El Gobierno ha presentado un modelo de reconstrucción con cambios que promete dejar atrás la costumbre de parchar o rellenar los huecos en las pistas, reconstruir viviendas ahí donde cayeron y regresar al statu quo. Sin embargo, la primacía de la infraestructura y la lógica de la urgencia no es suficiente.

Para evitar que las políticas perversas, el mercado precario y una sociedad civil desorganizada echen a perder puentes maravillosos, alcantarillados del primer mundo y carreteras de lujo, es importante reconocer que los actores del cambio son las personas. La reconstrucción debe enfocarse en su bienestar, sus comunidades, sus trabajos, su educación y salud, su seguridad y sus perspectivas a futuro.

El Perú no cuenta con la capacidad de investigación y análisis de políticas públicas que el reto demanda. Más aún, los planes que la Autoridad debe aprobar e implementar van a necesitar de apoyo técnico que brilla por su ausencia en las zonas afectadas. ¿De dónde van a sacar los Gobiernos locales las ideas y propuestas para reorganizar sus territorios? ¿Cuáles serán las fuentes de información y análisis para determinar el nuevo uso del suelo? ¿Podemos reconstruir el norte con ideas pensadas en Lima?

Se requiere de una comunidad de instituciones que la acompañe en el largo plazo. Que asesore, que recoja las inquietudes y las necesidades de la población, que le advierta de los problemas que enfrentan y de las opciones para resolverlos, que conserve informada e interesada a la población, que identifique las mejores prácticas nacionales e internacionales y recoja los elementos relevantes para la reconstrucción, que sirva de cantera para futuros funcionarios de la Autoridad y de los Gobiernos locales, que ofrezca una mirada independiente a las propuestas y a las acciones del Gobierno y que, entre otras cosas más, mantenga nuestra atención en el compromiso por reconstruir y cambiar al país.

Los centros de investigación sobre políticas públicas, muchas veces conocidos como think tanks, tienen tres cualidades principales. Primero, son actores o mecanismos muy efectivos para fortalecer las instituciones democráticas y de gobierno, ya que, en la búsqueda de políticas más y mejor informadas, pueden ayudar a reforzar la capacidad de pensamiento crítico y de gestión. Segundo, los mejores think tanks son capaces de conectar la investigación con la acción.

Finalmente, los centros de investigación cumplen roles como darle permanencia, en el largo plazo, a la política pública. Esto es necesario, ya que la Autoridad tiene un mandato inicial de tres años, un tiempo insuficiente para alcanzar los objetivos de la reconstrucción. Apenas se llegará a definir los planes y a resolver algunas de las necesidades más urgentes de la población. El reto durante estos tres años es determinar cuáles serán esos cambios. No podemos pretender conocerlos de antemano.

La reconstrucción con cambios y conocimiento no es inalcanzable. Tenemos tres de los ingredientes más importantes para la formación y el fortalecimiento de centros: financiamiento, demanda por conocimiento y recursos humanos.

El presupuesto para la reconstrucción aumenta con los días. En un principio se habló de 5.500 millones de soles. Solo el 5% de esto se destinara a la investigación y la evaluación de los planes y proyectos de reconstrucción, sería posible crear el think tank mejor financiado del Perú. Sería factible, incluso, financiar hasta a tres centros capaces de atraer a expertos de todo el Perú y de las mejores universidades y think tanks del mundo.

Hoy todos los cambios son posibles. Articularlos, priorizarlos, acompañar su ejecución y darle permanencia al esfuerzo en el largo plazo es una tarea compleja que requiere de instituciones avocadas a la generación de conocimiento para las políticas públicas.

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