Escribe

Enrique Patriau

Periodista


En 1953 los ejecutivos del tabaco se reunieron en el Hotel Plaza de Nueva York para organizar una campaña publicitaria destinada a responder –y negar– diversos hallazgos científicos que establecían una relación directa entre fumar y graves enfermedades, como el cáncer al pulmón.

Pero, en privado, en realidad soñaban despiertos con un cigarrillo que provocara placer sin ocasionar un riesgo alto para la salud. Una muy famosa cita, registrada en un memo de la década de los cincuenta dirigido al abogado de una tabacalera no identificada, dice: “Sería maravilloso si nuestra compañía fuera la primera en producir un cigarro que no generara cáncer”. El remitente añadía que un hallazgo así significaría un duro golpe a la competencia.

La apuesta lleva ya décadas y cientos de millones de dólares invertidos en investigación. De acuerdo con una nota de Forbes, Philip Morris International (PMI) gastó entre el 2011 y el 2013 unos US$ 650 millones en el diseño de prototipos de cigarrillos de nueva generación. Piense por un momento en las posibilidades que se abrirían: un producto que reduzca –o elimine– el peligro de cáncer, con un sabor que satisfaga las exigencias del consumidor habitual y capaz de ser comercializado sin verse afectado por las muy estrictas regulaciones que rigen el mercado del cigarrillo tradicional.

La carrera por la búsqueda de este santo grial continúa, efervescente. En junio del 2012, André Calantzopoulos, oficial de operaciones de PMI, afirmaba ante los inversores de la compañía que una “estrategia prioritaria” de la tabacalera (la más grande del mundo entre las privadas) era el desarrollo y la comercialización de “productos de tabaco de riesgo modificado”, que tienen el potencial de ser “la más grande innovación” en la historia de la industria (su presentación de entonces y otras más recientes pueden ser revisadas en la página web de PMI).

Mientras tanto, la principal competencia de PMI, British American Tobacco (BAT), adquirió en diciembre del 2012 a CN Creative, empresa especializada en la fabricación de cigarros electrónicos, eventual opción para quienes buscan aminorar las consecuencias indeseadas de fumar. Este paso se sumaba a la creación, en el 2011, de Nicoventures, extensión de BAT dedicada a la investigación de alternativas menos dañinas para el fumador.

La relación entre la adicción al tabaco y diversas enfermedades fue permanentemente negada por la industria hasta que el peso de las evidencias científicas comenzó a imponerse. Un artículo del diario The Telegraph explica que las compañías británicas no admitieron la realidad hasta la década de los noventa, y las estadounidenses hasta el año 2000. Hoy a nadie se le ocurriría defender la supuesta inocuidad del acto de fumar. El discurso ha cambiado y las tabacaleras se han visto obligadas a explorar nuevas opciones para ofrecer su producto a consumidores más alertados y preocupados por su bienestar.

Según cifras de The Tobacco Atlas (www.tobaccoatlas.org), existen cerca de 176 millones de mujeres y 820 millones de hombres fumadores. Unos 5,8 billones de cigarros se fumaron en el 2014, cifra que, por cierto, irá en aumento. Mientras que el Reino Unido, Australia, Brasil y otros presentan una reducción significativa en sus tasas de tabaquismo, gracias a la implementación de regulaciones estrictas, China supera en consumo de cigarros a todos los demás países de ingresos bajos y medios. Y África representa un gran riesgo en términos de crecimiento del tabaquismo, debido al nuevo dinamismo de su economía y al continuo crecimiento de su población, lo que podría significar la terrible pérdida de millones de vidas. Si los patrones continúan, las muertes por tabaco en el mundo rondarán los 1.000 millones al finalizar el siglo XXI.

En ese escenario, PMI considera que la vía de investigación más promisoria hacia la producción de cigarros de menor riesgo pasa por la eliminación de la combustión; es decir, el proceso mediante el cual el cigarrillo encendido empieza a arder desprendiendo una serie de sustancias tóxicas para el organismo, entre ellas el monóxido de carbono.

