Escribe
Manuel Ángelo Prado

Cadáveres flotando en el agua, personas atrapadas en los techos de sus casas, hacinamiento. No son imágenes tercermundistas, sino las “postales” que dejó el huracán Katrina —que mató cerca de 1.800 personas—días después de su paso por Nueva Orleans el 29 de agosto del 2005.

Diez años después, Gary Rivlin, colaborador del New YorkTimes, publicó un libro que, lejos de estacionarse en el recuento de datos, expone una fina mirada sobre las problemáticas económicas y sociales que se desencadenaron tras uno de los fenómenos más devastadores en la historia estadounidense. “Un fascinante reportaje sobre una ciudad transformada por la tragedia”, sentenció Book Page.

Es también el relato de un episodio que fortaleció la animadversión estadounidense hacia George Bush, algo que nunca pudo revertir: la tercerización de los servicios para asistir a los damnificados, el deseo de un sector de blancos estadounidenses por “recobrar” el control de una ciudad con fuerte presencia afroamericana y el rubro inmobiliario que benefició a los dueños pero no a los arrendatarios son algunos de sus temas.

Reportaje, 462 páginas. Simon &Schuster, 2015.

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