Foto: Silvia ana Cabieses

“Donde quiera que estemos, lo que más oímos es ruido. Cuando lo ignoramos, nos molesta. Cuando lo escuchamos, nos parece fascinante”, escribió el compositor estadounidense John Cage en su libro Silence: Lectures and Writings (1961). En 1952, Cage había grabado su nombre en la historia de la música con su composición 4’33’’, cuatro minutos y treinta y tres segundos de silencio. Con esos dos extremos –el ruido y el silencio–, de alguna manera Cage categorizó como música las infinitas variantes sonoras que podían existir entre ambos opuestos. A pesar de que durante los siglos XVII, XVIII y XIX la música respondió a los parámetros determinados por la tradición clásica, distintos hitos en la historia fueron marcando un distanciamiento de las normas rígidas para dar paso a la música contemporánea que, por el contrario, busca ampliar las fronteras hasta lo insospechado.

Una muestra de las nuevas sonoridades exploradas se puede conocer en el Festival ERART-Encuentro Internacional de Música, que se realiza en el país desde el 2003 y que ha logrado llegar a la edición de este año sin ver interrumpida su continuidad desde entonces. Se trata de un punto de encuentro entre músicos locales e internacionales donde se dan a conocer obras y compositores contemporáneos y de música académica en general para, de cierta manera, alzar el volumen de las nuevas creaciones sonoras. 

La continuidad de trece años del festival es un gran logro debido a que es uno de los pocos eventos que perviven en una coyuntura difícil para las apuestas culturales. La crisis de la única estación “cultural” (Radio Filarmonía) y la cancelación, por parte de la actual gestión municipal, de programas como Lima Vive Rock, el Festival de Artes Escénicas de Lima (FAEL), la Bienal de Fotografía y Cultura Viva Comunitaria, entre otros, dan cuenta de ello. “Curiosamente es el momento más crítico, pero [el festival] tendrá el mejor escenario del país”, resalta Beatriz Morachimo, directora de ERART, la organización detrás del evento. “Es la única razón por la que no hemos cancelado esta edición”, confiesa.

La edición de este año tendrá como sede principal el Gran Teatro Nacional. Pero su contenido se ha visto reducido: después de organizar un programa de un mes con decenas de actividades en el 2010 y el 2011, esta vez contará con su programación más corta en doce años: cuatro días, cinco actividades centrales.

¿ESTO ES MÚSICA?
La actitud creadora que recoge ERART tiene su origen en Europa, especialmente cuando traspasó fronteras luego del desarrollo tecnológico que ocasionó la Segunda Guerra Mundial y la revolución cultural de los años sesenta. En Latinoamérica, Argentina fue el primer país que absorbió la influencia de las escuelas italianas y alemanas que experimentaron musicalmente con toda aquella nueva tecnología. La creación en 1958 del Centro Latinoamericano de Altos Estudios Musicales del centro de investigación Torcuato di Tella, en Buenos Aires, fue crucial para que varios músicos peruanos tomaran conocimiento de las nuevas rupturas.

Estas rupturas, en realidad, habían comenzado mucho antes. Una de las obras que nunca falta en el debate sobre el inicio de la música contemporánea es el ballet La consagración de la primavera, del compositor ruso Ígor Stravinski. La composición que, por primera vez, hizo impredecibles los acentos musicales, causó tal abucheo el día de su estreno en mayo de 1913 que el compositor tuvo que abandonar el Teatro de los Campos Elíseos de París, donde se presentó. La obra, catalogada como una de las más violentas que el mundo había escuchado hasta entonces, se transformó también en una de las más influyentes del siglo XX. De la misma época, pueden mencionarse las piezas para piano del austriaco Arnold Schoenberg, que obviaron las normas de tonalidad, o la pieza para percusión del francés Varèse, Ionización, que incluía un látigo y sirenas.

“La música clásica no se quedó en los peluquines de Bach y Beethoven del siglo XVIII”, explica Ricardo Falla, director del programa de Humanidades de la Universidad Ruiz de Montoya, que guio sus estudios de filosofía hacia la estética musical. “Con las composiciones más contemporáneas pasó lo que ocurrió muchas veces con las nuevas propuestas artísticas: ¿esto es arte? ¿Esto es música?”, revela. “En realidad nuestro país tiene una fuerte tradición de música contemporánea, solo que no es conocida”.