Para ello, las opciones que maneja PMI son dos: el calentamiento del tabaco sin que llegue a arder y la inhalación de aerosoles que contienen nicotina. Actualmente se desarrollan cuatro prototipos basados en ambas estrategias y al menos uno de ellos podría empezar a comercializarse este año a modo de prueba en un país todavía por decidir, reporta Forbes. Estos prototipos, según explicaba Calantzopoulos el año pasado en el Día del Inversor de la compañía, buscan dos objetivos simultáneos: reducir sustancialmente los riesgos y daños de fumar y replicar lo más que se pueda el “sabor” y el “ritual” de los cigarros tradicionales. Para su diseño y elaboración, proceso que lleva unos 12 años, PMI ha contratado a más de 300 científicos de diversas disciplinas.

El primer modelo incluye un soporte electrónico que calienta el tabaco a menos de 350 °C para liberar un aerosol que simula el sabor del humo del cigarro (como comparación, el tabaco de un cigarro convencional alcanza una temperatura de hasta 800 °C). Un segundo modelo, que luce como el cigarro que se adquiere en una bodega y puede ser prendido con un encendedor normal, también calienta el tabaco para liberar un aerosol que contiene nicotina.

La idea del calentamiento del tabaco no es nueva. En los ochenta, la firma estadounidense R. J. Reynolds lanzó Premier, un cigarro que lucía bastante parecido a los tradicionales, no llegaba a la combustión y se ofrecía como alternativa para quienes andaban en busca de un producto de riesgo controlado. Más allá de lo novedoso del sistema, un serio problema condenó a Premier a un temprano e inesperado fracaso: su sabor. Los usuarios se quejaban porque dejaba una desagradable sensación de plástico quemado y carbón en la boca, por lo que fue retirado antes de que cumpliera el año. Más tarde Premier se convirtió en Eclipse, promocionándose al igual que su antecesor como un cigarro menos riesgoso. La idea detrás del descontinuado Premier y de Eclipse es la misma: el tabaco no arde, solamente se calienta. Sin embargo, de acuerdo con un informe de ABC News, análisis clínicos independientes hallaron que Eclipse contiene “altos niveles de toxinas cancerígenas”. En el 2013, un juez ordenó a Reynolds pagar US$ 8,3 millones por publicidad engañosa.

El cigarro electrónico

En el Perú, BAT domina el mercado del tabaco –su marca más exitosa es Hamilton, con un 46% de participación en ventas, aproximadamente–. Rafael Cánovas, exgerente de Asuntos Corporativos en Lima, hoy destacado a Chile, sostiene que el negocio principal de BAT “es y seguirá siendo” el del cigarrillo tradicional, pero que, en la necesidad de atender la demanda de un sector específico de consumidores, la tabacalera mantiene un particular interés en “la tecnología de los cigarros electrónicos”, de cara a diseñar y producir alternativas de potencial menor riesgo.

Por cierto, en el 2013 BAT se convirtió en la primera multinacional tabacalera en lanzar un cigarrillo electrónico: Vype. En el 2014 presentó dos nuevos modelos: Vype eStick y Vype ePen. En su momento, PMI evaluó adquirir patentes de cigarros electrónicos, pero, tal como se ha visto, prefirió invertir en diseñar y comercializar sus prototipos, apostando por que los fumadores prefieren sentir el sabor del tabaco real.

Los cigarros electrónicos fueron introducidos al mercado en el 2004 por empresarios chinos. Conocidos como sistemas de administración de nicotina, son dispositivos a pilas diseñados para abastecer dosis inhalables de esta sustancia derivada de la hoja de tabaco, que van al aparato respiratorio sin generar alquitrán ni monóxido de carbono. Ahí radicaría su ventaja sobre los cigarros tradicionales, aunque su supuesta inocuidad no ha sido demostrada científicamente. De hecho, mientras no se aclaren las consecuencias exactas de su consumo, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda prohibir su uso en lugares públicos y restringir su publicidad.

