Ilustración: PODER.
Por Ricardo Uceda

El  más  significativo  antecedente  histórico  de  un  entendimiento  entre  el  Partido  Popular Cristiano y el APRA se dio en 1978, cuando ya se había elegido la Asamblea Constituyente. Las principales  fuerzas  eran  el  APRA,  la  izquierda  extrema  y  el  PPC.  Carlos  Malpica,  de  la Unidad Democrática  Popular  (UDP),  uno  de  los  grupos  marxistas,  buscó  a  Roberto  Ramírez  del  Villar, del PPC, para proponerle que el presidente fuera el líder y fundador de su partido, Luis Bedoya Reyes. 

Consultado Bedoya, se negó. Los distintos grupos de izquierda tenían 28 votos. Con los 25 del PPC hacían mayoría. El APRA estaba representado por 37 constituyentes. Aunque Malpica no tenía acuerdo de la UDP, su tanteo, si obtenía una  disposición favorable de Bedoya, podría haber sido aprobado por el conjunto de partidos  izquierdistas. El PPC representaba lo más conspicuo de la derecha, pero el sentimiento antiaprista quizá hubiera podido más.

Los dirigentes del APRA no olvidan ese gesto. La presidencia de la Asamblea Constituyente sería la única distinción pública que Haya de la Torre ostentaría en su vida. El apoyo lo hacemos —dijo  Bedoya  al  proponerlo—  sin  conversaciones previas, sin pactos, sin entendimientos, sin negociaciones y sin exigencias, como un reconocimiento a los méritos personales de un político que ha entregado su vida a luchar por sus ideales. 

Haya,  entonces  de  83  años,  botó  un  lagrimón.  Moriría  al  año  siguiente.  Bedoya  recordaría después que la propuesta tomó por sorpresa a los apristas, que no intervinieron.  Además,  había  un  factor  importante —dice  un  testigo  de  los  acontecimientos—: ¿qué Constituyente  iban  a  hacer  la  izquierda  marxista  y  el  PPC?  Por  muchas  diferencias  que tuvieran, entre el APRA y el PPC existían más puntos de entendimiento. 

¿Devolvió el gesto el APRA? No hubo después una ocasión similar, pero son mencionables dos circunstancias. En el 2006, cuando Alan García iniciaba su segundo mandato como  presidente de la República, le propuso a Lourdes Flores ser embajadora del Perú en Washington. Ese año García le había ganado las elecciones, motejándola como la candidata de los ricos. Flores no aceptó.  

Después  García  comentaría  su  ofrecimiento: Yo  quise  que  ella  fuera  la embajadora  que  anudara  el  TLC  entre  Perú  y  los Estados  Unidos.  El  presidente  nombró después para el cargo a Felipe Ortiz de Zevallos. En ese momento, la aceptación de Lourdes Flores hubiera significado un acercamiento político formal  entre  el  partido  gobernante  y  el  opositor  PPC.  Lourdes  no  lo  quería.  

El  PPC, sin embargo, había aceptado que su expresidente, Ántero Flores-Aráoz, fuera nombrado embajador ante la OEA. Flores-Aráoz fue a Washington en el 2006, pero  eran  conocidas  sus discrepancias  con  Lourdes  Flores,  de  modo  que  su  nombramiento  no tenía  un significado aliancista. En el 2007 renunció al PPC y luego fue nombrado ministro de Defensa.  

Ese año, sin embargo, Lourdes Flores tuvo una iniciativa de concertación. El contexto era el de los  momentos  previos  a la  elección  de la presidencia del  Congreso.  Mercedes Cabanillas,  que había  desempeñado  el  cargo  durante  el  primer  periodo,  debía  dejarlo supuestamente  a  Luis Gonzales Posada, el candidato aprista.  

Lourdes  fue  a  buscar  a  Alan  García  a  Palacio  de  Gobierno.  Le  propuso  que  el  APRA  hiciera presidente  del  Congreso  a  Javier Bedoya  de  Vivanco,  en  el  marco  de  un  acuerdo  entre  el Partido Aprista y el PPC que le diera mayor base política al gobierno. La idea le había parecido bien  a  Jorge  del  Castillo,  el  primer  ministro,  a  quien  Lourdes  se  la  dijo  primero.  

