Por Juan Carlos Ortecho, desde Ciudad México

“La crisis se ha terminado” (Gianni Infantino, presidente FIFA el viernes por la tarde en México)

Miércoles por la noche. Ciudad de México. Estadio Azteca. Le llaman monumento del fútbol mundial, catedral del balompié, coloso de Santa Ursula. Aquí nos ha citado la FIFA para dar inicio a su primer congreso ordinario bajo el nuevo presidente, el suizo Gianni Infantino. Bajo una garúa persistente —que me hizo pensar en el invierno de Lima que no termina de llegar— un grupo de futbolistas retirados juega una pichanga de nueve contra nueve sobre un costado del gramado. A un lado y al ras de la cancha, bajo una carpa de grandes dimensiones, entre la estridencia de los mariachis de turno y el humo y el aroma de cientos de tortillas preparadas para el banquete por los cincuenta años del Azteca, se ven los trajes negros y azul oscuro de los dirigentes que han llegado al Congreso FIFA que se inaugura el jueves. Sobre el frente, en las tribunas, despojados de acceso a wifi y detrás del alambrado, estamos los periodistas. Alguien sugiere que nos están cobrando por todas las penurias que la prensa le ha hecho pasar a FIFA en este último año de persecución y trapos sucios. Así empieza el fin de semana bajo el nuevo régimen Infantino. En la cancha, los futbolistas de azul son viejos conocidos: Figo, Samuel Eto’o, Carles Puyol, Marcel Desailly, Fabio Cannavaro, Pablito Aimar y Ronaldinho, quien monta su propio show con pases del desprecio dándole la espalda a sus marcadores. Sus rivales son viejas glorias del tricolor mexicano como “El Pájaro” Hernández, el “Kikín” Fonseca, Jorge Campos y Jared Borgetti. En el banco de las leyendas FIFA, se sienta el polémico técnico portugués José Mourinho, quien fiel a su estilo de buscar su momento en cámaras, corta un avance metiéndose indebidamente a la cancha. Todos ríen, incluso Infantino, quien tampoco pierde minuto alguno de cámaras y ha bajado a sentarse en el banco de suplentes.

SONRISAS Y CAMBIOS

Las caras felices no solo se han dado en la cancha, pues en el ámbito dirigencial se ha sentido un aire fresco y de optimismo durante toda la semana en México. El lunes y martes, el nuevo Consejo FIFA (que reemplaza al aparato oscuro y corrupto que llegó a ser el Comité Ejecutivo bajo Sepp Blatter) se reunió y aprobó las reformas que quieren hacer de FIFA un ente más limpio y democrático. Límites en la reelección del presidente, un secretariado general con mayor poder, publicación de salarios de ejecutivos, mecanismos de auditoría y control, y procesos de elección más transparentes de las sedes de los mundiales son algunas de esas reformas.

—No puedo cambiar el pasado, pero sí el futuro —dijo Infantino en conferencia de prensa al cerrar el congreso en el Banamex, un  centro de convenciones en el barrio de Lomas de Sotelo del DF.

Antes del partido de las estrellas del miércoles se organizó una conferencia de prensa en el centro de entrenamiento de la FEMEXFUT donde Alexey Sorokin, presidente del comité organizador de Rusia 2018 y la Copa Confederaciones Rusia 2017 aseguró que todos serían bienvenidos (negó la existencia de una ley antigay en su país y no le hizo caso a las preguntas incómodas de periodistas británicos sobre los últimos escándalos de dopaje de atletas rusos) y dijo que las cosas marchan viento en popa. Luego apareció Ronaldinho y su sonrisa despreocupada de pony cargando la Copa Confederaciones y todo terminó en camaradería y sonrisas.

En las confederaciones que se reunieron el jueves también se respiró optimismo: La CONCACAF eligió a un nuevo presidente, el canadiense Victor Montagliani. Los tres presidentes anteriores están presos o en proceso judicial, así que la llegada de Montagliani y su promesa de encabezar un proceso completo de reforma de una de las organizaciones más golpeadas por el Fifagate suena en sintonía con la fe de Infantino. Ese mismo día, la CONMEBOL, en un hecho sin precedentes, nos dio acceso a la prensa a la sesión de su congreso extraordinario en un salón del JW Marriott de Polanco y luego anunció que la abogada ecuatoriana María Sol Muñoz había sido elegida como la representante sudamericana al Consejo FIFA, la primera mujer que representará a nuestro continente en Zúrich. Diversidad, responsabilidad social, transparencia. Gianni debe estar orgulloso de los nuevos vientos que parecen soplar entre aquellos que votaron en bloque por su candidatura.

“NO NOS TRAICIONEN”

El viernes, el acto central del Congreso en el Banamex trajo nuevas satisfacciones y algunas sorpresas. En primer lugar la senegalesa Fatma Samoura, una funcionaria de la ONU sin experiencia previa en el fútbol fue nombrada al segundo cargo más importante de la FIFA, es decir la secretaría general. Diversidad y profesionalismo empaquetada en una outsider, una hábil decisión de Infantino, todos convenimos.

