Ilusración: Rocío Pardo
En abril de este año terminó el Festival Internacional de Poesía de Lima para dar paso a la Bienal de Novela Mario Vargas Llosa mientras, a la par, se realizaban hasta dos eventos dedicados al jazz, en el distrito de Barranco se programaban visitas libres a los estudios de artistas, la Cámara Peruana del Libro organizaba el primer Festival del Libro y las Ideas, ArtLima llevaba a cabo su cuarta edición. Días ajetreados para la cultura en Lima. Sin embargo, una mirada a la oferta de festivales artístico-culturales en los últimos doce meses sugiere que no se trataba de una excepción, sino de una agenda activa en la que un 25% ha aparecido para intentar mantenerse y casi un 40% está consolidado, en algunos casos hasta con más de tres décadas de existencia. 


Definir lo que es un festival entre las diversas etiquetas con las cuales se le puede nombrar –“encuentro”, “semana de…” o algún título particular– es una tarea arbitraria. En este caso, se ha considerado como festival al día o conjunto de días durante los que se convoca a distintos artistas nacionales o internacionales para ofrecer una serie de representaciones dedicadas a un arte, que ha realizado o aspira a realizar distintas ediciones, y que permite esbozar una agenda artística anual de Lima. 

La misma carencia de objetividad recae sobre lo que es “cultural” o no. Aquí nos hemos restringido al campo de la música, las letras, la plástica (pintura, fotografía, escultura), las artes escénicas (teatro, danza, performances), el cine (largometrajes, cortometrajes, documentales) y el diseño (la moda y el diseño gráfico).


En el último año, la sección “Luces”, del diario El Comercio, registró alrededor de 140 festivales artísticos. Dicho periódico es el único medio impreso que cuenta con un suplemento diario enfocado en la cultura y el espectáculo. La data recogida configura solo una muestra del potencial cultural de la capital, debido a que la capacidad de cobertura de un medio siempre es finita y responde a los intereses del público objetivo del medio.


En solo un mes puede llegar a haber 19 festivales artístico-culturales en Lima. Así sucedió en noviembre del 2015, el mes en que se concretó cerca del 14% de los festivales realizados entre mayo del 2015 y abril de este año. Los de noviembre fueron días dedicados a conocer una mirada alterna a la literatura que se estudia en las universidades; realizadores cinematográficos independientes de otras partes del mundo; danzantes que escapan a los formatos tradicionales; propuestas de vanguardia en el arte sonoro latinoamericano, u otras internacionales, de títeres para adultos, por mencionar solo algunos. 


De los 139 festivales contabilizados, más de la mitad (54%) ofrecieron una programación netamente gratuita, a los que se suma un 4% que, de manera paralela a una oferta con costo, presentaba otra de ingreso libre. Además, entre los que tienen costo, el 63% no pasa de los 25 soles. El 22%, incluso, no supera los 10 soles. 


Buena parte de la oferta de los últimos 12 meses es nueva. Poco más del 25% ha llevado a cabo recién la primera edición, 10% la segunda y 27% está entre la edición tercera y la quinta. Solo el 37% ha alcanzado hasta ahora seis o más ediciones. Entre los más antiguos se encuentran el XXX Festival Internacional de Flautistas, el XXVII Festival Internacional de Danza Nueva, el XXI Encuentro Andanzas, el XXVII Festival de Cine Europeo, la 43 Semana Cultural del Japón, el 43 Salón Nacional de acuarela, la 36 Feria del Libro Ricardo Palma, el XVII Festival Internacional de Guitarra y el XXVI Festival Jazz en Lima. 


Si bien la distribución anual de los 140 genera que incluso en los meses de menor oferta haya hasta siete festivales, casi el 24% de ellos dura un solo día. Sucede esto principalmente con los dedicados a la música, que consisten en largas jornadas de conciertos, como el Festival Cultura Libre, el Lima Metal Fest o Vivo x el Rock. Un 46% puede llegar a durar a una semana, lo más recurrente; y solo el 18% alcanza hasta 15 días de duración. Un 11,5% supera la programación de dos semanas, entre los que se encuentran los eventos más conocidos, como el Festival Saliendo de la Caja, la Feria Internacional del Libro o la Feria del Libro Ricardo Palma.

La oferta existe, pero desarticulada. El Centro Cultural de España, el Instituto Peruano Norteamericano o la Asociación Peruano Japonesa, entre otras pocas instituciones, cobijan bajo sus gestiones diversos festivales al año, pero el resto se trata de iniciativas aisladas sin un horizonte común. No existe, por ejemplo, un registro de esta información en el Ministerio de Cultura. Este potencial cultural pervive en la cobertura parcial que alcanzan a desarrollar los medios de comunicación en sus secciones de ocio o cultura o en agendas de eventos en blogs y redes sociales. 

Son pocos los casos que cuentan con un archivo de sus ediciones. Algunas excepciones son las webs del Festival Transcinema, Al Este de Lima o Pura Calle. Son más los casos en los que la información solamente queda guardada en eventos creados en las redes sociales o en menciones muy puntuales en las agendas culturales. Aunque desperdigada y difícil de reunir, la agenda cultural anual de Lima existe.

Debido al trabajo en red y al interés de los Gobiernos, ciudades como Buenos Aires o Bogotá han sabido hacer de su movida artística un elemento importante de su identidad. La diferencia cuantitativa con Buenos Aires es grande: mientras la capital argentina cuenta, por ejemplo, con 190 salas de teatro, en Lima tan solo hay 40. Pero el caso de caso de Bogotá, con 45 salas, demuestra que no es necesario una oferta de grandes magnitudes para hacerla visible. En Lima la falta de articulación hace aun menos evidente la oferta existente y minimiza un potencial por explotar. 

Como muestran algunos esfuerzos aislados, podría no ser así. El programa Cultura Viva Comunitaria de la anterior gestión de la Municipalidad de Lima logró, por ejemplo, crear una base de datos de organizaciones de cultura viva comunitaria y propiciar su articulación a través de talleres, seminarios y festivales. El programa Puntos de Cultura del Ministerio de Cultura también busca fortalecer la capacidad de gestión y articulación de las organizaciones culturales que buscan aportar a la construcción de ciudadanía. Otros ejemplos desde la sociedad civil son la Red de Artistas Barranquinos, cuyo objetivo es articular a los artistas y gestores culturales del distrito para trabajar de manera conjunta, o la Red Cultural de San Juan de Lurigancho, que tiene como meta la cooperación, coordinación e integración de los artistas y gestores del distrito. ¿Es posible aspirar a que esto se dé en una escala que abarque toda la capital y entre instituciones privadas de distinta envergadura?

(Publicado originalmente en la edición impresa del mes de junio, 2016)
Tags:

Cultura