Crédito: Guillermo Figueroa

Escribe María Luisa del Río 

Fotografías: Guillermo Figueroa 

Desde la ventana del avión puede verse la cantidad de agua que rodea los campos de cultivo de Piura: ríos desbordados que se unen con lagos y humedales que alimentan a la laguna La Niña. Hoy, atravesar la ciudad de Piura para llegar a la provincia de Sechura es una experiencia reveladora. La ciudad tiene un escenario de posguerra en la que las áreas verdes son una masa de tierra mezclada con plásticos, una muestra clara de cómo las aguas desbordadas este verano han desnudado la incapacidad para administrar nuestros residuos. Día y noche el polvo se alza obligando a los transeúntes y conductores a andar con mascarillas. Pero a solo 55 kilómetros al suroeste, el desierto de Sechura nos recuerda, por el contrario, cuánta riqueza traen las aguas cuando no invadimos sus riberas. 

RECONSTRUCCIÓN CON VISIÓN

A partir del kilómetro 971 de la Panamericana Norte, los caseríos alborde de la pista, usualmente desérticos, se han llenado de cientos de cuerpos de agua que atraen a garzas, cigüeñas y gaviotas, y dan vida a algarrobos bebés de 10 a 30 centímetros de altura. Las lluvias, que resultan nocivas en las ciudades, generan un poder germinativo asombroso.

El bosque seco está repleto de semillas latentes, semillas resecas que esperan estas lluvias desde hace decenas, cientos y hasta miles de años para germinar. Son especies que han aprendido a adaptarse con un método de auto selección muy oportuno: se reproducen ante un buen aguacero, pero se inhiben frente a las sequías. Ese instinto hace que los algarrobos, los faiques (un buen forraje para los animales, así como madera noble para embarcaciones), los zapotes y demás especies milenarias suelten su fecundidad ahora para aprovechar esa cantidad de agua que les dará buen inicio para su crecimiento. El Niño costero reciente, según señaló a los medios el presidente del Instituto del Mar del Perú (Imarpe), Javier Gaviola, tuvo en los meses de febrero y marzo una precipitación tres veces mayor que la de los eventos de 1983 y 1998, recordados como los más intensos de la historia reciente.

El reto actual es darle continuidad a la regeneración natural”, explica sentado sobre una roca, a la sombra de un algarrobo adulto en un día de sol intenso, Luis Felipe Berninzon, investigador y restaurador de zonas áridas, especialista en bosque seco, que actualmente prepara una tesis de maestría en la Facultad de Bosques y Gestión de Recursos Forestales de la Universidad Agraria La Molina. Como guía, es sobre todo un intérprete ambiental. A su alrededor hay algarrobos de tres o cuatro meses, del tamaño de un palo de helado, que todavía no han sido tragados por las cabras que arrasan con los pastos naturales. “Si florece, vendrá otra generación de seres vivos”, dice. Si lo logran, podrán llegar a ser árboles macizos, que en 20 u 80 años, pasarán de 6 a 20 metros. Esa envergadura en la ribera de los ríos podría permitirnos dejar de lado tantos proyectos enfocados en muros de contención.

Pero las autoridades rara vez tienen idea de cómo funcionan las cosas en la práctica. El exministro de agricultura Absalón Vásquez, por ejemplo, se mostró muy optimista hace poco al señalar que, ahora que aparecen enormes áreas de pastizales después de El Niño, la ganadería es una gran oportunidad. Pero el exministro elude un detalle: el ganado suelto es absolutamente disruptivo para este contexto de urgente regeneración de bosques.

ALGARROBOS BEBÉS VERSUS CHIVOS

En una playa de arena en la orilla del río Piura, camino al lago Ñapique, hay una ribera llena de algarrobos bebés que han germinado durante el diluvio. Estos son claves en la reconstrucción con cambios porques sus raíces son resistentes y protegen quebradas. Cuando crecen son contenedores de diluvios, ya que amortiguan las lluvias en sus copas y resisten con sus troncos las embestidas de los desbordes. Son como la defensa de un equipo de fútbol con seres corpulentos. Después de 20 años son capaces incluso de contener huaicos: la tierra no se convierte en agua lodada y se mantiene esa piedrita similar al cascajo, propia de nuestras riberas, que evita el deslizamiento. “Esto puede costar de 10 a 20 veces más si se hace artificialmente, con mano de obra, plantones de vivero y fertilizantes —justifica económicamente Berninzon— Pero la lluvia ya los germinó, solo hay que cuidarlos. No es tan difícil dar vida, lo difícil es darle protección para su continuidad”.