Para  aceptar, García  debía  dejar  en  el  aire  a  Gonzales  Posada,  quien,  sin  embargo,  podría  presidir  el Congreso en el 2008, con los votos del PPC. Alan García le replanteó el acuerdo a Lourdes Flores. Le dio su palabra de que el APRA apoyaría a  Bedoya  el  año siguiente.  Pero,  en  las  circunstancias  que  corrían,  el  PPC debía  apoyar  a Gonzales Posada. 

Ya no podemos deshacer esa postulación, está echada a andar, dijo García. El PPC no aceptó. Bedoya postuló y perdió. Gonzales Posada ganó con el apoyo del fujimorismo y de un sector de la  escindida  representación  de  Unión  por  el  Perú.  Con  esa  mayoría,  el  APRA  tendría  la presidencia del Congreso durante todo el gobierno de Alan.  

No  deja  de  ser  sugerente  ponerse  a  pensar  qué  hubiera  ocurrido  si  Alan  García  aceptaba  la propuesta que le tendía Lourdes Flores. Su gobierno lo habría tenido de aliado durante sus dos crisis mayores, la de los petroaudios, en el 2008, y la del baguazo, al año siguiente. Estas crisis se llevaron a los primeros ministros Jorge del Castillo y Yehude Simon, respectivamente. 

Quizá hubiera habido un jefe del Gabinete del PPC. Quizá la propia Lourdes. Quizá Ántero Flores-Aráoz, que se llevaba bien con el presidente. Pero  lo  que  realmente  pasó  fue  que  el  PPC  y  Lourdes  fueron  oposición  durante  todo  el segundo  gobierno  de  García.  Flores-Aráoz aceptó  ser  embajador  en  los  Estados  Unidos  y después ministro de Defensa. Antes renunció al PPC, después de un periodo de duras críticas a su lideresa. 

En el  2010  hubo  otro  ministro  de  las  canteras  del  PPC,  Martín  Pérez,  quien  había  llegado  al Congreso  como invitado  del partido.  No  era  militante.  De  modo que  en  el  2011,  cuando  Alan García  regresó  a  su  casa,  Lourdes  Flores  siguió  siendo  la adversaria  política  suya  que  siempre había  sido.  Desde  sus  orígenes.  Hasta  podría  decirse  que  Lourdes  se  hizo  figura  política criticando duramente a quien ahora promueve para presidente de la República

El  bautizo  político  de  Lourdes  Flores  ocurrió  en  1987, inmediatamente  después  de  que  el joven  presidente  Alan  García  estatizara  la banca.  Todos  recuerdan  el  famoso  mitin  presidido por Mario Vargas Llosa el 21 de agosto de aquel año  en la plaza San Martín. Pero no se tiene siempre  presente  que  el  PPC  organizó  un  mitin  previo,  el  14  de  agosto,  frente  a  su  local,  en Paseo Colón. Fue multitudinario, y el orador de fondo fue, naturalmente, Luis Bedoya Reyes. 

¿Pero  quién  abrió  el mitin?  Lourdes  Flores.  Tenía  28  años  y  era  la  primera  vez  que  hablaba  públicamente en una gran manifestación. La  noche  anterior,  en  la  reunión  de  los  dirigentes  de  la  vieja  guardia  pepecista, Antonino Espinoza  la  había  recomendado  a  Luis Bedoya  Reyes.  Estaban  buscando  a  una  figura nueva para  que  hablara  al  comienzo.  Cuando  lo  hizo,  destacó  su  oratoria  aguda  y vibrante.  Y  dos frases contra Alan. La primera decía, refiriéndose al periodo de gobierno que transcurría: No hay mal que dure cinco años ni cuerpo que lo resista, pero la segunda frase pegó más: Alan García, como el marido infiel, le saca la vuelta al Perú. 

Allí no quedaría la carrera antialanista, por decirlo de algún modo, de Lourdes Flores. Cuando acabó  su  primer  gobierno  fue  una  de sus más conspicuas  acusadoras.  En  1991,  con  Fernando Olivera,  Pedro  Cateriano  y  Fausto  Alvarado,  entre  otros,  integró  la comisión investigadora  de diputados  que  terminó  acusándolo  por  un  supuesto  desbalance  patrimonial.  Cuando  su dictamen fue aprobado, ella, con Fernando Olivera y Ricardo Letts, formó parte de la comisión que  sustentó la  acusación  ante  la  Cámara  de  Senadores. Estaba  convencida,  y  lo  decía  a  los cuatro vientos, de que Alan García había robado durante su paso por el gobierno. 

