Fotos: Andina.
Hay muchas variables en la definición de una elección, y siempre será imposible afirmar cuáles fueron las definitivas. Sin embargo, considerando el estrecho margen por el que se ha impuesto PPK, podríamos especular que el día que Keiko comenzó a perder la elección fue el domingo del primer debate presidencial. Ese domingo en el que no dudó en zarandear a Kuczynski a pesar de la pasividad con la que él asimilaba cada golpe.

Ya había salido a la luz la investigación de la DEA a Joaquín Ramírez por los indicios de lavado de dinero proveniente del narcotráfico. Pero el candidato de Peruanos por el Kambio había decidido que no atacaría a su oponente. Le había dicho a sus asesores que no lo haría salvo que fuese ella quien lo hiciera primero. Y de hecho, hacia el final de ese primer debate, intentó sacar un par de yaps que no tuvieron la contundencia que se requería para revertir, ni siquiera compensar, los que había recibido. Pero ese día Kuczynski también probó que el fujimorismo, y Keiko en particular, eran capaces de todo, incluso de mentir, dañar honras y hacerlo con el cinismo que fuese necesario. Algo de lo que ni él ni su entorno más cercano estaban convencidos hasta que les tocó vivirlo, sentirlo, en carne propia.

Si en ese primer debate Keiko Fujimori planteaba un debate ceñido a lo técnico, el segundo hubiese podido resultar igual de intrascendente políticamente. Pero no fue así. Keiko fue a la yugular. A asegurarla. Y de hecho ganó ese debate. Lo que no midió fue que al hacerlo, despertaría en PPK algo imprevisible para un candidato que hasta entonces había hecho una campaña muy mala, fría, que no enganchaba con los ciudadanos, con sus potenciales votantes. Y fue así que en el segundo debate, si bien PPK no fue avasallador, hizo lo suficiente para ganarlo. Sus palabras de cierre de ese día lograrían transmitir que era una persona que no estaba dispuesta a dejarse pisar el poncho, que no estaba dispuesta a permitirle al fujimorismo repetir las mañas del pasado. Y ese día, un grupo de peruanos, esos pocos miles que han terminado definiendo la elección, decidieron apoyar su candidatura.

Sin duda, lo de Joaquin Ramírez influyó. Sin duda, también lo de José Chlimper. Sin duda, el apoyo de Verónika Mendoza fue de suma importancia. Pero todo ello no hubiese terminado de cerrar si PPK no lograba mostrar algo de dignidad en el segundo debate presidencial. Y ese algo despertó el día en que Keiko cometió el error de pretender salir a matarlo en el primer debate. Quien le recomendó que esa era la mejor estrategia no midió el efecto boomerang de esa decisión. ¿Habrá sido Kenji?