Es estratégico, además. Si crecen las especies que han resurgido a lavera de los ríos, la gente ya no podría construir sus viviendas en esos lugares. Los desbordes de los ríos en la región Piura dejaron 20.000 personas damnificadas y más de 240.000 afectadas. Por ahora miden solo de 10 a 30 centímetros, y son muy fáciles de alcanzar por los chivos, su principal amenaza (hasta que alcanzan un tamaño inaccesible a los tres años) ya que  el fruto (la algarroba) tiene gran propiedad nutritiva. Luego, su principal depredador es el hombre, pues su leña es ideal en un país donde se consumen unos 135 millones de pollos a la brasa al año.

Pero en Plateritos hay buenos ejemplos. Muy cerca de la entrada, entre Máncora y Zorritos, en Tumbes, vive Camachito. La casa de Raymundo Camacho Medina (92) y de Victoria Garrido Marchán (75) está hecha de guayacán y hualtaco. Las paredes tienen barro y el techo es de calamina. “Luego de sequías, llegan las lluvias en cantidad. El fenómeno de El Niño del 83 fue muy bravo, solo he visto uno así en la edad que tengo”, recuerda. Raymundo y Victoria no tienen hijos. Si necesitan dinero deberán vender uno de los 20 chivos que tienen a 12 soles el kilo, y uno adulto puede llegar a los 30 kilos. Los chivos también son un mal necesario. 

La solución al problema entre los algarrobos y los chivos no es extraordinaria. La respuesta puede estar en el trabajo que viene realizando el Círculo de Investigación en Bosques Secos (Cibosec), formado por investigadores y tesistas de la Universidad Agraria La Molina. El ganado suelto deviene en pobreza, depredación y pérdida de hábitat, pero el ganado estabulado, en cambio, es fuente de oportunidades, energías renovables, manejo responsable de bosques y producción con valor agregado. En la práctica, esto consiste en utilizar bombas solares para levantar el agua de la napa freática y poder sembrar pastos, forrajes y leguminosas, de forma que los animales tengan qué comer dentro de su establo y no depreden el bosque.

Más arriba, hacia los cerros verdes, se encuentra la matriz de este reino de la regeneración natural: un bosque alimentado por un ojo de agua que es la madre de la cuenca. Esta es un área protegida, una concesión de conservación que comprende el 100% del drenaje común, la única área protegida del Perú que abarca una cuenca completa. Mientras los chivos vienen alimentándose de plantas promisorias que han aprendido a vivir millones de años con poca agua, aquí, a los pies del bosque de hualtacos de Plateritos, a 14 kilómetros del mar, abundan los árboles promisorios para restauración ecológica en bosque seco: el algarrobo, el zapote, el charán, el vichayo, el palosanto, el faique y el pasallo. El angolo y la ceiba habían desaparecido, pero el Cibosec los está reintroduciendo. Con más árboles tendríamos más cobertura vegetal y, por tanto, más agua. Esa es la idea de reforestar las cuencas.

250 KILOS DE TILAPIA EN EL LAGO ÑAPIQUE

Cuando llega El Niño a Piura, la laguna La Niña se forma temporalmente—alimentada por el desembalse de los lagos San Ramón y Ñapique— y sus aguas confluyen, en el desierto de Sechura, con los desbordes de los ríos La Leche, Motupe y Moche, provenientes de la región Lambayeque. Aún el nivel del agua no ha bajado lo suficiente como para despejar la carretera de acceso, pero sí para llegar al lago Ñapique. Ahí, a las tres de la mañana, un grupo de pescadores artesanales llega con sus redes y javas de plástico en motocargas y mototaxis desde los centros poblados Las Arenas, La Unión, San Clemente, Cristo nos Valga y Cerritos, en la provincia de Sechura. A la hora azul se oyen chirridos y cantos de garzas blancas, patos nativos y cigüeñas. Los pescadores usan unas balsas pequeñas hechas de troncos, en las que caben dos personas de pie con tanganas, que incrustan sobre el fondo del agua para desplazarse. La madrugada es la única hora en la que pueden pescar, porque cuando el sol haya salido los peces se habrán alejado de las orillas. Sobre todo la tilapia asilvestrada.

