César Vallejo.


Escribe: Dánae Rivadeneyra

Cuando en 1923, César Vallejo salió del Perú rumbo a Francia, lo hizo para jamás regresar. Desde esa fecha hasta su muerte el 15 de abril de 1938, cada paso en la vida de Vallejo fue puesto en la dirección contraria del Perú. El regreso a la patria, qué patria, no era una opción. En el recuerdo de Vallejo, Lima, el Perú no guardaba un lugar para él. Así lo recuerda Guillermo Thorndike en una entrevista a Georgette, la viuda de Vallejo 

“Recuerdo que una vez le pregunté por qué no volvíamos al Perú. Yo tenía veintidós años. Era joven y quería viajar, conocer el mundo”, dijo Georgette.
“Vallejo se limitó a decir: “¿Sabes?… Esa risita de Lima. Eso fue todo. Ahora, quince años después de vivir en Lima, recién comprendo lo que quiso decirme. Y estoy plenamente de acuerdo con él”.
Georgette se encogió de hombros. “No quería regresar ni vivo ni muerto”, dijo.”

Deslumbrado por el nuevo mundo que se abría ante sus ojos, Vallejo adoptó París, y luego Madrid, como la ciudad en la que se le permitió vivir intensamente y a la que llegó a sentir casi como suya. La comparación con el Perú era dolorosa pero inevitable y así se lo cuenta a su hermano Víctor Clemente en la primera carta enviada desde Francia.

Hermanito: Jamás soñé cuando  yo era niño, que algún día me vería yo en París, alternando con grandes personajes. Todo me parece que estoy soñando, y me miro y no me reconozco. Tan humildes hemos sido, tan pobres!

Así la vida, los días, los años, en París, César Vallejo sufrió hambre pero escribió también sus mejores poemas sobre el recuerdo de esa patria dolorosa de metal y melancolía a la que no regresó jamás. Esta es la última carta que envió desde París, un mes antes de su muerte.

Un terrible surmenage me tiene postrado en cama desde hace un mes, y los médicos no saben aún cuanto tiempo seguiré así. Necesito una larga curación, y encontrándome sin recursos para continuarla, he pensado en usted, don Luis José, en el gran amigo de siempre, para pedirle su ayuda a mi favor

La muerte no  le llegó un jueves de otoño sino un viernes de primavera y a partir de entonces, su figura empezó a cobrar el reconocimiento del que no gozó en vida. Desde entonces también, cada 15 de abril las autoridades así como la comunidad peruana en Francia le realizan distintos homenajes en los que recuerdan su obra como parte de nuestra identidad nacional. 

*Con información de Copy Paste Ilustrado