Santiago Rosero

Escribe: Santiago Rosero

Periodista 

El camino recorrido por un científico de alto nivel podría evaluarse por el número de siglas que se incluyen en sus datos de presentación. Al neuropsicólogo francés Francis Eustache, de 61 años, le acompañan las correspondientes a cinco institucionesde renombre dedicadas a la investigación de la salud. La vida de Eustache está completamente entregada a la ciencia. A la ciencia y la memoria. Y, ahora mismo, a la memoria del terror.

Tras una carrera de casi cuatro décadas caracterizada por vincular perspectivas diversas a sus fundamentos de psicólogo, parecía evidente que Eustache se convirtiera en uno de los directores (el otro es el historiador Denis Peschanski) de un estudio que, por su enfoque transdisciplinario y su amplitud, constituye una primicia mundial. El programa 13-Novembre es un colosal proyecto creado para analizar la construcción y la evolución de la memoria individual y colectiva tras los atentados ocurridos en París el 13 de noviembre del 2015. Esa noche, tres comandos de islamistas radicales atacaron simultáneamente en el Stade de France, en la sala de conciertos Bataclan y en varios cafés de los distritos 10 y 11. El saldo oficial de víctimas fue de 130 fallecidos y más de 400 heridos.

El programa 13-Novembre trabajará con mil voluntarios en sesiones de entrevistas filmadas y de diversos análisis sociales y científicos repartidos en cuatro etapas a lo largo de una década (en los años 2016,2018, 2021 y 2026). Las mil personas participantes provienen de cuatro segmentos poblacionales: sobrevivientes, sus familiares y amigos, y las fuerzas del orden que intervinieron en los rescates; habitantes de los barrios donde se dieron los ataques; habitantes de los suburbios de París; y habitantes de otras tres ciudades. De esas mil personas, 180 se someterán, además, a exámenes IRM (imágenes por resonancia magnética) para analizar el nivel de resistencia a los recuerdos de los atentados. Entre la veintena de instituciones que apoyan el programa se encuentran varias que figuran en la cúspide de la investigación en Francia, como el Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) y el Institut National de la Santé et de la Recherche Médicale (Inserm). Participarán alrededor de 300 profesionales de ocho disciplinas (neurociencias, sociología,historia, derecho, matemáticas, salud pública, ética y textometría). El presupuesto previsto alcanza los 20 millones de euros, de los cuales dos han permitido arrancar la primera etapa.

Francis Eustache hizo su bachillerato en filosofía y su licenciatura en psicología. Logró que ambos intereses convergieran cuando ingresó, con el aval de estudios hechos en París y Caen (ciudad a dos horas al oeste de París), en el campo de la neuropsicología, la disciplina que estudia los efectos que una lesión o un funcionamiento anómalo pueden tener en los procesos cognitivos, psicológicos y emocionales del ser humano. Se inició como neuropsicólogo generalista, trabajando con pacientes afásicos, agnósicos o con alzhéimer, pero finalmente encontró su campo deinterés en el estudio de la memoria. Ahí logró conciliar un trabajo netamente científico con aspectos incluso biológicos, como las técnicas para realizar imaginería cerebral, con reflexiones teóricas que iban de la psicología a la ética. Ese camino lo llevó a dirigir en la Universidad Caen Normandie, a partir del 2002, la Unidad de Investigación sobre Neuropsicología e Imaginería de la Memoria Humana, que reúne el trabajo de 100 investigadores. 13-Novembre constituye el punto más álgido de su carrera.

Cuando Eustache trabaja en su despacho (un modelo de orden y pulcritud) en la Facultad de Medicina de la Universidad Caen Normandie, sus días empiezan a las seis y media de la mañana y terminan a las ocho de la noche. En ocasiones, se da media hora para almorzar un menú completo en el restaurante universitario; a veces, diez minutos para comer un sándwich en la cafetería de la facultad. Cuando no se encuentra en Caen —una o dos veces por semana—, puede estar en París dando una conferencia, haciendo una presentación, afinando la nueva etapa de un proyecto.Y, pese a que lleva ese ritmo desde hace años, asegura no sentirse agotado. “Nomás que cualquier otro profesional”, dice Eustache en su oficina una tarde fría a inicios de marzo. Por las noches, el neuropsicólogo intenta desconectarse de todo, y a veces lo logra: “sobre todo cuando me visitan mis nietos”. También se distrae, aunque sin alejarse del terreno de la realidad, cuando lee periódicos para estar al tanto de la actualidad. Hace mucho que perdió la costumbre de evadirse a través del cine o la literatura. La falta de tiempo engendra la falta de costumbre.

Eustache conoció hace diez años al historiador Denis Peschanski, con quien ahora comparte la dirección del programa 13-Novembre. En ese entonces, ambos iniciaron un trabajo sobre la relación entre la memoria individual y la memoria colectiva a partir de la Segunda Guerra Mundial. Luego entablaron relación con William Hirst, un colega estadounidense que durante 10 años había trabajado recopilando testimonios de personas que vivieron los atentados del 11 de septiembre en Nueva York. “Con esa base construimos algo que nos parecía importante e innovador, un programa en los confines de las neurociencias y las ciencias humanas y sociales, pero que estaba todavía en el plano teórico”, recuerda.

Al ocurrir los atentados del 13 de noviembre en París, Eustache y Peschanski comprendieron que estaban ante “un evento mayor”, que ameritaba la aplicación del programa.

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