Foto: Andina
Ayer, durante la Asamblea General de Naciones Unidas sobre las drogas (UNGASS 2016), el presidente mexicano Enrique Peña Nieto propuso un nuevo enfoque para adoptar el problema de las sustancias prohibidas. "El esquema basado esencialmente en el prohibicionismo no ha logrado inhibir la producción, el tráfico, ni el consumo de drogas en el mundo”, dijo. Afirmó también que el problema de las drogas debe tratarse desde un enfoque de salud pública y derechos humanos. 

También anunció que dentro de pocos su gobierno dará a conocer una nueva estrategia sobre el uso de marihuana en México. Según detalla BBC, el plan es resultado de una serie de foros y debates donde muchos especialistas se mostraron a favor de elevar la cantidad de marihuana considerada para uso personal."Doy voz a quienes ahí expresaron la necesidad de actualizar el marco normativo, para autorizar el uso de la marihuana con fines médicos y científicos", dijo el mandatario.

Recordemos que en noviembre del año pasado la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) de México aprobó el uso recreativo de marihuana para solo cuatro personas que impusieron una acción de amparo contra la prohibición de siembra y uso de la planta. Es posible que a partir de otros casos similares, esto se extienda a otras partes del país. Por entonces, como respuesta, Enrique Peña Nieto publicó en su cuenta de Twitter que el gobierno respeta esa decisión. “El criterio expresado este día, abrirá un debate sobre la mejor regulación para inhibir el consumo de drogas, un tema de salud pública”, dijo en otro mensaje en su red social.

TENDENCIA GLOBAL
“¿Cómo explicarle a un campesino colombiano que puede ir a la cárcel por cultivar marihuana, mientras un joven en el estado de Colorado en Estados Unidos abre su segunda tienda de venta legal de marihuana recreacional y disfruta de sus crecientes ganancias?”, se preguntó el presidente colombiano Juan Manuel Santos en una columna publicada hace pocos días. El abordaje más conservador en la política contra la drogas tiene un fuerte componente de prohibición de sustancias. A pesar de ello, experimentos alternativos ya se han llevado a cabo en Estados Unidos, Europa e incluso en países latinoamericanos. 

La revista Harper’s, en un artículo titulado Legalize it all, ha hecho completo recuento de estos casos. En veintitrés estados de los Estados Unidos se ha admitido el uso medicinal de la marihuana y en cuatro de ellos (Colorado, Washington, Oregon y Alaska) se ha legalizado plenamente el uso de cannabis. Varios estados más, incluidos Arizona, California, Maine, Massachusetts y Nevada, quizá sigan el mismo camino en noviembre, cuando voten sobre dicho asunto. Portugal ha descriminalizado no solo la marihuana, sino también la cocaína y la heroína. En Vermont (Estados Unidos) los adictos a la heroína pueden evitar el encarcelamiento si se comprometen un tratamiento financiado por el Estado. Canadá ha iniciado un programa piloto en Vancouver que permite a los doctores prescribir heroína a adictos, Suiza tiene un programa similar y el Reino Unido ha recibido la recomendación de seguir este camino. En julio pasado, Chile inició el proceso para legalizar la marihuana a nivel medicinal y recreativo y permitir el cultivo de seis plantas. Luego de una entrevista a la BBC, en la que declaró “si peleas un guerra por cuarenta años y no ganas, tiene que sentarte y pensar en otras alternativas más efectivas”, el presidente colombiano Juan Manuel Santos legalizó la marihuana para fines medicinales por decreto.

“El caso de Colorado es interesante. Con la legalización de la cannabis se han reducido los delitos y no se ha dado la epidemia del consumo. Hubo un pico inicial, pero luego se estabilizó”, comenta a PODER Ricardo Soberón, del Centro de Investigación Drogas y Derechos Humanos y ex presidente de DeVida. 

