Las políticas culturales son orientaciones dirigidas a intervenir en el orden de múltiples campos de la creación estética y los modos de vida: del arte al patrimonio, de las identidades a la convivencia, de los idiomas a la memoria. ¿Qué dicen los planes de gobierno de los candidatos a la presidencia sobre el tema? Aunque el papel no mande en el Perú y los planes de gobierno se acaten pero no se cumplan, aquí un apretado resumen de algunos de ellos. 

Alianza Popular. En el programa del APRA y el PPC, la única mención cercana a la cultura es la palabra agricultura. Los pueblos indígenas no son siquiera mencionados. Tampoco las comunidades campesinas ni nativas, aunque se plantea un “canon comunal” para los proyectos extractivos. Bagua se olvida. 

Alianza para el Progreso. César Acuña plantea un “shock cultural” para luchar contra la delincuencia. En la práctica, consiste en la construcción de una red de complejos culturales modelo donde se dictarían cursos de toda clase: desde música y pintura hasta computación y manualidades. Por poco no incluye uno de “buenos modales”. Promete también aplicar la consulta previa como “regla de oro”. Nada más. Una política cultural sin ideas propias ni plata como cancha. 

Frente Amplio. Después de PPK, es la agrupación política que le dedica más espacio a la política cultural. La ubica como parte de una de las cinco reformas planteadas en su plan institucional: el de la plurinacionalidad. Verónica Mendoza ofrece aumentar el presupuesto del Ministerio de Cultura al 1% del nacional y reservar el 0,1% de este para la cultura viva comunitaria. 

Además, marca la diferencia al ponerle énfasis a la participación ciudadana, la memoria, la formulación de un nuevo marco jurídico (Ley General de las Culturas, Ley de las y los Trabajadores Culturales), la descentralización de la infraestructura cultural, el fortalecimiento de los medios públicos, el apoyo a la producción cultural “independiente” y la interculturalidad (lucha contra la discriminación, nueva institucionalidad indígena). Sin embargo, a pesar de su amplitud temática y la clara voluntad política de promover “las culturas”, el plan es igual al resto en precisión: navega en un mar de generalidades y frases hechas. Hay más corrección política que propuestas concretas. El idealismo gaseoso, opio de la izquierda. 

Fuerza Popular. El fujimorismo descuartiza las funciones del Ministerio de Cultura. Anuncia algunas propuestas generales que le correspondería realizar en las secciones dedicadas a la educación (como el desarrollo de planes regionales de cultura), el turismo (puesta en valor del patrimonio) y la gestión de conflictos (consulta previa donde “corresponda”). 

El principal diagnóstico de Fuerza Popular concluye que la educación “no le otorga valor a la cultura milenaria”, a pesar de que se pueda “preservar, como también permitir la innovación de la cultura ancestral, preservando sus valores ancentrales [sic]”. A la retaca mochila que hereda del gobierno de su padre en política cultural (tema ajeno a todo autoritarismo), Keiko solo le añade ideas etéreas y un trabalenguas. 

PPK. En un gobierno suyo, ha declarado, eliminaría algunas carteras, como la de cultura. Su plan de gobierno, sin embargo, señala todo lo contrario. Aunque cojee en materia de interculturalidad, es el más consistente de los presentados por los candidatos. Contiene diagnósticos, objetivos, metas y medidas concretas que buscan tanto el fortalecimiento de la institucionalidad pública y sus instrumentos de gestión (mayor presupuesto, Plan Nacional de Cultura, Catastro Nacional del Patrimonio Arqueológico, Sistema de Cuenta Satélite) como el incremento de la participación privada en el sector (Ley de Donaciones e Incentivos a la Cultura, administración mixta del patrimonio). 

Además, anuncia la creación de nuevos programas, como las becas “Perú Crea” y “Perú ponte a leer”, y la mejora de otros ya existentes (Puntos de Cultura, Gran Teatro Nacional), así como el impulso de diferentes proyectos de promoción económica (incubadoras creativas, Mercado de Industrias Culturales) y la salvaguardia de las lenguas indígenas. ¿A quién le creemos? ¿A PPK o a su plan de gobierno?

Todos por el Perú. La cultura forma parte de la inversión en el “talento de las personas”, ese es el mantra de Julio Guzmán. Su programa de gobierno no solo plantea medidas para promover las artes (una bienal y “premios concursables”), mejorar los medios públicos (crear un canal cultural de TV Perú) y proteger el patrimonio (catastro arqueológico), sino también para respetar los derechos de los pueblos indígenas (consulta previa, titulación) y de la población afrodescendiente. El problema: la “ola morada” es bastante corta. Los contenidos propuestos son muy puntuales y declarativos. En cultura, aunque se vista de outsider, jurásico se queda.