El comercio de los cigarros electrónicos, da cuenta la OMS, viene creciendo sostenidamente en la Unión Europea, con un mercado de unos 400 a 500 millones de euros. Al 2012, un 7% de ciudadanos europeos declaraba haberlos probado al menos una vez. En los Estados Unidos son una “industria floreciente” que movió US$ 2.500 millones en el 2014, informa The Tobacco Atlas.

Justamente, Forbes reporta que los cigarrillos electrónicos son una opción a “largo plazo” de las tabacaleras para enfrentar la caída anual del número de fumadores en Estados Unidos y no ver perjudicados sus ingresos. Sin embargo, las regulaciones existentes –alentadas por informes que advierten sobre efectos nocivos en la salud de las personas– suponen un obstáculo complicado de salvar. En cuatro estados estadounidenses, los cigarros electrónicos son regulados a la par que los convencionales. En otros catorce estados han sido prohibidos en lugares específicos, tales como edificios estatales o instalaciones de educación pública. Mientras tanto, en el Perú la Unión Internacional contra la Tuberculosis y Enfermedades Respiratorias pidió su urgente regulación, advirtiendo que su consumo se ha elevado en tanto los usuarios creen que se trata de un producto inofensivo.

Así, a falta de regulación, los cigarros electrónicos se consiguen en Perú vía internet, venta a domicilio y ahora también en tiendas y casas especializadas. Una de las marcas más reconocidas entre los usuarios es HIT, que ofrece estos productos como una alternativa de riesgo reducido. Dice en su página web: “HIT es una marca de cigarros electrónicos y líquidos de recarga que ofrece a sus consumidores la posibilidad de redescubrir los placeres que brinda fumar disminuyendo el daño generado a su salud y la de aquellas personas que los rodean […]. Es tiempo de empezar una vida saludable, es tiempo de probar algo nuevo, es tiempo de hacer deporte y divertirse”.

Quienes adquieren un kit –los precios varían de 140 a 250 soles– pueden elegir entre una gama de vaporizadores de sabores variados –tabaco Marlboro, tabaco turco, vainilla, chocolate, café, uva, manzana y demás– y diferentes concentraciones de nicotina. “Estos productos no buscan reducir la adicción; más bien mantenerla, o incluso aumentarla. Ofrecen una alta dosis de nicotina que va directo al cerebro. Una vez que se aspira, la nicotina necesita de seis a ocho segundos para llegar al cerebro”, advierte Carlos Farías, médico oncólogo entrevistado para este reportaje.

Los cigarros electrónicos se incluyen dentro de la gama de los productos que no combustionan y, por tanto, no desprenden humo tóxico. En esa misma lógica, PMI y BAT han dirigido su mirada hacia el snus, una forma de tabaco que se administra vía oral, muy popular en Suecia. Se trata de tabaco molido finamente, envuelto en pequeñas bolsitas que se colocan debajo el labio superior –sin chuparlas ni masticarlas– por una hora antes de ser desechadas. Está hecho con hojas de tabaco molidas y curadas al sol, añadiéndosele agua, sal –para el sabor– y humectantes. Después es calentado en un proceso similar al de la pasteurización. “Funciona de maravilla en los países escandinavos”, sostiene Cánovas.

Animada por las posibilidades comerciales, BAT adquirió una empresa fabricante de snus. El negocio no ha marchado en la medida de lo esperado. El gran obstáculo ha sido la falta de costumbre de los potenciales consumidores. En Sudáfrica se intentó promover el hábito durante tres o cuatro años, sin mayor éxito, y las pruebas continúan en otros países. PMI también ha lanzado su propia marca de snus en Canadá y Rusia, con planes para una futura expansión. Pese a ello, la firma ha reconocido que el proceso de adopción del producto camina lento.

