Foto: Andina.
Más de 650 líderes de universidades e institutos, públicos y privados, de todo el país, se reunirán en la Escuela Naval del Perú para participar de la CADE Universitaria 2016, actividad que se llevará a cabo entre el 29 de junio y 2 de julio. El objetivo, según los organizadores, es promover la reflexión y la acción en los jóvenes sobre los desafíos y oportunidades del país. Para ello, accederán a una serie de paneles y exposiciones, a cargo de expertos. Uno de ellos es Pablo de la Flor, exviceministro de Comercio Exterior, exvicepresidente de Asuntos Corporativos de Antamina, actual gerente de Asuntos Corporativos del BCP y segundo vicepresidente de IPAE Acción Empresarial. En la siguiente entrevista, el ejecutivo resume la problemática que este grupo de la población enfrenta ante la deficiente oferta educativa y los retos que esto representa para la sociedad.


Estamos ante una nueva generación de jóvenes, con un rol más activo en la sociedad, que incluso tuvo un rol decisivo en las recientes elecciones, ¿cómo se percibe este panorama desde las empresas?
El voto joven fue crucial para definir estas elecciones y creo que, felizmente, vemos una renovación en todos los aspectos de la vida peruana, no solamente en la política, sino también en la acción social, en la presencia cada vez más visible de jóvenes con roles de liderazgo en las empresas. Estamos frente a un proceso muy significativo de transformación, producto de la nueva pirámide demográfica que el país tiene ahora.


Son jóvenes que también se están volviendo más exigentes como consumidores respecto de los productos y servicios que demandan.
Son un reto en general, pero también una oportunidad y una esperanza. Representan una renovación del país en todos sus ámbitos y envergaduras, muy importante. En el ámbito educativo, por ejemplo, hemos visto  la necesidad de lograr un mejor encaje entre la oferta y la demanda. Esto va a ir cobrando mayor relevancia en el trascurso del tiempo. Hay iniciativas interesantes como 'Ponte en carrera', que es una plataforma de trabajo público-privada, en la que participan los ministerios de Trabajo, Educación e IPAE Acción Empresarial, que busca presentar información fidedigna respecto de los niveles salariales de los graduados por carrera y por universidad. Se trata de una herramienta innovadora que hace uso de la tecnología para cerrar las brechas informativas que hay sobre el tema educativo, que es de especial preocupación para los jóvenes.

No todos los jóvenes del país acceden a este tipo de información y terminan estudiando una carrera que no les permite luego insertarse en el mercado laboral.
La decisión de qué estudiar y dónde estudiar es una de las más importantes que enfrentan los jóvenes en su vida. Sabemos que la inversión en educación, cuando está bien dirigida, puede ser una apuesta familiar muy rentable. La tasa de retorno a la educación es de alrededor del 13% al año, supremamente alto, no existe un banco que otorgue un interés similar por un depósito a plazo. Entonces, no hay duda de que esta inversión es rentable, pero lo es en la medida que se acceda a educación de calidad. Cuando este dinero se destina a universidades de bajos estándares, que en muchos casos son una suerte de estafa colectiva, enfrentamos tasas de retorno negativas, de -2% al año. 

¿Cómo evalúan las medidas dadas en los últimos años para contrarrestar esta situación? La Ley Universitaria, que es un importante avance, ha sido aplaudida en unos sectores, pero vapuleada en otros y corre riesgos en el Congreso. 
Hay que ser justos respecto a la apreciación de lo que ha sido este lustro y, ciertamente, uno de los temas donde hay un consenso sobre el legado positivo es la reforma de educación, que además se inició antes y que se continuó con una visión de Estado, de país. Estamos frente al inicio del gran cambio que necesitamos en educación en el Perú. Y esto pasa no solamente por la aprobación y la consolidación de la carrera pública magisterial, el énfasis en la meritocracia entre los profesores, sino también en lo planteado en materia de educación universitaria. El paquete, en su conjunto, augura resultados positivos a largo plazo. Pero esto requiere un esfuerzo intencional y sostenido para mantener el ímpetu reformista. Hay avances importantes en materia de aprendizajes a nivel de educación básica. Sin embargo, nos mantenemos rezagados en las pruebas estandarizadas internacionales. Entonces, el reto es enorme, tenemos mucho por hacer y este es uno de los principales desafíos del nuevo gobierno.

¿Qué solución se puede plantear para este grupo de jóvenes que ingreso a una universidad de baja calidad o siguió una carrera sin mayor demanda en el mercado laboral?
Este es un desafío que tenemos que manejar. La mejor manera es socializando información de lo que significa la decisión de elegir una carrera. Podríamos comenzar difundiendo herramientas como 'Ponte en carrera', que es la plataforma web que mencioné antes y que permite conocer cuáles son las carreras con mayor demanda y mejores niveles salariales de los recién egresados. En el Perú, lamentablemente buena parte de los estudiantes que acceden a educación superior, prefieren -a diferencia de lo que sucede en otros países- la educación universitaria y no la técnica. En este último segmento, aún hay grandes desafíos por delante. Tenemos que ser capaces de construir una educación técnica que responda a los requerimientos y necesidades del mercado. El país para desarrollarse y crecer, de manera sostenida, con tasas altas, debe tener una fuerza laboral educada. Y eso pasa por una apuesta no solo en la educación superior universitaria sino sobre por la educación técnica. Esta es una brecha importante que tenemos que cerrar.

Ha estado en el sector minero, en el sector público y ahora en servicios financieros, ¿qué tipo de técnicos considera se requieren en el mercado?
Estamos ad portas, y todavía no lo hemos comprendido cabalmente, de una revolución tecnológica como pocas veces hemos visto en la historia de la humanidad. Se están transformado los paradigmas y las tecnologías están jugando un papel cada vez más importante. Necesitamos jóvenes capaces de aprender a aprender, que estén constantemente en la disposición de renovar sus habilidades, comprender nuevos conocimientos, y lo que es más importante, ponerlos en práctica. Esto requiere una mezcla de habilidades duras, las que se adquieren en universidades e institutos, y también habilidades blandas, que son la capacidad de trabajar en equipo, la resilencia, la persistencia, la motivación, elementos que no necesariamente están en las mallas curriculares, pero que cada vez van a ir cobrando importancia.
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