Foto: Andina.
No es fácil lograr el beneplácito de todos los sectores en un discurso como el del premier Fernando Zavala, cuyo fin es conseguir el voto de confianza para su gabinete en un Congreso dominado por la oposición, refiere el director de la Maestría en Gestión Pública de la Universidad del Pacífico, Carlos Oliva. Para el también exviceministro de Hacienda, exdirector del Banco Central de Reserva y exconsultor del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), si bien las metas planteadas son ambiciosas, es positivo que un Gobierno apueste a ganador. Sin embargo, hubieron vacíos, como la reforma laboral, y riesgos, como en el tema tributario. A continuación, su análisis de las metas del nuevo gobierno.



¿Qué tema relevante no se llegó a abordar en el discurso del premier Fernando Zavala?

Faltó una posición clara sobre todo lo que es el mercado laboral, tanto el público como el privado. Es necesario que el Gobierno diga de una vez por todas qué medidas va a tomar en ambos ámbitos. En el lado privado, creo que es necesario flexibilizar el mercado laboral, eso es un reto que tenemos que afrontar y espero que este Gobierno sea capaz de proponer medidas en esa línea. Los llamados sobrecostos no me parecen tan importantes como sí lo es la flexibilización para dinamizar el empleo. En el lado público, tengo entendido que el premier ha indicado que va a revisar en qué estado está la implementación de la Ley Servir. En este aspecto, urge una muestra firme y rápida sobre la continuidad de esta reforma, que es estructural y, en realidad, es una de las reformas más importantes de los últimos 10 años. La gestión pasada dio la Ley, pero lamentablemente no pudo avanzar en su puesta en marcha. Si esto no se hace, todas estas grandes ideas que se tienen de destrabe de inversiones no van a poder ver la luz por falta de capital humano.

La flexibilización del mercado laboral es un pedido recurrente en el sector empresarial, ¿qué implicaría?

Me refiero a reducir los costos de contratar y despedir a la gente. Ahora, por una serie de resoluciones del Tribunal Constitucional y el Poder Judicial, es muy difícil despedir a un trabajador. Una persona puede llegar ebria a trabajar o simplemente no rinde y no puedes ponerle fin a su contrato. Esto hace que el mismo empresario sea reacio a contratar. El marco legal impide que el mercado laboral sea más dinámico, que haya movilidad y competencia, factores que son buenos para la economía. Pero mientras, se den fallos que obliguen a reponer personas, habrá más informalidad.

El ministro de Trabajo ha hablado de un código laboral que integre toda la legislación, ¿es factible?, ¿por qué, por ejemplo, el gobierno anterior no logró dar la ley general del sector?

Es un tema político. Hay congresistas que creen en la estabilidad laboral, que cuando uno ingresa a un puesto de trabajo debe quedarse hasta que por sí mismo decida irse. Por ello, tratar de hacer estas reformas siempre ha sido complejo. Políticamente, no es rentable, vas a tener a muchos gremios quejándose. Este gobierno está empezando, pero debe hacer un esfuerzo para lograr un consenso, negociar, dejar claramente establecido que los beneficios laborales no se van a tocar para sacar adelante la flexibilización de las normas. Eso sí, si hay despidos por temas como discriminación, esto debería sancionarse.

Ahora, viendo la correlación política en el Legislativo va a ser difícil que esto se pueda lograrse pues tienen que sentarse a conversar Peruanos por el Kambio (PPK) y Fuerza Popular, y una vez que lleguen a un acuerdo, llevarlo al Consejo Nacional de Trabajo. Algo se podrá avanzar. Tenemos que ir en esa dirección. Solo así se alcanzarán los objetivos de formalización del gabinete Zavala. Atacando únicamente la parte tributaria, sin mirar el mercado laboral, se obtendrá un impacto marginal.


Se han anunciado facilidades tributarias y simplificación de regímenes de pago de impuestos para las pyme, ¿cómo impactarán en la economía?

Hay muchísimo por hacer en el marco tributario, así que hay espacio para avanzar. De la única medida que he escuchado precisiones es la baja del IGV, sobre el resto hay buenos deseos y el diablo está en los detalles. Sin embargo, el riesgo principal está en que tanto PPK, desde el Ejecutivo, como la bancada fujimorista, desde el Parlamento, tienen sus propios planes tributarios que quiere implantar. Eso sí sería catastrófico para el país, que por un lado salgan leyes del Congreso y por el otro, que se emita un paquete tributario desde el Gabinete. Esto daría lugar a un caos total en el sistema tributario. En este particular, es imprescindible que se sienten y que conversen para llegar a una propuesta consensuada para el bien de la nación. Hay buenas ideas en ambos lados. El IGV justo de Fuerza Popular, por ejemplo, es razonable, pero habría que ver con la Sunat si tiene el sistema operativo para llevarlo a cabo.

El gobierno planea reducir el IGV y, a la vez, anuncia grandes inversiones y mayor presupuesto en educación, salud, entre otros sectores. La bancada fujimorista le ha recordado al premier que el déficit fiscal ya supera el 3%.

El tema fiscal es sumamente complicado y al escuchar las propuestas uno se da cuenta que esto no cierra por ningún lado. Por un lado, hay medidas para reducir impuestos y, por el otro, para aumentar el gasto. El déficit fiscal en julio ya estaba en 3,3% del PBI, un poco más allá del tope que debemos permitirnos como país. Entiendo que el Gobierno de PPK ha prometido prudencia fiscal, incluso se está planteando reducir la meta del déficit para el próximo año. Entonces, lo que va a pasar es que muchas de las promesas que se han hecho, van a tener que incumplirse definitivamente. O van a desistir de bajar impuestos o van a moderar los aumentos que han ofrecido en la policía, las fuerzas armadas, en salud y en educación.

Algunos congresistas consideran que muchas de estas metas son ambiciosas, ¿coincide con ellos?

Definitivamente, son ambiciosas, sobre todo en el tema del agua. En el área urbana podría alcanzarse la meta, pero en las zonas rurales, con la población dispersa que se tiene, va a ser bien difícil. En lo que respecta a la reducción de la pobreza al 15%, vamos a tener que crecer 6% todos los años. Pero está bien que el Gobierno se plantee objetivos ambiciosos y que cada año se evalúe cómo va el cumplimiento, que los ministros vayan a sus respectivas comisiones al Congreso a dar explicaciones. El único inconveniente que podría haber es que se generen demasiadas expectativas y que después, si no se cumplen las metas, todo se revierta y se metan un autogol. Sin embargo, es el riesgo que toma un gobernante, tiene que apostar por ir a ganador.