Fotos: EFE.
PEDERNALES (Reuters).- A tres días del desastre de 7,8 de magnitud que devastó a Ecuador, perros entrenados y potentes retroexcavadoras, dirigidas por expertos, continúan en la búsqueda de víctimas entre el tropel de ladrillos y fierros retorcidos, que hasta el momento han revelado a 443 muertos, más de 4.000 heridos y 213 desaparecidos.

Se trata del sismo más potente en casi 40 años que ha remecido al vecino país. “Va a ser una lucha larga, no nos engañemos”, comentó el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, en la madrugada del martes tras recorrer Manabí,  la provincia más afectada.

Según estimó, las pérdidas son multimillonarias. “Yo calculo, a grosso modo, 2.000 (millones), 3.000 millones de dólares. Dos puntos, tres puntos del Producto Interno Bruto (PBI)”, refirió el jefe de Estado.

De acuerdo con la agencia Reuters, este desastre incrementa la presión sobre la economía del miembro más pequeño de la Organización de los Países Exportadores de Petróleo (OPEP) -integrada por 13 naciones, la mayoría de Medio Oriente y África- pues ya venía sufriendo el impacto de los bajos precios del crudo, por lo que este año pronosticaba un crecimiento cercano a 0%.

A pesar de que la vital industria energética del país no sufrió grandes daños por el terremoto, las exportaciones de bananas, flores, cacao y pescado podrían retrasarse por las carreteras agrietadas y las demoras en los puertos.

EL MÁS AFECTADO


No es la primera vez que Pedernales, el pueblo costero de Manabí más golpeado por el sismo, vive una tragedia. Durante la década de 1980, alcanzó la prosperidad impulsado por el boom camaronero, uno de los principales rubros de exportación del país pero, una década más tarde, se fue a pique tras la enfermedad de la mancha blanca, un virus devastador que causa gran mortalidad en los crustáceos.

Pese a todo el pueblo se repuso y, gracias a miles de bañistas que empezaron a llegar atraídos por las cálidas aguas del océano Pacífico, pasó a subsistir del turismo.

Y aunque el devastador sismo derribó más del 70% de las viviendas de la ciudad y dañó gravemente las restantes, las autoridades esperaban que el pueblo volviera a resurgir de entre los escombros.