La campaña electoral entró en fase irracional. Se pondrá peor si la segunda vuelta es entre Keiko Fujimori y Verónika Mendoza. Lo cual no solo genera un clima de tensión e inestabilidad desproporcionado, sino que implica una pérdida de oportunidad para debatir sobre temas relevantes para el futuro del país.

No es que no haya por qué preocuparse. La izquierda peruana no ha transitado por el proceso de maduración por el que han pasado partidos de dicha corriente que han gobernado con relativo éxito en otras partes de la región o el mundo. Sigue siendo una izquierda de paradigmas, estigmas y alta carga ideológica. Con algunos representantes que parecen congelados en la guerra fría.

Pero si usted, estimado lector, cree que una eventual segunda vuelta entre Keiko y PPK nos devolvería esa “estabilidad” que nos llevaría hacia al desarrollo, se equivoca. Tal vez el peor riesgo de que ambos candidatos sean los que continúen en carrera sea que creamos, una vez más, que no hay nada que evaluar. Que perdamos el espíritu crítico cinco años más, o hasta el próximo conflicto social, o hasta el siguiente gran proyecto de inversión paralizado. Que nos creamos que lo máximo que necesita el Perú, es un shock de inversión social. Que con eso, lo demás está asegurado.

Por eso, si PPK pasa a la segunda vuelta, habría que buscar abrir las variables del debate. Porque si no es en los siguientes dos meses, será en los próximos cinco años que esos temas de los que hoy no queremos discutir, volverán a aparecer, y ya no bajo el paraguas de un proceso electoral. Aunque algunos se resistan, sería mejor para todos darles un espacio de reflexión y discusión constructiva.

Porque si nos atenemos a las variables que más le preocupan al establishment que ha defendido el modelo económico bajo la lógica de blanco o negro, sin matices que evaluar, tan solo el análisis y las recomendaciones que ha dado la OCED (ese club de países con las mejores políticas públicas del mundo), así como las posiciones que han asumido en diversos temas el BID, BM y el propio FMI, deberían permitirnos entender que no es poco lo que nos toca replantear.

Si es Mendoza quien va a la segunda vuelta, los riesgos pueden ser más evidentes. Pero habría que dejar de perder el tiempo pidiéndole demostraciones de que no seremos Venezuela. Habría que pedirle sí muestras de que lo que le proponen al país tiene sustento en la realidad, que saben cómo hacerlo y que cuentan con los especialistas para no fallar en el intento y llevarnos de regreso a donde no queremos.

Siempre podemos quedarnos en el estigma. Corrupta, lobista, chavista. O convertirlos en el meme que juramos que son. Y luego, cuando la realidad vuelva a acechar, sacaremos cuerpo y señalaremos al gobernante de turno como el responsable de todos nuestros males.

Se nos vienen años inevitablemente difíciles. Lo serán con Keiko, PPK o Mendoza. Ya no habrá droga asiática que nos zafe de la realidad. O pisamos tierra o pagamos pato todos.