Augusto Escribens / Revista Asia Sur

Escribe: Mijail Mitrovic

Antropólogo

Al navegar por la obra de Johanna Hamann (Lima, 1954), una escultora central en el panorama artístico peruano, podríamos decir que el cuerpo es la principal figura que atraviesa su trabajo. Examinando más de cerca las casi cuatro décadas de su producción, sin embargo, conviene reflexionar sobre las continuidades y los quiebres por los que han transitado sus investigaciones, en la medida en que de aquellos cambios —siguiendo la curaduría de Sharon Lerner presentada el año pasado en el ICPNA— se desprenden al menos dos sentidos bastante diferenciados de la noción de cuerpo.

Al inicio, la artista lo explora como forma simbólica, aludiendo a la condición existencial del sujeto: cuerpos divididos, atravesados por otros cuerpos extraños —Hombre o Mujer de madera (1991), Máscara (1988-1991)—; cuerpos en distintas etapas del desarrollo humano —Niñoo Barrigas (1978-1983)—; o cuerpos en transición que prueban distintos materiales como vía expresiva  —Mujer de papel (1994)—. Pero también vemos la representación de los condicionamientos sociales con los que cargan los cuerpos femeninos, como en la exhibición El cuerpo blasonado (1997). Bajo este primer paradigma —acaso más cercano al expresionismo, y que el curador Jorge Villacorta calificó de sensual—, importa menos la correspondencia de las representaciones con la realidad física o natural que la forma en que estas construyen un universo expresivo particular: la mirada de Hamann, cargando sus experiencias y deseos, busca encarnarse en cada escultura y, desde el pedestal, interpelarnos.

La ruptura queda planteada con sus Botiquines (2001), donde entra en escena un universo de objetos médicos hasta entonces ausente, y que permite decir que la mirada de la artista se ha desplazado. Esa sensualidad inicial entra en confrontación con una mirada analítica que abrirá una pregunta por la poética de las formas científicas. Sobre todo desde la exposición Cuerpo, frágil refugio (2002), Hamann se orientará hacia el problema de la representación científica del cuerpo, discutiendo la Enciclopedia francesa y la obra del médico español Santiago Ramón y Cajal (1852-1934), quien dedicó su vida a la representación del sistema nervioso. En Las seis capas de la corteza cerebral y Transmisiones neuronales (2013), pasando por Libro (2006) y Estudio de las arterias cerebrales (2005), la artista indagará en la figuración del sistema interno que articula al cuerpo. Como dijo alguna vez, aquí no se trata tanto de una expresión personal como de la búsqueda de una imagen precisa que capture la estructura del cuerpo y que permita introducirse, literalmente, en los sistemas que lo configuran materialmente y que, visto desde fuera, esconde.

La obra de Hamann muestra una exploración del cuerpo que atraviesa progresivamente la imagen externa del mismo, para luego —y desde dentro— confrontar una pregunta central: ¿cómo dar cuenta de la materialidad sobre la que se monta la subjetividad? Aquí podemos arriesgar una idea que atraviesa al conjunto entero de su trabajo, y es, como la llamó ella misma en algún momento, la espiritualización de la materia, otra forma de nombrar el proceso que lleva a que un cuerpo, finalmente, se convierta en sujeto.

Cuerpo I (opresión)
1995-1996
Cera de abeja
170 x 124 x 123 cm
Colección de la artista
Foto: Juan Pablo Murrugarra

Cuerpo II (libertad)
1994-1997
Madera de olivo
250 x 190 x 90 cm
Colección de la artista
Foto: Juan Pablo Murrugarra


Sistema regular IV
2001
Fierro recortado
150 x 99 cm
Colección de la artista
Foto: Alicia Benavides


Botiquines
2001
Técnica mixta
Foto: Juan Pablo Murrugarra


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