En octubre, la Revista PODER y la plataforma On Think Tanks celebran el cuarto Premio PODER al Think Tank del Año. ¿Cuál es la importancia de los think tanks o centros de investigación? ¿Por qué dedicarles un premio? ¿Cómo apoyarlos?

La investigación es muchas veces vista como lo opuesto a la acción. ¿No es mejor construir, crear empleos, exportar? Si queremos luchar contra la pobreza, ¿no es mejor distribuir alimentos, construir viviendas, ofrecer microcréditos, defender los derechos de los más vulnerables? Pero esto requiere otras preguntas: ¿dónde construir una carretera? ¿En qué sectores crear empleos? ¿Cómo fomentar la exportación? ¿Qué alimentos son los más adecuados para combatir la desnutrición? ¿Cómo satisfacer la demanda de viviendas? Todas estas interrogantes necesitan de estudios realizados por centros o institutos de investigación sobre políticas públicas (en inglés, think tanks). 

Para quienes están interesados e impacientes por apoyar el desarrollo del país, puede resultar más atractivo construir un colegio, donar frazadas o hacer colectas después de algún desastre natural. El impacto es inmediato y fácil de observar. La investigación, en cambio, toma tiempo y puede ser o no relevante de inmediato para la política y para los problemas del país. Más aún, la comunicación de los argumentos e ideas que emergen de los estudios transitan caminos inesperados a través de la academia, los medios, los debates técnicos y los esfuerzos de incidencia, que son imposibles de predecir. Pero la investigación es la mejor garantía que tenemos para que la acción sea adecuada y que los recursos públicos —y privados— se inviertan de la manera más económica, eficiente y efectiva.

Canteras de ideas y personas 

Los think tank cumplen otras funciones además de la producción de propuestas: cuidan y protegen ideas, crean y facilitan redes y comunidades de conocimiento, ayudan a identificar problemas y, en el Perú, son una cantera de futuros políticos y decisores. 

Démosle una mirada al primer gabinete del gobierno del presidente Kuczynski. El primer ministro Zavala tiene entre sus colegas a siete exinvestigadores de centros de investigación o think tanks: Jaime Saavedra (GRADE), Elsa Galarza (Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, CIUP), Patricia García (Universidad Cayetano Heredia), Alfonso Grados (Instituto Libertad y Democracia), Gonzalo Tamayo (Macroconsult), Ana María Romero (Centro Global para la Democracia), Jorge Nieto (Centro Internacional para la Cultura Democrática).

No olvidemos que la segunda vicepresidenta, Mercedes Aráoz, fue investigadora del CIUP.  Y esta lista no toma en cuenta a los miembros de las comisiones de transferencia ni a los viceministros, especialistas y asesores que están poblando los ministerios. Muchos de ellos deben de haber pasado por un think tank peruano o extranjero en algún momento de sus carreras y seguramente regresarán a uno al culminar su paso por el Estado, para reflexionar sobre su tiempo en el sector público, revisar sus supuestos, retomar algunos proyectos y desarrollar nuevas ideas y propuestas de política pública.

Una oportunidad inmejorable

Los próximos cinco años presentan una oportunidad inmejorable. Se trata de un Gobierno tecnocrático, un sector privado como nunca antes interesado en la innovación y el conocimiento, una academia y un sector de investigación más enganchado que nunca con la política. Se necesita convertir todo ello en nuevas instituciones que financien y lleven a cabo investigaciones y que preparen a las próximas generaciones de investigadores.

El desarrollo de centros de investigación o think tanks requerirá una política nacional que cuente con el apoyo del sector público, el compromiso del sector privado y la participación de la sociedad civil. Pero, sobre todo, requerirá darle, en los debates de políticas públicas, un rol central a las evidencias concretas de los problemas que se buscan resolver.