También en 1991 Lourdes Flores y los diputados miembros de la comisión investigadora fueron al  Senado  norteamericano  a testimoniar  contra  el  gobierno  de  Alan  García  ante la  Comisión Kerry,  que  investigaba  los  manejos  ilícitos  del  BCCI.  Dos funcionarios  del  BCR  habían  hecho depósitos  cuestionables  en  dicho  banco.  Este  perfil  de  luchadora  contra  la  corrupción  del primer Gobierno  del  APRA  la  acompañó  durante  los  diez  años  de  Alberto Fujimori,  aunque luego  del  golpe  de  Estado  de  1992  el  APRA  y  el PPC  tuvieron  un periodo  de  coincidencias, basado  en  su  oposición  al  régimen  autoritario. 

Cuando  cayó  Fujimori,  Alan  García  regresó  de Colombia para lanzarse en la carrera hacia la presidencia de la República. En el mismo empeño estuvo Lourdes Flores, recordándole a la gente los desastres de la administración de Alan. En el 2001, Alejandro Toledo, viniendo desde atrás, la desplazó del segundo lugar y dirimió con García en la siguiente vuelta. En  aquella  campaña,  Lourdes,  en  lo  que  después reconoció  como  error,  se  dedicó  a  rivalizar con  Toledo,  cuando  estaba  debajo,  en  vez  de  hacerlo  con  García. Lo  hice  tontamente, admitiría en una ocasión. 

En la campaña siguiente, el 2006, ella comenzó en el primer lugar de las  preferencias,  y  esta  vez  teniendo  a  García  como  blanco  principal. Pero  quien pasó  a  la segunda  vuelta  con  la  primera  mayoría  (25,7%)  fue  Ollanta  Humala con  su  discurso  radical. García  fue  el segundo  y  finalmente  ganó  el  balotaje.  Había  sobrepasado  a  Lourdes  por  solo 56.000 votos, después de clavarle un sobrenombre que hasta ahora se recuerda: la candidata de los ricos. 

Una  vez  en  la  presidencia,  Alan  García  desplegó  una  política  cordial  hacia  el  PPC,  cuyo  ya mencionado primer acto fue la rechazada invitación para que su lideresa fuera embajadora en los  Estados  Unidos.  Luego,  en  el  2007,  se  produjo  el  frustrado intento  de Lourdes  para  hacer con  el  APRA  una  alianza  en  el  Congreso.  Aquel  fin  de  año  ambos  coincidieron  en  la  misa  de Navidad, en la Catedral de Lima. Cuando terminó, García tomó del brazo a Lourdes y la invitó a caminar hasta Palacio de Gobierno. Tenemos que conversar, le dijo. Hasta entonces no se habían reunido a solas ninguna vez. 

En  el 2004, durante la inauguración de  la  avenida  Costanera,  en  San  Miguel,  ambos  habían  asistido  invitados  por  el  alcalde, Salvador Heresi.  Hicieron  el  amago  de  bailar  marinera,  pero  la  foto  sugirió  más  de  lo  que realmente pasó. En  el  2008  comenzó  el  periodo  de las  cenas.  Antes  de  que  finalizara  el  gobierno  aprista  se produjeron dos. Una en la que los dirigentes del PPC —su fundador incluido— fueron a Palacio de Gobierno. Y otra, en la casa de Lourdes, a la que García asistió acompañado de dirigentes y parlamentarios  apristas.  

En  aquellas  reuniones  se  conversaba  de  todo  sin  acordar  nada.  No eran cenas para pactar algo. Pero la tensión política bajó mucho, y cuando Alan García dejó el gobierno había una buena relación entre ambos partidos. En  el  2010,  tras  una  crisis  interna,  Lourdes  Flores decidió  postular  a  la  alcaldía  de  Lima  para rivalizar  con  Susana  Villarán.  En  aquella  ocasión  el  canciller  de  todo  el  periodo  de gobierno, José Antonio García Belaúnde -quien en el 2006 también le había hecho a Flores la propuesta de  la  embajada  en  Washington-,  le  transmitió  un  mensaje  del  presidente: Dice  el  doctor García,  que  es  un  buen  médico,  que  no  sería  buena  decisión  postular  a  la alcaldía.  Que  tu oportunidad es el 2011. 