En tanto el snus no requiere combustión, las tabacaleras sugieren que se trata de un producto potencialmente menos nocivo que los cigarros tradicionales. Al respecto, la OMS advierte que en el año 2006 el Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer (CIIC) llegó a la conclusión de que el tabaco sin humo es carcinógeno para los seres humanos y causa neoplasias malignas en la cavidad bucal y en el páncreas. “El tabaco no fumado no es hoja pura; es procesada y las sustancias añadidas, que hacen agradable su consumo, es lo que generaría las complicaciones”, añade Farías.

En el Perú

En BAT señalan que el mercado de cigarrillos en el Perú equivale, en promedio, a 170 millones de cajetillas por año, incluyendo la importación ilegal. En comparación con otros países, no es mucho. Las estadísticas de The Tobacco Atlas revelan que el consumo local es de 137 cigarros por persona. Se calcula que 2.400.000 de peruanos consumen tabaco hoy en día: 1.900.000 hombres y 500.000 mujeres, y que unos 6.100 peruanos fallecen anualmente por enfermedades derivadas del tabaquismo.

Dado el innegable riesgo del producto que las tabacaleras ofrecen al consumidor, estas no pueden vanagloriarse públicamente de haber aumentado sus ventas. El punto de equilibrio que se busca como estrategia comercial, comentan en BAT, es garantizarles a los inversionistas un mayor retorno sin incentivar un incremento del consumo, ya sea apostando por la venta de marcas premium que cuestan más (como la reconocida Lucky Strike), robándole mercado a la competencia, o combatiendo a la importación ilegal. En esa idea de obtener ganancias sin promover el crecimiento del tabaquismo tradicional, los cigarros de potencial menor riesgo son, claramente, una opción comercial.

Como ya se dijo, los cigarros electrónicos ya se pueden adquirir en el país. Si las previsiones de las grandes tabacaleras se cumplen, es posible que en pocos años estos productos –o similares– empiecen a distribuirse globalmente con mucha mayor fuerza, lo que debería obligar, de una vez, al impostergable debate sobre su regulación.

Actualmente, en el Congreso peruano existe un proyecto de ley que busca prohibir todo tipo de publicidad de tabaco en los puntos de venta y centros de esparcimiento, como bares o discotecas. Estas iniciativas generan preocupación en las tabacaleras. El argumento es el siguiente: si se restringe toda publicidad, ¿cómo se podría comunicar a los consumidores la existencia de productos menos riesgosos para la salud? “Sería muy difícil”, declara Cánovas.

Este proyecto ya cuenta con doble dictamen favorable en las comisiones de salud y de defensa del consumidor, explica el congresista independiente Jaime Delgado, uno de sus más entusiastas promotores. Pese a ello, la iniciativa lleva unos dos años esperando su turno en el Pleno para su debate y eventual aprobación. “Supongo que hay ciertas presiones [para que no se vea]”, sostiene el legislador.

Delgado recuerda que hace unos meses el ministro de Salud, Aníbal Velásquez, interesado por el desenlace del proyecto, ofreció enviar un oficio a la entonces presidenta del Parlamento, Ana María Solórzano, para pedir que sea puesto en agenda de una vez. Delgado no conoce si esta solicitud se llegó a tramitar efectivamente.

El tabaquismo genera un importante gasto social. En Chile, de acuerdo con The Tobacco Atlas, el costo en el tratamiento médico de enfermedades relacionadas con el consumo de cigarros –para el año 2008– fue de US$ 1.100 millones. En Argentina, de 2.200 millones. Para las tabacaleras, los cigarros de potencial menor riesgo podrían ayudar a reducir las enfermedades ocasionadas por el tabaco tradicional. Pero desde el punto de vista médico, ello resulta claramente insuficiente: “La única manera en que se desecha el riesgo de contraer cáncer es la eliminación del consumo del tabaco. El ‘menor riesgo’ no es una política de salud aceptable”, argumenta el doctor Farías.

Mientras la búsqueda por el santo grial continúa, ambos lados de la historia empiezan a defender sus posiciones.