El anuncio de Donald Trump de retirar a EEUU del Acuerdo Transpacífico (TPP), como una de las primeras medidas de su mandato, que se inicia el 20 de enero próximo, parece ser la estocada final a este pacto comercial que impulsó y suscribió su antecesor Barack Obama, junto a otros 11 países, sin incluir a China.

El TPP, que aún debe ser ratificado por los congresos de los países firmantes, en donde hay serias resistencias civiles porque alegan que se le da un poder desmedido al corporativismo multinacional, no era un acuerdo de libre comercio cualquiera para EEUU. Era un elemento clave de la política exterior de Obama, para reforzar su relación con los países del Asia-Pacífico y hacerle frente a la creciente influencia de China, la segunda economía mundial, en esta región.

Ahora, con el anuncio de Trump y el vuelco proteccionista que le daría a la primera economía del mundo, el tablero geopolítico cambiaría y Pekín está moviendo sus fichas rápido para ocupar los espacios que dejaría Washington.  De hecho, mientras las dudas sobre la viabilidad del TPP sin EEUU crecen, ganan respaldo acuerdos comerciales alternativos que tienen en China al principal jugador regional, como la Asociación Económica Regional Integral (RCEP) o la zona de libre comercio en Asia-Pacífico (FTAAP).

Incluso, en la última Cumbre del APEC que se realizó en Lima el último fin de semana, los líderes de las 21 economías de este bloque, que incluye a EEUU y representa el 54% del PBI mundial y el 50,3% de las exportaciones globales, acordaron promover el FTAAP como una alternativa al agonizante TPP, y le mandaron un claro mensaje a Trump: que impulsarán el libre comercio con o sin él

El presidente de China, Xi Jinping, aprovechó su gira por Latinoamérica, que incluyó su participación en la Cumbre APEC, para posicionar a su país como el gran promotor del libre comercio en la región del Asia-Pacífico. Y lo cierto es que su mensaje ha calado, al punto de que país asiáticos como Singapur, Vietnam y Malasia, todos estos parte del TPP, anunciaron que iban a concentrar sus esfuerzos en respaldar las iniciativas impulsadas por Pekín.

Este escenario contrarresta el escepticismo que hay en EEUU y Europa, donde está ganando terreno una corriente populista y proteccionista. "Esta es una buena oportunidad para que China adquiera más poder en el escenario global, partiendo por la economía, y tenga una voz más importante", sostiene Zhou Zhengfang, profesor de Economía de la universidad de Renmin, citado por el Wall Street Journal. 

"EEUU, Europa y otras economías desarrolladas han sido las principales fuerzas conductoras de la globalización en los últimos años, pero ahora China y otros países en desarrollo y economías emergentes pueden convertirse en importantes impulsores", resalta por su lado Song Guoyou, profesor de la universidad Fudan de Shangái.

Y si bien aún no se sabe hasta qué extremos llegará Trump, lo que importa es si el proteccionismo y el populismo nacionalista se vuelven una tendencia de disrupción de las relaciones comerciales en el tablero global, explica Derek Scissors, experto del American Enterprise Institute, quien está abocado al estudio de China.