En las elecciones del 2011 Alan García estaba impedido de postular a la reelección. El APRA no presentaría  candidato,  aunque  intentó hacerlo con  Mercedes  Aráoz.  El  PPC integró  la  Alianza por el Gran Cambio, liderada por Pedro Pablo Kuczynski. PPK quedó tercero después de Keiko Fujimori,  quien  pasó  a  la  segunda  vuelta  con  Ollanta  Humala.  Quizá García  pensaba  que Lourdes podría haber encabezado una alianza con el APRA en aquella ocasión. En todo caso, su derrota en las municipales marcó, para muchos, el inicio del declive de su estrella. 

Cuando  Alan  regresó  al  llano  durante  el  gobierno  de  Ollanta  Humala,  sus  actividades  fueron distintas  a las  del  periodo  2001-2006, bajo  el  gobierno  de  Alejandro Toledo.  En  esa  etapa,  de regreso al país luego de varios años en el exterior, el expresidente hizo una activa vida política en el interior. Era, diez años después, una reconexión con el Perú profundo. Entre el 2011 y el 2016,  en  cambio,  estuvo  en  Lima, principalmente  defendiéndose  de  las  acusaciones  por  los narcoindultos. Temía que pudiera ser inhabilitado. La campaña electoral del 2016 no lo pescó en la mejor de sus formas. 

García  seguía  de  cerca  a  Lourdes  Flores.  En  una  ocasión,  Javier  Barreda  la  invitó  a  dar  un discurso ante las juventudes apristas, en el local de Alfonso Ugarte. Ella se sintió muy cómoda durante la ocasión. Alan le pidió a Barreda: presta atención y dime qué dice. En el Aula Magna, Lourdes, sin proponer un pacto, dio un mensaje sugiriendo claramente que los partidos se unieran para un gran propósito nacional. Ya lo habían hecho hacía veinte años, al  diseñar  la  Constitución  de  1980.  ¿Ahora  no  podían  entenderse  para  la  recuperación  de  la política? Alan García tomó nota. 

Para  entonces  las  relaciones  eran  aun  mejores,  porque  el  2010,  cuando  Lourdes postuló fallidamente a la alcaldía de Lima, los apristas de barrio la apoyaron. Y los dirigentes también. Al  cabo  de  la  campaña  hubo  una  comida  en  la  casa  de  Raúl  Castro,  a  la sazón secretario general del PPC, para agradecer el apoyo. Acudieron buena parte de los dirigentes principales apristas,  aunque  no  Alan García  ni Mauricio  Mulder.  En  la  reunión  hubo  camaradería  sin discursos  vinculantes.  Sin  embargo,  algo  se  habló  de  que  podía  haber  una candidatura conjunta, y el nombre de Mercedes Aráoz salió a relucir.  

Posteriormente,  Lourdes  declaró  que  había  alguna  posibilidad  de  que  el APRA  y  el  PPC confluyeran  en  torno  de la  candidatura presidencial  de  un  personaje independiente.  Dijo  que esta hipótesis  de  trabajo  tendría  que  vencer  resistencias,  pero  que  demostraría  la madurez de los dos grandes partidos institucionales.  Añadió que ya se había dado una primera reunión entre el APRA y el PPC. De uno y otro lado, Jorge  del  Castillo  y  Juan  Carlos  Eguren  hicieron  luego  comentarios  favorables.  Pero  Mauricio Mulder negó de plano esa expectativa e incluso que  hubiera habido una reunión.

Raúl Castro dijo en el PPC que Lourdes hizo mal en adelantarse y quemar la opción. Aráoz fue lanzada solo por el APRA y renunció a la candidatura por problemas internos. De  modo  que  en  el  2010,  aunque  sin  las  mejores  condiciones,  ya  se  hablaba  de  un  pacto APRA-PPC en el más alto nivel de los partidos. Cinco años después, en el contexto previo de la siguiente  elección,  las  dirigencias  se reunieron  varias  veces  informalmente  pero,  aunque parezca  contradictorio,  sin  hablar  del  tema.  Ocurrió  en  tres  cenas,  la  primera  en la  casa  de Xavier Barrón, viejo amigo de Lourdes Flores. El contexto era el de un complejo escenario político,  con  demasiados  candidatos  y un  elector  imprevisible.  En  ambas tiendas  había  profunda preocupación.

