionaban sus demandas, irían a una huelga indefinida que “podría ser a nivel nacional”.

Siete meses después, el 25 y el 26 de abril, varias bases regionales de docentes realizaron un paro preventivo de 48 horas que no fue cubierto por los medios nacionales. Era el último preludio a una huelga nacional indefinida que seguía sin fecha. Nuevamente, el paro del Cusco fue acatado por más profesores que en otras regiones. Ernesto Meza Tica, sucesor de Báez al frente del Suter Cusco y asociado a Puka Llacta (el pequeño partido que surge como una escisión de Patria Roja en 1978), criticó entonces al Conare por estar “dirigido por un partido”. Aun así, ambos compartían su rechazo a la dirección nacional del Sutep, en manos de Patria Roja, e intentaban ir a una huelga nacional indefinida de manera conjunta.

Para tal fin, el Suter Cusco convocó a todas las bases del Sutep del país para coordinarla el 19 y el 20 de mayo. Ese intento, sin embargo, fracasó. Por eso, el 3 de junio, el Cusco y un puñado de sindicatos regionales anunciaron que irían a una huelga indefinida el 15 de aquel mes. Las notas periodísticas mencionaban la adhesión de “doce regiones”, pero era una exageración de sus promotores: el anuncio de la huelga enviado al Minedu fue firmado solo por el Suter Cusco y el Sutep Pasco. En la práctica, el Cusco estaba yendo solo.

Meza Tica confirmó el intento de una huelga conjunta, pero afirma que todo se frustró en mayo. “Los Conare Puno, Tacna y Ayacucho decidieron no ir con nosotros. Nos pidieron primero reconocer a su líder, Lucio Callo Callata, como presidente del Comité de Lucha”.

—¿Y por qué no aceptó?

—Porque estaba cuestionado —respondió Meza con tranquilidad.

Callo Callata, del Conare Puno, es acusado de ser miembro del Movadef.

Que el Cusco estuviera, solo, un mes en huelga indefinida confirmó no solamente su fortaleza sindical, sino también el nivel de influencia y la fuerte convocatoria que tiene el Suter. Tan difícil como llevar a cabo una huelga es levantarla, y el Suter Cusco hizo ambas en cuestión de días y de manera total. Además, Meza Tica quedó como un líder sindical que, pese a algunas demandas irrealizables, sabe priorizar y aterrizar sus propuestas. De los 14 puntos de la Plataforma de Lucha del Cusco, que incluían la “Democratización de la Derrama Magisterial” y el “Piso Salarial no menor a 1 UIT”, priorizó cuatro y obtuvo resultados: el aumento de las remuneraciones (de 1.780 a 2.000 soles) pasó de mayo del 2018 a diciembre del 2017 (luego, a noviembre); que el 2018 se vaya a dar una partida de 200 millones de soles para el pago de la deuda social; en lugar de su derogatoria, obtuvo del Minedu el compromiso de que ningún docente pasará la evaluación del desempeño sin antes haber sido debidamente capacitado; y la modificatoria del DS 13-2016 que impedía a los sindicatos regionales negociar directamente con el Minedu y los obligaba a enviar sus demandas al Sutep Nacional.

“Por primera vez el Cusco ha unido a todo el Perú”, decía con orgullo Meza Tica. Sin embargo, no todo era alegría para él. Aunque terminar la huelga antes que el resto de regiones lo distinguió del Conare Sutep, también lo puso como traidora los ojos de bases como Puno, que continuaba en huelga. Además, su ascendente proyección nacional fue opacada por quien mantenía la huelga: Pedro Castillo Terrones.

4

“Esta huelga es atípica. Es la primera vez que confluyen cuatro huelgas distintas”, sostenía Yomar Meléndez, asesor del Viceministerio de Gestión Pedagógica del Minedu.

Se refería a las cuatro facciones presentes y sus estrategias: el CEN del Sutep - Patria Roja, Puka Llacta, el Conare-Movadef y el Conare-Proseguir, un complejo repertorio de actores con las que ninguna otra gestión lidió antes de manera simultánea.

En las huelgas de los años 2003, 2007 y 2012, el Minedu se las vio primero con el CEN del Sutep, y luego ellos trataban a su modo con el resto de facciones. Esta vez, cada actor tuvo estrategias inéditas. El CEN del Sutep y Patria Roja no lideraron nada. El grupo cercano a Puka Llacta encabezó una huelga en una sola región, Cusco, marcando distancia del Conare. Estos últimos, en cambio, han llevado adelante una huelga indefinida en varias regiones, y sin competir con nadie por el liderazgo.

En esta nueva etapa solo hubo un gran perdedor: Patria Roja. Su pérdida de consistencia en bases como Puno y Cusco era ya visible con el crecimiento de los sindicatos regionales fuera de su influencia, quienes tienen incluso elecciones directas de dirigentes que atraen a cada vez más maestros. No obstante, pese a su sostenido deterioro, nadie intuía que un rebalse magisterial de esta magnitud podía venir. Patria Roja mantenía la hegemonía del Sutep desde su fundación, en 1972.

Quizá una razón de su descrédito al interior del magisterio haya sido, irónicamente, el buen trato hacia los maestros que hubo durante la gestión de Jaime Saavedra. Políticas como el aumento de sueldos o la restitución de la dignidad del maestro llevaron a que el CEN del Sutep escondiese los dientes y tuviese una relación más cercana y fluida con el Minedu. Pese a estos resultados positivos, lo cierto es que el ánimo en buena parte del magisterio era de antipatía al Minedu. Las facciones del magisterio que ganaron preeminencia acusaban desde hacía tiempo a Patria Roja de no defender debidamente a los maestros. Los llamaban traidores, amarillos, vende huelgas. Su reciente acercamiento al Minedu refuerza esta idea.

Una de las derrotas ha sido la modificatoria al DS 013-2016, que hacía del CEN del Sutep el único ente capaz de negociar con el Minedu. Esta modificación legitimó lo que ha sucedido en esta última huelga: el Minedu negociando con diferentes sindicatos regionales, sin participación ni intermediación del CEN del Sutep. La hegemonía indiscutible de Patria Roja parece haber llegado a su fin.

“La etapa del Sindicato Único para el proceso de negociación con el Minedu se terminó —sostiene Yomar Meléndez—. Ahora se abre el ciclo del sindicato mayoritario”.

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