La sede de Wall Street en Nueva York. (El País)

La incertidumbre de los mercados normalmente sube en los años electorales y alcanza su apogeo cerca de la votación para elegir un nuevo gobierno. Es una tendencia en casi todo el mundo. Pero las elecciones en EEUU, que este martes llegan a su fin, han puesto especialmente los nervios de punta a los inversionistas, no solo por a la impredecibilidad para conocer la identidad del próximo ocupante de la Casa Blanca, sino también porque los dos candidatos con chances de ganar,  Hillary Clinton y Donald Trump, representan dos propuesta totalmente antagónicas.

Nunca antes en comicios estadounidenses pasados, salvo algunos matices programáticos entre los candidatos, se temía que, gane quien gane, la primera potencia mundial sufriría un cambio radical de rumbo, como podría suceder ahora ante un eventual triunfo de Trump. De ahí viene el nerviosismo y volatilidad que mostraron los mercados en las últimas semanas, sobre todo en Wall Street, que operó en rojo durante varios días.

El punto de inflexión en la campaña estadounidense lo marcó el FBI, con el anuncio de que reabría la investigación a Clinton sobre el caso de los correos electrónicos, a lo que se sumaron algunas encuestas que ponían adelante al magnate neoyorquino. El nerviosismo se calmó un poco el último domingo, cuando la misma agencia exoneraba a la candidata demócrata. El efecto fue inmediato. Las ganancias regresaron el lunes al parqué neoyorquino y los mercados se empezaron a estabilizar. De hecho, el Dow Jones, su principal indicador, cerró en azul (ganó 0,40%) este martes, el día de elección en EEUU, tras abrir a la baja en una sesión volátil. La tendencia que se replicó en los mercados de América Latina. 

Es un claro mensaje de que los inversores prefieren a la experimentaba Clinton, quien ofrece predictibilidad, frente a Trump, su rival republicano, quien es una incógnita, pero infunde temor con su discurso populista, errático y proteccionista. Pero algunos analistas del mercado consideran que decir que Wall Street da por hecho una victoria demócrata es pecar de optimistas; por el contrario, creen que tras las ganancias en la plaza bursátil estadounidense estaría la voluntad de construir un "colchón" por si todo se derrumba.

Además, los economistas sostienen que esta clase de incertidumbre política puede perjudicar la economía al generar un entorno donde prima la cautela y las empresas aplazan sus inversiones y contrataciones, incluso una vez que se sepa la identidad del próximo ocupante de la Casa Blanca, según señala un artículo de The Wall Street Journal:

"Las divisiones podrían entorpecer el funcionamiento del Congreso y los partidos políticos estadounidenses. El próximo presidente podría tener problemas para armar su gabinete o sacar adelante su agenda luego de una elección donde las propuestas específicas brillaron por su ausencia".