Alan  García  tenía  poderosas  razones.  Aunque  Ollanta  Humala  y  sus  adversarios  no  pudieron inhabilitarlo, los narcoindultos habían mellado profundamente su imagen, en dimensiones que inicialmente no calculó. La campaña del 2016 sería la más difícil de todas. La posibilidad de no quedar  entre  los  dos  primeros  que  pasarían  a  la  segunda  vuelta  era  percibida  incluso  por quienes  confiaban  en  su enorme  talento  como  candidato.  Una  alianza  no  le  venía  mal.  

De acuerdo con varias fuentes, tanteó a PPK. No  es  que  le  propusiera  un  pacto. Alan  García ocupaba  un  espacio  en la  centroderecha junto con PPK, pero ambos nunca llegaron a hablar en serio de aliarse. Un manojo de empresarios, que  en  realidad  prefería  apostar  por García  porque  le  veía  más  opciones  que  a  PPK,  propició algunas  reuniones  entre  ambos.  

Hablando  medio  en  broma, García  solía  decirle  a  Kuczynski que  era  un  buen  candidato  a  la  alcaldía  de  Lima.  Que  no  podría con él en  una  elección presidencial.  Parecía  más  bien  estar  buscando  desanimarlo  de  postular,  por  lo  menos  en  una primera  etapa. En  una ocasión  le  sugirió  que  estaba  muy  viejo.  PPK  también  respondió  con sorna: Mira, gordito, ¿por qué no vamos a caminar detrás del Misti en Arequipa para que veas quien se queda atrás?. 

En el verano del 2015 Lourdes Flores estaba preocupada por las escasas perspectivas del PPC en  materia  de  alianzas  electorales.  Podían  ir con  candidato  propio,  y  de  hecho  tenían aspiraciones el presidente del partido, Raúl Castro, y el parlamentario Alberto Beingolea. Pero parecía difícil que cualquiera de los dos obtuviera el caudal de popularidad necesario para un resultado decoroso. Si no obtenían 5%, el PPC perdería su inscripción en el JNE. ¿Con  quién  aliarse?  PPK,  el  antiguo  aliado,  estaba  muy  frío.  

Lourdes  se  había  reunido  varias veces con él durante el año anterior, pero su mensaje final era que prefería ir con individuos, sin alianzas. Meditando en la playa, en el verano del 2015, le dijo a su amigo Barrón:Mira lo que te voy a decir. Yo, que he sido tan antiaprista, de repente resuelvo impulsar un pacto con el APRA. Un proyecto institucional, partidario. Hacia  marzo,  Barrón  le   dijo  a  Lourdes   que   sería  una  buena idea   tantear  a  García.  O simplemente escuchar qué pensaba. A ella le pareció bien. 

Barrón entonces organizó una cena en  su  casa.  Alan  García  acudió  acompañado  por  Roxanne  Cheesman.  La  cuarta  comensal  era Lourdes. Nadie más. Al final hablaron de todo menos de estrategias electorales. Poco  después  fue  Alan  García  quien  invitó  a  una  cena  en su  casa  de  San  Antonio.  Aparte  de Flores  y  Barrón,  García  convocó  a  Javier  Velásquez  Quesquén.  Lourdes  llevó  a  Juan  Carlos Eguren.   

Como   en   la   primera   cena,   se   habló   de   política   en   general,   sin   aterrizar   en entendimientos. A fines de agosto fue Lourdes Flores quien dio una cena en su casa de la avenida Guardia Civil, en  San  Borja.  Además  de  los  comensales  de  la  segunda  ocasión,  estaban Mauricio  Mulder  y Alejandro  Castagnola.   Otras   cuatro   horas   de   amena   conversación   y   ninguna   propuesta matrimonial. 

Ya van tres cenas. Algo saldrá de esto, ¿no?, le preguntó días después Eguren a Lourdes. Ella lo comentó con Barrón. Y este, que es animoso, se ofreció a preguntarle directamente a Alan García, de parte de Lourdes, si estaba interesado en un acuerdo electoral con el PPC. Sí,  absolutamente,  respondió García.  Eran  los  días  finales  de  setiembre.  La  respuesta  hizo que hubiera una cuarta reunión, esta vez entre Alan García y Lourdes Flores a solas. García le dijo  a  ella  que  quería  no  solamente  una  fórmula  presidencial  compartida, sino  un  verdadero cogobierno, si lograban vencer. 