¿Una fuerte tradición de música contemporánea en el país que sustenta su marca nacional con símbolos prehispánicos? Por supuesto que existe. Prueba de ello es el festival de música académica contemporánea de Lima al que Falla –vinculado a la música clásica desde su infancia por influencia de su padre– asistió “religiosamente” durante muchos años.

NO SE PUEDE PARAR
En sus inicios, el festival contó con todo el respaldo del Centro Cultural de España en Lima, pero la crisis económica que azotó el país europeo tuvo como principales víctimas en el exterior los proyectos culturales que financiaban. Cuando toda la propuesta parecía verse amenazada, fue la Municipalidad de Lima la que se encargó de evitar su desaparición desde el 2013 hasta que a inicios de este año asumió la nueva gestión. Ahora, el Ministerio de Cultura les cede el Teatro Nacional, una joya que ERART no piensa desperdiciar. Justamente, Morachimo y el músico Jorge Garrido-Lecca crearon la organización para asumir el festival tras el alejamiento de la institución española.

“En el Perú no hay información sobre la música que existe en el país. Sucede, pero no hay un registro de ella”, explica Garrido-Lecca, presidente de la organización. “El festival se creó con la idea de hacer publicaciones, discos, conciertos, conferencias, clases maestras, talleres, invitando siempre a la comunidad internacional a través de las embajadas. Buscamos dar forma a lo que debería haber en el país: una casa editorial, una disquera y un centro de capacitación”. Ahora que él, Morachimo y un pequeño grupo de practicantes conforman todo el grupo de trabajo, han concentrado sus esfuerzos en los tres ejes de ERART: acercar la música a comunidades vulnerables de escasos recursos, realizar talleres de pedagogía musical y la organización en sí misma del festival. “Hay que darle un lugar al compositor peruano. Si el Estado no lo hace, no podemos parar”, enfatiza.

Esta vez el festival estará dedicado al compositor finlandés Jean Sibelius (1865-1957), quien, tras guiarse por las obras sinfónicas narrativas del alemán Richard Wagner (1813-1883), en sus últimos años restó importancia a los críticos para apostar por un estilo más personal de melodías con abruptos contrastes temáticos, una muestra de las tantas rupturas de los antiguos corsés musicales. El programa tendrá como atracción central dos recitales didácticos dirigidos principalmente a escolares, en los que músicos de Canadá, Francia, Finlandia y el Perú tocarán fragmentos de obras, que serán acompañados con explicaciones históricas, musicales y emocionales. Se abrirá al público también el ensayo final de la Orquesta Sinfónica Nacional, que, en el concierto de gala, estrenará la obra Tarkas, del compositor peruano Gonzalo Garrido-Lecca, en la que introduce el folclore andino a las composiciones contemporáneas.

APRENDER A SOLFEAR
Desde que pasó la infancia en casa de sus abuelos coleccionistas de discos, para el presidente de ERART la música clásica ha sido, literalmente, familiar. En el caso de Morachimo, la música clásica apareció en su vida cuando su madre las inscribió a ella y a su hermana en clases de ballet. Hoy, ambos están convencidos de la importancia de la formación musical para el desarrollo humano del país. La experiencia de Finlandia los respalda.

En el caso de la flautista y cantante finlandesa Ulla Suokko, quien abrirá el festival con la charla “Educación musical: el modelo finlandés”, la inclinación musical no tuvo que ver con el simple hobby en el hogar. Con un padre involucrado en los negocios y una madre dedicada a la enseñanza de física, Suokko se acercó a la música en la escuela. En su colegio se dictaban clases diarias a los estudiantes de primaria: historia, teoría y práctica. “Aprendí música como quien aprende su alfabeto. El solfeo –técnica para leer partituras– fue como leer un libro”, cuenta. “Aquí en el Perú, incluso muchas de las personas que estudian en institutos de música no saben cómo hacerlo”.

