Foto: Andina.
Sin contrincante no hay pelea. Y si el que pretende tenerla aparece como abusivo e irracional, lo más probable es que termine deslegitimizado. Esta fue la idea que dejamos la semana pasada. Si el fujimorismo mantiene una actitud intransigente, el gobierno de PPK puede terminar teniendo la sartén por el mango. Pero ello dependerá, como ha señalado Alberto Vergara, de su capacidad para construir legitimidad social, legitimidad que ninguno de nuestros últimos gobernantes ha logrado y que depende de varios factores.

Queremos referirnos aquí solo al que tiene que ver con la política económica y el rol que jugará el MEF. El equipo de PPK puede estar teniendo un problema de aproximación a la realidad si cree que desde lo macro se resuelven los problemas del Perú de hoy. Hasta ahora, lo que hemos escuchado son básicamente propuestas de reducción de impuestos o esquemas tributarios especiales para la formalización de las pymes. Y, recientemente, alguna idea suelta sobre que la individualización de la propiedad de la tierra salvará a la minería y, por lo tanto, al Perú. Todas ellas, propuestas que no solo han fracasado o han demostrado ser insuficientes, sino que crearán un hueco fiscal que limitará la capacidad de la gestión entrante para cumplir sus promesas sociales y de infraestructura y que, por lo tanto, pueden terminar sembrando en el mismo seno del gobierno una bomba de tiempo económica y política.

Es cierto que no podemos esperar de un movimiento novato un grado de sofisticación mayor para plantear soluciones para un país de la complejidad y diversidad del Perú. Pero no por ello debemos dejar de alertar sobre las posibles consecuencias. Ya en esta gestión, demoró casi dos años que algunos sectores se percatasen de la necesidad de ir más allá de lo “macro”. Si miramos dos de las tres reformas que se le reconocen a la gestión saliente, las políticas sociales, la educativa y la diversificación productiva, constataremos que en las dos últimas, lejos de la idea de las grandes reformas o las soluciones mágicas, lo que hay es una suma de cambios micro que en su conjunto están consiguiendo cambiar una realidad que hasta hace muy poco parecía imposible. El caso del Midis es particularmente interesante, porque su éxito nace desde la concepción del ministerio y el enfoque de las políticas sociales, hasta llegar a las soluciones micro de las que depende cada uno de los programas. No son los únicos casos de reformas micro emprendidas durante esta gestión, pero son las más reconocidas. En la última edición de la revista PODER, hacemos un recuento de otras siete reformas micro de alto impacto que el próximo gobierno debería no solo mantener, sino reforzar. 

Hace un par de años, Miguel Palomino, director ejecutivo del IPE, nos decía que el cambio en la comunicación de este ‘think tank’ tenía que ver con el contexto de cada momento. Que si en los 90 e inicios del 2000 el debate público era con hacha, hoy en día la discusión requería de bisturí. Es, justamente, lo que necesitamos hoy de las políticas públicas. Puede ser más trabajoso, puede demorar en dar resultados, pero también puede ser la única forma de conseguir cambios reales y significativos.