Foto: Andina.

Vamos de lo menos a lo más importante en términos de propuestas de cambio.

 César Acuña. La denuncia de plagio, así como las pruebas de fraude en toda su carrera profesional terminarán restándole respaldo. La gente “perdona” la “corrupción” cuando “hay obra”, pero no la perdona toda, y menos cuando hay “escándalo”. Si no, miremos dónde están Alan García y Nadine Heredia. Más allá de eso, hasta ahora no hay nada en la campaña de Acuña que marque la diferencia.

 PPK. Dormido. Haber revivido al PPKuy es una muestra de la desesperación en la que entra su campaña. Una sin ideas nuevas, sin energía ni mayor sorpresa. Con candidatos poniendo temas distintos en agenda, que plantean cambios importantes sin el discurso confrontacional del Humala del 2011, PPK no representa novedad alguna. Se ha convertido en otro candidato de la continuidad. Sin una reacción rápida y atrevida, corre el riesgo de ir cuesta abajo.

 Alan García. Sin capacidad de entender qué está sucediendo. Más allá de los narcoindultos, el problema es que la mayor parte de la población no le cree nada, una realidad que no logra y que será difícil revertir. ¿Considerará la retirada?

 Julio Guzmán. La última encuesta de GFK le está dando un nivel de exposición que, si no comete un error mayúsculo, lo hará seguir creciendo casi sin mayor esfuerzo. Si logra poner temas de fondo en agenda, así como sostener la energía que lo está distinguiendo del resto de candidatos, podría despegarse del pelotón de los segundos. Los errores o carencias del resto del pelotón han ayudado a que sus contradicciones e inexperiencia pasen a un segundo plano. Pero no siempre será así, y aún quedan dos largos meses. Su fortaleza radica en estar posicionándose como el rostro nuevo que representa el cambio que el país está esperando. Su principal debilidad, que detrás de sus propuestas generales no siempre hay un sustento sólido de qué es lo que marcaría realmente la diferencia (salvo el tema de la honestidad, que no es un tema menor, claro está). Si hay un esfuerzo que Guzmán tiene que hacer, ese es darle mayor solidez a su campaña y mayor sustento a sus propuestas.

Alfredo Barnechea. Tiene lo que le falta a Guzmán. La solidez argumentativa para plantear con claridad las reformas que requiere el país. Intelectualmente, debe ser el candidato más preparado en décadas. Pero no basta para ganar una elección. Si su posición social e intelectual marcan ya una distancia con el electorado promedio, mantenerse alejado de los ciudadanos ahonda el problema de identificación que se necesita construir para convencer al elector. En este sentido, a Barnechea le falta lo que le sobra a Guzmán (y le sobraba a Fernando Belaunde). Por eso Víctor Andrés García Belaunde se equivoca cuando busca encasillar a Guzmán como el candidato “producido, maquillado, perfumado”. No solo porque algo similar podría decirse de Barnechea, sino porque, mirado fríamente, ambos están coincidiendo en la necesidad de algunos cambios relevantes, aunque con niveles distintos de profundidad. Los “contrincantes” están en otro lado, estimado Vitocho.

Una eventual dupla entre ambos les daría esa cercanía con la ciudadanía (Guzmán) y esa capacidad política (Barnechea) necesarias para ganar una elección y para gobernar un país donde los poderes fácticos han estado acostumbrados –durante 25 años– a que no se toque nada ni con el pétalo de una rosa. ¿Prematuro plantear un escenario así? Seguro. Pero no por ello menos interesante de analizar.