La tilapia, introducida por el hombre pero sin manejo (las dejan solas, sin alimentarlas ni controlar su reproducción), es la bonanza estamañana. Según una lista de los peces de aguas continentales del Perú publicada por el Ministerio del Ambiente en el año 2012, estas son originarias de África y el Cercano Oriente. En la década del 70, el Imarpe las introdujo con fines de investigación y cultivo en zonas de selva, pero los pescadores no saben cómo llegaron hasta aquí.

Herbert Rumiche Chunga se ha llevado la mejor parte de esta faena por haber llegado más temprano. Herbert va llenando la pequeña tolva de una motocarga con 250 kilos de tilapia, un tremendo botín conseguido en una sola madrugada de trabajo. Aquí las hay siempre, debido a las aguas dulces que conectan con el estuario de Virrilá y con La Niña, pero es durante las lluvias fuertes de El Niño que se reproducen en abundancia. En marzo del 2017, Piura perdió 2.823 hectáreas de cultivos de arroz, correspondiente al 61,5% de las áreas afectadas en esa región, seguidas de 661 hectáreas de plátano, 456 de algodón y 281 de limón. Luego de esos daños, hoy la tilapia es el único recurso que tienen.

Cuando hemos visto venir tanta lluvia ya sabíamos que después iba a haber pesca, que es la única esperanza —cuenta Rumiche, que no se detiene en lamentos—. Esta buena pesca nos puede durar unos dos años. Toda esta zona se enriquece con trucha(tilapia), lisa, róbalo, pardo, pero algunos todavía están chicos. La gente chola le llama trucha, los blancos le llaman tilapia”, ríe.

Los pescadores las llevan a los pueblos vecinos, donde las venden a tres soles el kilo, pero la mayor cantidad de esta pesca se va a los mercados de Chiclayo. La población de tilapias puede llegar a multiplicarse por seis entorno a un fenómeno de El Niño. Un artículo publicado en la Revista Peruana de Biología, “La tilapia en el Perú: acuicultura, mercado, y perspectivas”, consigna que entre 1998 y el 2000 se realizaron incluso cosechas en la laguna La Niña que fueron exportadas a Italia, y que la actividad declinó al disminuir los niveles del agua de dicha laguna.

Este es un buen momento, pero para que sea sostenible se necesita asistencia, manejo y presencia institucional para aprovechar el recurso de la mejor manera. Si hay control, sacarán solo los pescados más grandes, que tienen más valor, y dejarán crecer a los más pequeños. Es la misma prevención que requieren los pequeñísimos árboles que esperan su oportunidad a lo largo de ríos y quebradas. La bonanza siempre es acechada por su propia fragilidad.

La pesca sin asistencia y la amenaza de los chivos son una metáfora de lo que ya no podemos permitir: el oportunismo, el malgasto, el cortoplacismo, el despilfarro. El momento es hoy y las condiciones están dadas.

Datos:

El bosque seco de Lambayeque, Piura y Tumbes tiene más de tres millones de hectáreas, según el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), pero representa muy poco al lado de la Amazonía, que tiene más de 70 millones. Eso hace que esté menos visibilizado y reciba menos apoyo institucional y económico en términos de infraestructura (implementaciones productivas como piscigranjas, viveros, apoyo en construcción de establos, herramientas para la apicultura) y fortalecimiento de capacidades (capacitaciones en manejo de abejas, cabras, algarrobales). De ese ecosistema, Piura tiene el 65%, Lambayeque el 25% y Tumbes el 20%. Por ello, es necesario que las autoridades crucen las fronteras de sus regiones y trabajen en conjunto para poder atajar los límites y retos que la naturaleza impone.

Solo Piura tiene 160 comunidades campesinas, de las cuales 33 se encuentran en el bosque seco. Se trata de unas 40.000 familias que, en la mayoría de los casos, se dedica a la ganadería caprina, a la apicultura y al aprovechamiento de la algarroba.

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