Entrevista por Rolando Toledo, Teresa Cabrera y Iana Málaga

“Tengo un fuerte incentivo personal para que esta reconstrucción sea exitosa”, dice Pablo de la Flor. Su padre, nacido en 1925, es uno de esos piuranos que creció escuchando las historias del diluvio que ese año devastó la costa norte y su pueblo, actualmente el distrito La Unión, conocido como “el corazón del Bajo Piura”. Este verano, La Unión tuvo que suspender la tradicional entrega de premios a las comparsas que animan la yunza, el carnaval local. Las más de doscientas “sociedades yunceras” estuvieron de acuerdo con el municipio: el dinero debía usarse para preparar al pueblo para las lluvias. Aunque se hablaba de un “Niño débil”, la gente de La Unión desconfiaba. La destrucción que llegó a fines de marzo confirmó sus temores y estremeció el país entero, dejando una enorme lista de carencias, conflictos y retos, a los que el Gobierno quiere responder con una “reconstrucción con cambios”. Para ello fue designado Pablo de la Flor, exgerente del Banco de Crédito, exviceministro de Integración, Turismo y Negociaciones Comerciales Internacionales durante el gobierno de Alberto Fujimori y de Comercio Exterior y Turismo con la getión de Alejandro Toledo, periodo en el cual fue jefe de las negociaciones del Tratado de Libre Comecio con Estados Unidos. Apenas nombrado, viajó con el presidente Pedro Pablo Kuczynski a Piura y visitó La Unión. Allí, De la Flor se reunió con el alcalde, a quien le habló de su origen. “Usted no es piurano, usted es medio piurano —le dijo—. Si hace bien la reconstrucción, ya va a ser piurano cien por ciento”.

Como líder del proceso de reconstrucción, ¿cuáles son sus principales preocupaciones?

Una de las cosas que me quitan el sueño es la eventualidad de un fenómeno de El Niño. Ese es un imponderable, porque no lo controlas. Lo que sí puedo controlar es la priorización, el gasto en el fortalecimiento de defensas ribereñas y la descolmatación de los ríos. Otro riesgo, más ponderable, es la resistencia y la inercia burocrática del Estado. Tenemos que despercudir al funcionariado para aprovechar al máximo la flexibilidad que nos da la norma. Un tercer riesgo es la corrupción, que ha tocado muchos niveles de gobierno.

¿Y sus temores?

Tengo algunas facultades formales, pero dependo sobre todo de mi capacidad de persuadir, movilizar y liderar. Creo que voy a tener que apalancar ese poder blando para lograr que la administración pública avance al ritmo que la población desea. Para que esto no sea Forsur, necesitamos imprimirle una dinámica que el Estado peruano raras veces ha tenido.

¿Qué mecanismos ya conocidos por el Estado pueden ser de utilidad para la reconstrucción del tejido social?

Yo te diría que la dimensión más afín es el proceso de consulta e incorporación de los intereses de la población representada en la asociatividad existente en las regiones. Y la dinámica de las reuniones que hemos venido sosteniendo son asambleas con estos grupos organizados, donde tomamos nota y escuchamos. Hay una dimensión de captura de información, sugerencias y propuestas que guarda relación con esta preocupación respecto de la reconstrucción del tejido social. Es lo más cercano que puedo identificar.

Al asumir el cargo, declaró que la reconstrucción ha de ser un gran pacto contra la corrupción. El gobierno del presidente Kuczynski será evaluado a la luz de los resultados de la reconstrucción. ¿Qué es lo que hay que derrotar, además de la corrupción?

Yo diría que uno de los legados importantes sería inocularnos contra la improvisación. No podemos seguir dándonos el lujo de tener procesos de crecimiento urbano tan caóticos. Tenemos que ser más respetuosos de nuestro entorno y pensar en el largo plazo. El cerebro humano no está muy programado para pensar en el largo plazo, se tiende a minimizar consistentemente la probabilidad de un desastre, y esa mentalidad la debemos descartar, de forma tal que no necesitemos un policía vigilando para que alguien no construya una casa en una ribera, sino que el propio ciudadano diga: “Por ahí pasó el huaico la última vez; no voy a invertir mi escaso patrimonio en construir en ese lugar”. La reconstrucción con cambios, para ser exitosa, debería llevar a ese cambio de mentalidad.

Va a enfrentarse con poderes fácticos. Eso exige un ejercicio de poder y autoridad.

No tengo ningún problema en ejercer esa autoridad cuando deba hacerlo. Felizmente, la norma no es un instrumento lírico o poético. Tiene dientes, y dientes afilados. Esa norma morderá cuando tenga que morder. Esa será la autoridad que me corresponda ejercer, aunque a algunos no les guste.

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