García  ya  había  hablado  dentro  del  APRA  sobre  un  posible  acuerdo  con  el  PPC.  Lourdes también,  pero  a  un  círculo  muy  cerrado. Después  de  la  confirmación  de interés  por  parte  de Alan,  Lourdes  habló  con  Raúl  Castro  en  un  Starbucks  cercano  a  su  casa.  El proyecto  de candidatura presidencial de Castro incluía aliarse con un sector de evangélicos y de cristianos, aparte  de  con  Solidaridad Nacional.  Para  lo  cual  debía  vencer  a  Beingolea,  otro  aspirante, dentro del PPC. Pese a sus ambiciones, Castro no se mostró contrario a considerar una alianza con  el  APRA.  

Lourdes  habló  también  con  el  Tucán  Bedoya.  Estaba  en  principio  de  acuerdo, pero el ambiente dentro del PPC era muy conflictivo. Esas fueron las circunstancias en las que Lourdes declaró a El Comercio: Antes decía con el APRA ni a misa, pero hoy comulgaría con ellos. Hubo un revuelo entre los pepecistas que no querían el pacto. Alberto Beingolea y Marisol Pérez Tello eran los más importantes. La discrepancia se unió a otros conflictos internos, que ya se  ventilaban  públicamente  en  los  medios  de  comunicación.  

El  Tucán  opinó  que  no  había condiciones  para  hacer  un  congreso  que  resolviera  las  pugnas  y  al  mismo  tiempo  tomar decisiones electorales.  Acordaron  postergar  el  congreso  y  nombrar  una  comisión  consultiva que  decidiera  la  política  de  alianzas.  Estaba compuesta  por  ocho  miembros,  Castro  incluido. Para cumplir su misión, los comisionados se reunieron con los líderes de las fuerzas afines. Hablaron con PPK, quien ya había expresado públicamente que no aceptaría una alianza con el PPC.   Pero,   cuando   se   reunieron   con   él,   abrió   una   puerta.   Dijo: Si   Lourdes   va   de vicepresidenta, acepto. 

El problema era que Lourdes, medio comprometida con García, no se mostró  dispuesta  a  aceptar.  Además,  en  lo  relativo  a  la  posible cuota  del  PPC  en  las  listas parlamentarias, si bien no se llegó a discutir en detalle, PPK no parecía muy generoso. La opción, pues, fue desechada. César Acuña los ninguneó: no cabía acuerdo posible. Y Luis Castañeda, quien habló incluso de hacer renacer Unidad Nacional, no parecía un aliado potente. Al final la comisión se quedó con la opción de la alianza con el APRA, que solo estaba esperando a que se decidieran. 

La  comisión  votó  y  acordaron  hacer  el  pacto.  A  favor,  Raúl  Castro,  Javier  Bedoya,  Fidel Yamashiro, Hildebrando Tapia y Juan Carlos Eguren. En contra, Alberto Beingolea y Marisol Pérez Tello. Edgardo del Pomar se abstuvo.  Aún quedaba por resolver el asunto de quién iría como vicepresidente en la plancha. Lourdes había hablado con Alan para que fuera Raúl Castro. Jorge del Castillo se entrevistó con Castro y con la propia Lourdes a fin de que ella fuera en la fórmula. Alan García fue a visitarla a su casa y  la  convenció. No  te  estoy  ofreciendo ser vicepresidenta  sino  participar  en  una  carrera. Estamos cuesta arriba, y nos irá mejor si tú integras la plancha presidencial. 

¿Qué se concluye después de toda esta narración? Que las relaciones entre el APRA y el PPC nunca  fueron  de  un  enfrentamiento encarnizado,  sino  de  una  rivalidad  pacífica  que  no  tuvo momentos traumáticos. Aunque el APRA gobernó con el sostén del fujimorismo en el periodo 2006-2011,  fue  el  PPC  el  partido  con  el  que  desarrolló  una  amistad  política.  De  todos  modos, dentro  de cada organización  los  dirigentes  hubieron  de  explicar  las  razones de  la  alianza  a militantes  dudosos.  

Más  dura  de  tragar  fue  en  el  PPC,  porque  la  negociación  y  acuerdo sobrevino de sorpresa. En la dirigencia, Raúl Castro podía haber sido el más renuente, pero no fue  así.  Aunque  tuvo  la  idea  de  que  una  candidatura presidencial suya  podía cuajar,  el  riesgo de  no  obtener buena  votación  era  enorme.  Esa  era  la  razón  por  la  que  Luis  Bedoya  Reyes  le dijo,  como  para  que  no  quedaran  dudas  de  que  el acuerdo  con  el  APRA  era ventajoso: ¿Te imaginas,  después  de  cuarenta  años,  quedar  resumidos  bajo  la  etiqueta  de Otros  al  final  de las elecciones? Qué triste es quedar incluido bajo el nombre Otros. Un golpe del que es muy difícil revivir. 