—Creo en la igualdad de género y hablo con los hechos: he propuesto a Fatma Samoura —dijo con entusiasmo Infantino.

Gianni luego puso gesto adusto cuando anunció la ratificación de las suspensiones temporales de Indonesia y Kuwait, pero recuperó la alegría cuando se votó a favor de Kosovo y Gibraltar y ambos fueron proclamados como los miembros 210 y 211 de FIFA. Luego cedió la palabra al secretario general interino, el suizo-alemán Markus Kattner quien trajo más buenas noticias: se había revisado el presupuesto 2015-2018 y se planeaba facturar US$ 656 millones más de lo proyectado. Como consecuencia, los planes de desarrollo del fútbol se verán fortalecidos y el subsidio de dinero para ese fin dará un salto importante: de US$ 1.6 millones a US$ 5 millones para cada asociación en el período 2015-2018. En medio de los aplausos de los delegados (quienes reciben una dieta de US$ 1,000 por asistir a este evento), Infantino advirtió:

—Este es su derecho. Es su dinero. No nos traicionen. Inviértanlo en el fútbol.

¿RESOLUCIÓN DE CONTRABANDO?

Entre toda esa alegría un hecho pasó casi desapercibido para los delegados y para los asistentes en general: en la reunión del Consejo FIFA en la mañana del viernes previo al congreso, se aprobó una resolución que le da a este órgano político la facultad de nombrar y despedir a los miembros de las comisiones independientes de auditoría, ética, control y gobernanza (a la cual fue incorporado el ex presidente de Sporting Cristal, Felipe Cantuarias). Periodistas británicos (los más desconfiados tradicionalmente) como Keir Radnege, Rob Harris y Brian Homewood tuiteaban con insistencia sobre la gravedad de este asunto que restaría independencia y transparencia a las comisiones cuyas funciones son precisamente prevenir los excesos del pasado. Alguno incluso especuló sobre la incomodidad del jefe de la comisión de auditoría, el también suizo Domenico Scala, un dirigente con nombre de tenor que ha sido el artífice de casi todas las investigaciones a los funcionarios de FIFA implicados en corrupción. Ajeno a esto y sobre el cierre llegaron las palabras de Infantino y su fe en que el tormentoso 2015, los amaneceres de arrestos en el Baur Au Lac, la lluvia de billetes sobre Blatter, son parte del pasado. “La crisis ha terminado”, dijo Infantino y su fe.

LA BORRASCA

Sábado por la mañana. Algunos dirigentes deben regresar hoy y esperan el momento de ir al aeropuerto. Están en el lobby del Hotel Intercontinental Presidente en el Paseo de la Reforma en el barrio de Polanco. Esta ciudad está llena de estructuras monumentales y recuerdos de una época en la que solo hablamos de fútbol y no de gente en ternos oscuros sospechosos de cometer delitos de cuello blanco. Ahora hay pelotas gigantes de colores adornando esta alameda y uno no puede dejar de pensar en Pelé y sus ojos en la nuca para ver a Carlos Alberto en la final de 1970, o al barrilete cósmico y porteño regando a Fenwick, Butcher y Shilton sobre el mismo césped en el que miércoles en la noche Dinho hacía piruetas de circo.  Infantino también sabe que debemos acercarnos más al juego y por eso invitó a las leyendas y los sentó en primera fila durante el Congreso. Otro indicio de que la crisis habría terminado.

Pero como algunas cosas nunca cambian, y tal como lo especulaban los inconformes británicos, el jefe de la comisión de auditoría Domenico Scala renunció anoche y muy temprano hoy sábado publicó un comunicado en el que anuncia su decisión y manifiesta su preocupación por que con la decisión del Consejo (a instancias de Infantino, qué duda cabe) los órganos de control pierden independencia y están en peligro de tornarse en meros auxiliares de aquellos a los que se supone deben supervisar. Más allá de lo que diga Infantino, todavía queda un largo trecho por recorrer. Como me dijo un dirigente de la delegación argentina el día jueves:

—Mirá que las borrascas (tormentas) siempre pasan, pero está no hay cuando se vaya.  

Y puede que la crisis no haya terminado efectivamente, y aparte de los gestos políticos de apertura, los cambios, si se dan, solo se empezarán a ver en el mediano plazo. Para algunos, esta última movida política de Infantino, sacando a una secretaria general que nadie tenía en los cálculos de abajo de la manga y cercenando a los órganos de auditoria y control significan un regreso a lo mismo de antes. En lo que todos sí están de acuerdo es en que Gianni Infantino se va de México con un poder más fortalecido y consolidado de lo que llegó. Hasta Sepp debe estar sorprendido.