El recuerdo de Suokko es un pequeño resquicio del sistema educativo de Finlandia, el país europeo que ha sido un referente durante más de una década al invertir el 7,22% de su PIB en la educación. “Hay que tener en cuenta que Finlandia es un país muy pequeño (5,5 millones de habitantes), y cuando yo era pequeña era también muy homogéneo”, matiza.

Después de estudiar música en la Academia Sibelius, en Helsinki, y vivir 20 años en Nueva York, donde obtuvo el certificado de concertista en la Universidad de Rochester, Suokko llegó al Perú en el 2010. Actualmente vive entre Lima y Cusco y es instructora de vientos de madera de la Orquesta Sinfónica Nacional Juvenil. Después de recorrer distintas regiones dictando talleres de música y pedagogía, tiene claro que incluso en los colegios de menos recursos existe la voluntad y el talento. Lo que no hay, dice, es capacitación. “No se trata de un problema de los profesores y los estudiantes, sino del sistema”, aclara.

En esta oportunidad Suokko, que también trabaja como consultora privada, destinará su charla a docentes regulares, profesores de música y directivos de instituciones educativas. “Se trata de compartir algunas ideas inspiradoras que se puedan aplicar en el país. Hablar de la necesidad de cambiar todo el sistema educativo peruano no tendría sentido. Lo importante es saber cómo tomar en cuenta al estudiante y prepararlo para el mundo y no para algo que quizá no le interesa”, adelanta. “Este festival es un ejemplo de perseverancia que solo puede estar sustentada en la necesidad de hacer una diferencia. Brindar la posibilidad de expandirnos con música que no se puede escuchar de otro modo es la señal de un camino correcto para el país”.

EL SONIDO DE LOS BENEFICIOS
En el Perú, la creación en los últimos años de distintas escuelas e institutos de música pareciera indicar que la tendencia negativa se revierte; sin embargo, Falla señala un problema más complejo: “Habitualmente en el Perú, como en la mayoría de países, el plano de formación profesional eclipsa la formación fundamental. Se cursan materias para insertarse en el mundo del trabajo, pero los aspectos estético, literario, histórico, como no sirven directamente para fabricar un carro, no son valorados”.

Garrido-Lecca, por su parte, comenta: “Tenemos que hacer entender que no se trata de tocar música por el simple hecho de tocar música, sino que hay una serie de beneficios que pueden llegar a distintos niveles”. Él, por ejemplo, que dirige el taller de coro y guitarra de la Universidad de San Martín de Porres, les encarga a sus estudiantes investigar sobre los efectos neurológicos de la música. Diversos estudios señalan lo que para muchos ya puede ser un lugar común, pero que no deja de ser real: la música es uno de los estímulos que activa más zonas del cerebro, regula el estrés, fortalece la memoria y el aprendizaje, e incluso ayuda al tratamiento de enfermedades como el alzhéimer, el párkinson, el síndrome de Tourette o el autismo.

Para Falla, que hasta hace unos años dictó el curso de Historia de Arte enfocado en la música, el imaginario de una nación también es influenciado por la música académica: “A los músicos les permite algo esencial: situarse en un nivel de contemporaneidad en la actividad artística. Pero estas composiciones son igualmente, de algún modo, la representación del lado más occidental del Perú. Reconocer que podemos elaborar una hermosa danza de tijeras, pero también una interesante composición electroacústica, nos hace, de todas maneras, más tolerantes unos a otros”, analiza.

A un mes de la decimotercera edición del festival, Garrido-Lecca y Morachimo piensan darse un descanso el año próximo. Pero su experiencia, en realidad, demuestra que apenas surja algún imprevisto a favor, decidirán continuar. En todo caso, así como Cage planteó la importancia de prestar atención al ruido para apreciarlo, habría que hacer el esfuerzo para entender el silencio que genere la posible ausencia del festival.

 

PROGRAMACIÓN

Martes 20

6:30 p. m.

Charla ERART: “Educación musical: el modelo finlandés”

 

Miércoles 21 y jueves 22
11:30 a. m.

Recitales didácticos


Viernes 23
11:30 a. m.

Ensayo abierto de la Orquesta Sinfónica Nacional

8:00 p. m.

Concierto de gala