CADE 2015

Habría que comenzar diciendo que esta CADE pasará a la historia como una de las mejores. Ha habido varios factores para que sea así. Uno de ellos, que el comité organizador liderado por Elena Conterno encontró un buen balance entre la mirada global, el marco conceptual de las reformas y las medidas específicas que requiere tomar el próximo gobierno, así como qué hacer para superar la coyuntura de desaceleración económica. Otro factor fue lo picante de esta CADE, precisamente por este último punto. El empresariado, indignado por el bajón de la economía, agarró de piñata al gobierno y al ministro de Economía Alonso Segura. Y lo hizo sin piedad.

Dos semanas atrás, enterado de que el programa del evento de esta CADE electoral estaba enfocado en los retos y cambios para los próximos cinco años, con una atención particular en la necesidad de recuperar mayores tasas de crecimiento, el ministro Alonso Segura le hizo saber al comité organizador que estaba interesado en participar. En el MEF consideraban importante exponer la situación y los efectos en el Perú del contexto internacional, los riesgos y retos del futuro próximo y sobre qué está haciendo este gobierno frente a todo ello. Más aún si los cinco candidatos presidenciales que lideran las encuestas expondrían sus propuestas en torno a estos puntos. Pero la respuesta de la organización del CADE fue tajante. No. El programa ya estaba cerrado. El MEF insistió, pero la respuesta fue la misma.

Llegó el día de la inauguración y el tema no había quedado resuelto para el Ejecutivo. Un día antes, el ministro de Educación Jaime Saavedra aprovechó su condición de invitado como expositor para interceder porque se permitiera la presencia de Segura. No lo hizo con el comité organizador, instancia en la que todo parecía perdido. Llamó directamente al presidente de Ipae, Gonzalo Aguirre. Cuando el miércoles, en la primera sesión del evento, Fernando Cilloniz, presidente regional de Ica por Fuerza Popular, arremetió contra Segura por la desaceleración económica y por un proyecto de irrigación que decía estaba paralizado por responsabilidad del MEF, corrió el rumor de que Segura había llamado a los funcionarios públicos presentes en la CADE para pedirles que dejen el auditorio. Lo que en verdad había sucedido es que tanto Saavedra como el ministro del Interior José Pérez Guadalupe, también invitado como expositor, habían puesto en duda su participación. Les resultaba incómodo presentarse ahí cuando en paralelo se le estaba negando la participación a su compañero de gabinete. Más aún cuando los cuestionamientos del sector empresarial venían siendo tan explícitos en los últimos meses. Saavedra le comentó a Aguirre que les parecía relevante la presencia tanto de Segura como de José Gallardo, ministro de Transportes y Comunicaciones. Y fue finalmente por la intermediación de Aguirre que ambos aparecieron en el programa que se actualizaba todos los días en la web, mas no en el físico que fue entregado el primer día. Pero ahí no terminó todo.

Durante la CADE, Cilloniz no fue el único en responsabilizar al MEF y a este gobierno de las "siete plagas" que han caído sobre el país. Lo mismo sucedió el jueves. Fue por eso que cuando Segura y el presidente Humala llegaron el viernes para la clausura, el ministro de Economía pidió exponer un PowerPoint para responder a cada uno de los cuestionamientos que se habían hecho. Le dirían nuevamente que no. Que estaba fuera del formato de clausura. Que solo tenía cinco minutos. También le comunicaron que el presidente Humala debía estar sentado en uno de los cuatro sillones mientras él exponía. Los otros dos serían ellos, la presidenta de la CADE, Elena Conterno, y el de IPAE, Gonzalo Aguirre. Nuevamente la justificación fue respetar el formato establecido. Segura les dijo que el presidente escucharía su exposición sentado en el público, que no tenía porque estar sentado en el estrado. El tono de la conversación se elevó. Mientras tanto Humala esperaba en otra sala especial. Al ver que nuevamente no llegaría a ningún acuerdo, Segura les dijo que estaba bien, que no usaría el PowerPoint, pero que se tomaría el tiempo que fuese necesario para exponer todo lo que correspondía, y que el Presidente subiría al estrado cuando le correspondiese hablar. Y sin esperar respuesta entró al estrado. Comenzó su exposición algo irritado e incómodo. A los pocos minutos era otro. Era el tecnócrata que por primera vez asumía que le correspondía también una responsabilidad política. Respondió a todo. Le respondió a Cilloniz mirándolo y dirigiéndole la palabra. Segura recibió los aplausos que correspondían. El fastidio de Elena Conterno quedó registrado en la foto que adjuntamos.

Humala subió al estrado sin saber el detrás de cámaras de ese día. Fue lo mejor que le pudo pasar. Porque, como ha dicho Juan Carlos Tafur, fue el mejor mensaje de toda su gestión. Dejó de lado los papeles que lo solían acompañar con discursos prefabricados y decidió ser él. Tal vez un poco tarde para reconstruir su relación con el sector empresarial, pero a tiempo para dejar en claro el trabajo que su gestión ha hecho por las zonas más alejadas del país. A tiempo para dejar en claro que la visión crecer para incluir y la de incluir para crecer, eran dos complementarias y necesarias.

El público que lo escuchó se preguntaba en el cóctel de cierre dónde había estado este Presidente durante sus primeros cuatro años. Y mostraban sorpresa con las cifras que dio Humala.

Pero volvamos al conflicto con el comité organizador de la CADE. Las razones que le dieron a Segura estuvieron orientadas, primero, a la necesidad de respetar el programa ya aprobado, y segundo, a respetar los formatos. ¿Se tuvo la misma vara con todos los expositores?

Uno de los temas que más se comentó el viernes luego de la presentación de Alan García, fue el hecho de que a diferencia de Alejandro Toledo, Keiko Fujimori y César Acuña, quienes cumplieron con sentarse en los sillones luego de su exposición principal para someterse a las preguntas de los tres miembros del panel de invitados, a García le fue colocado un escritorio especial, desde donde finalmente intentó "escuelear" a los panelistas. ¿Qué pasó con los formatos? Más aún, el comité organizador, preocupado porque la presencia de periodistas incisivas como Cecilia Valenzuela y Patricia del Río pudiesen poner contra la pared a los candidatos, y a dos de ellos en particular, le pidieron a los panelistas que les contaran las preguntas que pensaban hacer. ¿La idea? Que no corran el riesgo de repetirse entre ellos, y lo más importante, que no se desviasen de los ejes centrales de discusión de esta CADE. Es decir, se rompió el principio básico con el objetivo de que las mesas de discusión fluyesen mejor. Que fue lo que felizmente y efectivamente sucedió. ¿Por qué entonces en este caso era útil salirse de los esquemas y no lo podía ser para que se presentase el titular del MEF? ¿No fueron las presentaciones de Gallardo, Segura y Humala un buen complemento de lo que se había dicho en los tres días de desarrollo del evento? Por lo que recogimos de los asistentes a la CADE, la respuesta es un rotundo sí. Aguirre tomó la mejor decisión para todos.

Ahora bien, esta historia revela las tensiones vigentes entre el gobierno y un sector del gran empresariado. Tensiones que, miradas en el tiempo, son responsabilidad de ambos lados. Y tal vez también revela las consideraciones (¿y preferencias?) que se tuvo y que se tendrá en adelante con algunos de los candidatos de la campaña electoral que, ahora sí, ya arrancó.