"Lo novedoso es el descaro con el que están actuando las autoridades electorales sin que pase absolutamente nada" (Foto: Andina)
Las últimas semanas han confirmado que en el Perú la ley no es igual para todos. Lo novedoso es el descaro con el que están actuando las autoridades electorales sin que pase absolutamente nada, y que políticos y líderes de opinión estén tolerando y acomodándose a que las cosas sean así. Es vergonzoso, pero representativo de nuestra precariedad como sociedad y explicativo de por qué el Perú está jodido.

Pero como todo da vueltas, ya estamos viendo las consecuencias de lo que se ha pretendido pasar por agua tibia. La discrecionalidad de las instancias electorales ha despertado antes de lo previsto la corriente antifujimorista y a los críticos del statu quo. Keiko ya no tiene la segunda vuelta asegurada y le será cada vez más difícil ganar la elección. PPK ya aparece encima de ella, mientras que Alfredo Barnechea y Verónika Mendoza le pisan los talones y muy probablemente mantendrán su tendencia al alza.

Esta misma tendencia nos traerá sorpresas en primera vuelta. Si nos dejamos guiar por la historia electoral reciente; por el hecho de que ya está claro que el electorado está buscando una figura que represente la renovación; que quedan solo dos candidatos apostando por ser los abanderados de esa demanda (Barnechea y Mendoza); y que, contra las leyes del mercado, PPK y García han decidido jugársela por la “experiencia” y “seguridad” (o más de lo mismo pero con un plus), las tendencias observadas en las últimas semanas deberían reafirmarse en las próximas.

Si así fuese, la segunda vuelta nos regresará al 2011, en la que no solo estuvo en juego el enfrentamiento “fujimorismo” versus “antifujimorismo”, sino también la continuidad del modelo versus la necesidad de reformarlo o plantear uno alternativo. ¿Quién está mejor preparado para liderar esa corriente? Si bien Verónika Mendoza es quien lleva años criticando el modelo vigente y ha ido afinando y afirmando su discurso con el correr de la campaña, es Barnechea quien ha logrado articular mejor sus críticas y una propuesta alternativa. Pero Mendoza tiene a su favor una variable que puede ser determinante, y que fue una de las que llevaron a Guzmán a consolidarse como segundo en las encuestas: el electorado, más allá de debates sobre el “modelo” que nos interesan a unos pocos, lo que busca es un candidato con el cual sentirse identificado y por lo tanto representado. Si Mendoza logra explotar esta variable, el voto liberado del interior del país, y particularmente el del sur, puede terminar favoreciéndola (escenario 2011 ‘reloaded’).

Cierto, es pronto para sacar conclusiones. Ambos candidatos traen consigo pasivos e indefiniciones, y aún no se han enfrentado a la guerra sucia ni conocemos su capacidad para hacerlo. Más aun, corren el riesgo de repetir la triste historia de Toledo-PPK del 2011, y que ninguno pase a la segunda vuelta. Todo vuelve. Pero, finalmente, nadie sabe para quién trabaja.