En Portugal se descriminalizó no solo la marihuana, sino también la cocaína y la heroína, entre otras sustancias. Pero no es tan simple. En dicho país las drogas siguen prohibidas —la venta es un crimen, detalla Harper’s—, sin embargo la compra, uso y posesión son considerados faltas administrativas. Como consecuencia de esta medida, tomada el 2001, el consumo de drogas duras bajó de 7,6 a 6,8 por cada mil habitantes. Los adictos infectados con VIH pasaron de 907 en el 2000 a 267 en el 2008. La misma tendencia ocurrió con quienes padecían de SIDA, esto debido al acceso legal a jeringas estériles. De otro lado, la población carcelaria condenada por delitos relacionados con drogas cayó en más de la mitad.

La legalización de sustancias prohibidas también representa una fuente de ingresos para el Estado. En el 2015, Colorado recaudó aproximadamente US$ 135 millones por impuestos por marihuana. Si bien no se trata de un monto significativo —incluso está lejos de las expectativas generadas inicialmente— , el comercio legal de cannabis también ha abierto oportunidades de negocio. La revista Forbes ha dado narrado la historia de fondos de capitales interesados en la industrialización de la marihuana e incluso el Wall Street Journal la considera una oportunidad de inversión interesante.

Estos casos colisionan, en mayor o menor medida, con los alcances del marco legal internacional que regula las drogas. Y han recibido severas críticas de los países más conservadores. ¿Cuál es la posición del Perú? Sobre ello, PODER conversó hace unos días con Alberto Otárola, presidente de Comisión Nacional para el Desarrollo y Vida sin Drogas (DEVIDA), quien, como hemos señalado en esta nota, considera que el uso de cannabis de manera vigilada y para fines médicos se encuentra dentro del marco de las Convenciones Internacionales. Sin embargo, se opone fuertemente al uso de la marihuana con fines recreativos.

Alberto Otárola, presidente de DEVIDA. (Foto: Andina)

¿Cuál es su postura frente a la legalización o descriminalización de las drogas?
Hay un sector que afirma que hemos entrado a un escenario en el que tenemos que aceptar la presencia —o por lo menos la siembra— de marihuana y coca, y que sobre la base de esa realidad hay que diseñar las políticas públicas. Eso no es posible.
El principal problema en el Perú no es el consumo. Nuestro país está muy por debajo de la media en América Latina. Tenemos una pequeña población consumidora que, lógicamente, requiere una atención especializada y una inversión mucho más fuerte del Estado. En eso puedo aceptar una autocrítica: quizá aún no visibilizamos la inversión pública para las tareas de recuperación y la atención médica a nuestra población consumidora. Aún tenemos mucho por hacer. Pero decir que se debe incentivar el consumo de la marihuana o de otros estupefacientes de manera recreativa sería contraproducente y riesgoso.
En California, donde se legalizó el uso de marihuana, al poco tiempo, la edad de inicio en consumo de drogas se adelantó. Además se han duplicado los accidentes de tránsito y las atenciones médicas a familias disfuncionales. 
El debate es abierto. Considero que así debe ser. Pero de ahí a permitir que por el consumo recreativo de cuatro o cinco personas que quieren fumar libremente en el Parque Kennedy, en Miraflores, pongamos en riesgo a nuestros jóvenes y los expongamos al consumo de sustancias prohibidas, hay mucha distancia. Eso sería muy peligroso para el país.

En Colorado la criminalidad ha bajado e incluso se han creado oportunidades de negocio en torno a la cannabis.
Si bien la información es dispersa, no concibo que existan países interesados en promover la industria del consumo de la marihuana. No sé cuánto aporte a su PBI o qué tan interesante pueda ser el negocio para el gobierno. Soy escéptico. Lo que sí está claro es que existen estudios que señalan que el consumo de marihuana afecta la salud, y mientras no se demuestre lo contrario, no es recomendable dar un paso adicional en este tema. Necesitamos tener seguridad e incrementar nuestro conocimiento para poder debatir un tema tan delicado.