Otro  que  se  consideraba  presidenciable,  Alberto  Beingolea,  se  quedó  sin  candidatura  y  sin curul.  Marisol  Pérez  Tello  también  quedó alejada  de  la  campaña,  a  la  expectativa  de  lo  que suceda.  Si  los  resultados  de  la  alianza  son  un  desastre,  ellos  tendrán  que  revivir al  PPC,  pues habrán demostrado que tenían razón.  En el APRA la dirigencia no puso objeciones a la posibilidad de una alianza electoral con el PPC. Cuando se habló del tema abiertamente en la comisión política —aún no se había anudado el acuerdo—, Jorge del Castillo dijo que el presidente del PPC, Raúl Castro, seguramente estaría de acuerdo en integrar una fórmula. Es conocido que Castro y Del Castillo son amigos. —No creo que Raúl Stagnaro nos consiga muchos votos —dijo Alan. —Castro Stagnaro —corrigió Del Castillo —No creo que Raúl Stagnaro sea el mejor —insistió García. 

Las explicaciones hacia dentro del APRA tienen dos facetas. Una de ellas, desarrollada por Alan García,  asume  que  el  partido  se  encuentra dentro  de  un  cerco  hostil,  propiamente dentro  de un  cerco  mediático,  que  hay  que  romper.  No  es  la  primera  vez  que  el  Partido Aprista  se encuentra  en  esta  situación,  continúa  el  razonamiento,  porque   en  el  Perú   hay   mucho antiaprismo. 

En 1945, por ejemplo, cuando el APRA estaba clandestino y demonizado durante el  régimen  de  Manuel  Prado,  buscó  una  alianza  para romper  el  cerco,  y  apoyó  al  Frente Democrático  Nacional,  que  ese  año  llegó  al  gobierno.  Salieron  del cerco  de  la  mano  de  José Luis Bustamante y Rivero,  quien  saldría  elegido  presidente. En  las  elecciones  del  2001,  Alan García  cargaba  con  las  culpas  de  su  primer gobierno, el  principal lastre  de  su  candidatura.  

La canción Contigo  Perú,  que  cantó  con  el  Zambo  Cavero,  lo  ayudó  a  romper  el  cerco  de  ese momento. Hoy, que son nuevamente
una minoría cercada por los narcoindultos, es necesaria una alianza política para romper el cerco. Esa es Lourdes Flores. La otra
explicación dirigida a la militancia  del aprista es que un gobierno de ellos, con o sin el PPC,  no  sería  un  gobierno  del  partido.  En  el segundo periodo  de  Alan,  por  ejemplo,  la  gran mayoría de ministros eran independientes. Había unos pocos apristas. Si ahora la denominada Alianza Popular accediera al poder, el hecho de que se compartiera el gobierno con el PPC no le iba a quitar nada al partido o al presidente. 

Pero,   finalmente,  todas  estas  explicaciones   deben  ser  validadas  con  una   subida   en  las encuestas de intención de voto, que a fines de enero, cuando se escribe esta nota, estaba por encima  de  cinco  y  por  debajo  del 8%.  La  campaña  recién  se  está  calentando  y es  prematuro vaticinar  si  realmente  destruirá  las  grandes  resistencias  que  suscita.  En  la  primera  reunión  de las  comisiones  políticas del  APRA  y el PPC, luego  del acuerdo  electoral,  Alan  García  advirtió a los pepecistas que vendría una primera etapa de ataques y malos augurios, y que incluso podían  publicarse  encuestas  en  las  que  perdían  un  punto,  y  luego  otro.  

Después les  dijo: No escuchen.  Les  pido  que  no  escuchen.  Sean  como  los  marinos  que  acompañaban  a  Ulises  de regreso a Ítaca, quienes se pusieron cera en los oídos para no escuchar los cantos de sirena.  ¡Pónganse también ustedes cera en los oídos! ¡No escuchen!. En el  auditorio  se  hizo  un silencio  después  de  tal  admonición.  Después, García  prosiguió: No escuchen,  que  yo  tampoco  voy  a  escuchar. Yo  estaré  como  Ulises,  con  cera  en  los  oídos  y amarrado al mástil, hasta que finalmente el barco llegue a buen puerto.