Hoy empieza la segunda semana de negociaciones de la Cumbre de Naciones Unidas para el Cambio Climático (COP22), que se desarrolla en Marruecos desde el 7 de noviembre. La llamada cumbre de la implementación del Acuerdo de París, convenio firmado en diciembre pasado durante la COP21 y suscrito en abril último en Nueva York, tiene como uno de sus retos influir en los países participantes para que se comprometan a favor de una economía de bajo carbono.


Los más optimistas esperan que se avance en la cuestión del financiamiento climático, sobre todo en cuanto a combinar proyectos financiables con fondos climáticos y movilizar la financiación del sector privado para aprovechar el dinero público.


Desde la COP21 hasta lo que va de la presente convención, más de 90 países han pasado de las contribuciones nacionales previstas (INDC) a las contribuciones nacionales determinadas (CND). Aparentemente estaríamos ante un compromiso por abordar el cambio climático.


No obstante que en las recientes COP se ha hablado con mayor énfasis de tener un crecimiento económico y desarrollo protegiendo los recursos naturales, aún hay dudas. De hecho, hay inversionistas que se preguntan si no es demasiado arriesgado financiar proyectos sostenibles. No consideran que invertir en energías fósiles es más riesgoso. ¿El reciente triunfo de Donald Trump en Estados Unidos irá contra la corriente verde en tanto él ha declarado que no cree en el cambio climático? ¿O acaso se dará cuenta de que invertir en la lucha contra el cambio climático también es rentable?


Desde la COP20, que se llevó a cabo en Lima en diciembre de 2014, diversas investigaciones científicas han alertado sobre los efectos del cambio climático y la urgencia de enfrentarlos. Un reciente informe de la London School of Economics y del Centro Granthan de Investigación del Cambio Climático del Reino Unido, publicado en la revista Nature Climate Change, advirtió que el cambio climático podría afectar a la economía mundial: US$24,2 billones en activos financieros globales.


¿Qué debe ocurrir para que esta advertencia tenga resonancia? No bastan las convenciones climáticas ni los estudios científicos, tampoco documentales como Before the flood, el reciente lanzamiento de Leonardo DiCaprio. La organización Asset Owners Disclosure Project, que evalúa anualmente el compromiso ambiental de los 500 inversionistas mundiales de mayor tamaño, acaba de informar que el 50% de ellos no toma en cuenta el cambio climático. Mucho menos piensan que sus activos puedan correr peligro.

Negocio verde


A lo largo del año ha habido muchos eventos que han debatido sobre los efectos del calentamiento global. Europa es la región de avanzada en este aspecto, y tanto gobernantes como inversionistas consideran que el sector empresarial debe cumplir un papel más proactivo, en especial en temas de adaptación y resiliencia en las comunidades donde operan.


La adaptación al cambio climático debe ser un modelo de negocio, dicen los expertos. De hecho, actualmente en Marrakesh se señala que el cambio climático abre nuevas opciones a las empresas. En paralelo, se investiga sobre los beneficios de una economía baja en carbono. Hay quienes consideran que los mercados de carbono, habilitados por un precio del carbono robusto, pueden impulsar la innovación en soluciones de bajas emisiones de carbono y las inversiones en eficiencia energética y energías limpias.


Los mecanismos de financiación constituyen uno de los retos mayores de la COP22, pues se espera trazar una hoja de ruta de US$100.000 millones prometidos por los gobiernos hacia 2020. Aunque estos fondos serán insuficientes.


En Perú es incipiente el modelo verde. De hecho el gobierno anterior, con la iniciativa del Ministerio del Ambiente, estimuló a gobiernos locales y empresarios a pensar en el desarrollo sostenible. Este gobierno también considera medidas en favor del medio ambiente, esperemos que las próximas medidas económicas no consideren un 'paquetazo ambiental'.