Escribe
ESTEBAN BIGOTES
Periodista

La literatura científica no está completa. No están ahí, por ejemplo, la mayoría de plantas nativas del Perú que usaban tradicionalmente nuestros antepasados para curar trastornos mentales. Según describen los antiguos cronistas, los incas usaban un extracto de “flores de pupa” para curar la “melancolía”, como llamaban a lo que hoy se conoce como depresión. Molían las semillas de huairuro y las tomaban en chicha o en agua para que suspoderes los protegieran de los malos espíritus: los incas pensaban que una enfermedad era el resultado de una relación alterada con fuerzas sobrenaturales. Y no se sabe mucho más que eso. Por eso es que, en el 2004, Carla Gallo envió a un grupo de especialistas, conformado por etnobotánicos, psiquiatras y bioquímicos, a 102 localidades del Perú, distribuidas entre costa, sierra y selva, en busca de chamanes o sabios de comunidades nativas queles revelaran el secreto de estas plantas, con la finalidad de descubrir nuevos agentes terapéuticos. “No me esperaba que hubiera tanta concordancia entre lo que dice el curandero y lo que observas biológicamente”, sonríe Gallo.

Máster en Bioquímica y doctorada en Biología Molecular, Carla Gallo reconoce que es urgente hallar el modo de reducir los efectos secundarios de los psicofármacos en el tratamiento de trastornos mentales: el aumento de peso, el sueño en exceso, la pérdida de motricidad fina, la dificultad al hablar, las náuseas, los mareos. Desde su oficina en el Laboratorio de Investigación y Desarrollo (LID) de la Universidad Peruana Cayetano Heredia, dirige desde el año 2001 el área de Neurobiología Molecular, encargada de comprender los procesos esenciales del funcionamiento del sistema nervioso. Actualmente, Gallo y sus investigadores —un equipo de aproximadamente seis personas— cuentan con extractos de 477 colecciones de plantas, que corresponden a 265 especies de 87 familias distintas. De ellas, la mitad ha sido examinada con pruebas de comportamiento en ratones para validar su uso médico tradicional. Los resultados son reveladores: 157 extractos de plantas con potenciales actividades psicotrópicas. Desde antipsicóticos para quien padece de esquizofrenia, pasando por ansiolíticos para la ansiedad, hasta antidepresivos para la gente que se deprime.

El litio, la clorpromazina, la imipramina, el haloperidol y el diazepam surgieron como medicamentos comunes cuando se reveló, en la segunda mitad del siglo xx, que los trastornos mentales graves, en particular la esquizofrenia, tienen un alto componente genético. Estos, rápidamente, se convirtieron en un importante pilar del tratamiento psiquiátrico. Ahora diversos estudios sostienen que, si bien los genes son importantes en la detonación de enfermedades psiquiátricas, estos no son los únicos factores que influyen en su desarrollo.

El divorcio de nuestros padres. Una gripe que nos tuvo al borde del delirio. La muerte de un ser querido. Una travesura que casi nos costó la vida. La primera vez que consumimos una droga. Incluso algún evento traumático que experimentamos en el vientre de nuestra madre o en el momento del parto. Estos episodios —unos más traumáticos que otros— podrían “despertar” una falla preexistente en nuestros genes y detonar un trastorno mental. En otras partes del mundo, eso aún es materia de investigación. Para profundizar esta idea a sus alumnos de pregrado y posgrado, Carla Gallo —que tiene como otro de sus principales intereses averiguar el origen de estas enfermedades— se remonta a las primeras investigaciones con gemelos, que datan de 1928, en Alemania: los gemelos comparten el cien por ciento de la información genética, pero es posible que solo uno de ellos desarrolle una enfermedad de este tipo. “Las experiencias que vivimos a lo largo de nuestras vidas definen nuestras diferencias”, explica Gallo.

Si en algunos casos las vivencias personales pueden determinar una enfermedad mental, ¿pueden las experiencias de las civilizaciones pasadas marcar la diferencia en los tratamientos del futuro?

La Organización Mundial de la Salud, sopesando la posibilidad de que las próximas investigaciones determinen que las plantas, tal y como salen de la naturaleza, son más efectivas que un fármaco, creó en el 2006 la International Regulatory Cooperation for Herbal Medicines (IRCH), de la que el Perú es miembro. Hoy, el uso de la medicina tradicional para el tratamiento de estos males está llamando la atención de las casas farmacéuticas para el desarrollo de nuevos medicamentos. Es por ello que Carla Gallo no puede mencionar el nombre de las plantas con las que está trabajando.

Hasta la fecha, la bióloga molecular sostiene sus investigaciones con fondos que consiguió con mucho ingenio desde Estados Unidos en el año 2013. “Aquí en el Perú es realmente complicado hacer investigación: no hay una carrera de investigador ni un fondo nacional constante”, asegura. Recientemente ha recibido un fondo que le permitirá organizar un meeting. Y, a pesar de los 157 extractos con efectos psicotrópicos que ya tiene almacenados, siente que aún hay otras preguntas pendientes. El meeting llevará como título “¿Hacer neurociencia en un país como el nuestro es realmente una carrera?”.

Encuentra la revista Poder enquioscos, supermercados y librerías. Toda la información aquí: http://bit.ly/2nwW8cL