Bosque de Huarmey. Foto: Antamina

Escribe

Alejandra Cruz

Periodista

 

Una década después de que la “onda” de la responsabilidad social corporativa (RSC) llegara al Perú, está claro que el tema resultó ser más que una moda. Va tan en serio que una encuesta de Global Research Marketing encontró que en el 2013 el 23% de las empresas implementaba programas de RSC. Al año siguiente ya lo hacía el 58%.

 

El sector minero no es ajeno a esta tendencia. Según un estudio del Grupo Propuesta Ciudadana basado en cifras del Ministerio de Energía y Minas, entre el 2007 y el 2012 las mineras invirtieron S/. 4.468 millones en programas de RSC para cubrir brechas en educación, salud y nutrición, infraestructura, fortalecimiento de capacidades de gestión y promoción de cadenas productivas.

 

Pero no todos los programas definen metas con claridad ni cumplen las expectativas de los grupos de interés, no todos van de acuerdo con el core business de la empresa y demuestran que son sostenibles. Los casos que presentamos a continuación, en cambio, sí destacan por cumplir cualidades indispensables de la RSC. Como para seguir el ejemplo.

 

 

Hudbay Perú y la Oficina de Asistencia Técnica

 

A pesar del crecimiento que ha tenido el Perú en la última década, muchos problemas de las zonas remotas siguen fuera de la agenda nacional. Sus autoridades no tienen mayor acceso a los Gobiernos nacional y regional, y los funcionarios públicos muchas veces no cuentan con la capacidad profesional suficiente para gestionar los proyectos de inversión que se requieren en las comunidades.

 

Ante esta situación, Hudbay Perú creó en el 2013 la Oficina de Asistencia Técnica (OAT) para facilitar asesoría técnica y especializada a los Gobiernos locales. Así lo explica en su informe de responsabilidad social empresarial (RSE): “Si bien Hudbay no reemplaza ni reemplazará el rol que le compete al Gobierno en cuanto a satisfacer las necesidades de servicios públicos e infraestructura, sí puede apoyar a los Gobiernos locales, donde tiene sus proyectos y/o unidades de producción minera”.

 

La OAT brinda sus servicios a los Gobiernos locales en forma permanente, de lunes a domingo, para que la gestión de los alcaldes se desarrolle con visión gerencial, no solo operativa. Esta asesoría garantiza las gestiones necesarias y el seguimiento de los trámites ante las diferentes instancias del Gobierno nacional para obtener financiamiento público y/o privado para los proyectos de inversión pública considerados prioritarios. “De esta forma, la OAT también facilita la consolidación de alianzas empresa-Gobierno-comunidad”, explica el informe.

 

El rápido éxito de la OAT le permitió ganar el año pasado el concurso Creatividad Empresarial 2014 en la categoría de servicios públicos. Y es que la OAT está contribuyendo a maximizar la cantidad de proyectos aprobados para la asignación de recursos públicos. En Chumbivilcas, por ejemplo, en solo un año el número de proyectos aprobados se triplicó y las municipalidades en la provincia fueron elegidas para recibir más de US$ 18 millones en financiamiento.

 

“Es claro que gracias al programa los Gobiernos locales pueden obtener y ampliar sus presupuestos propios, generando mayores oportunidades de empleo, con especial énfasis en el ámbito de las comunidades campesinas, más aun para aquellos que no pueden acceder a las oportunidades profesionales que pudiera generar un proyecto minero”, destaca Hudbay.

 

 

Antamina y el bosque de Huarmey

Un bosque de 200.000 árboles crece en medio del desierto en la región Áncash y se ha convertido en hogar de más de 50 especies de aves, gracias a una iniciativa de la minera Antamina que comenzó en el 2001 como una forma de mejorar el uso del agua proveniente del proceso de transporte de sus concentrados de cobre y zinc, a través de su mineroducto.

La extracción minera de Antamina ocurre en los Andes de Áncash, 305 kilómetros al este de Huarmey, pero el traslado del mineral hasta la ciudad es posible gracias a un mineroducto que lleva el concentrado mineral, donde 40% es agua. Una vez que el agua con mineral llega al puerto, es separada por gravedad y tratada para la eliminación de contaminantes. Esa agua limpia es la que desde hace 11 años se usa para regar por microaspersión el bosque de Huarmey, el único de la zona costera de Áncash.

Eucaliptos, acacias, mioporos, huarangos, casuarinas y demás plantas que forman el bosque son aptas a las condiciones de la zona, y el sistema de riego está diseñado y programado según cada estación del año y de acuerdo con cada especie. Pero además se propuso usar este bosque como un laboratorio natural.

“Estudiamos hasta qué punto el agua tratada artificialmente, luego de su uso en minería, puede ser apta para determinados cultivos. Fue así que se sembraron especies frutales como papayos, mandarinos, lúcumos y granadas, que hasta hoy dan suculentos frutos”, explica el formulario de postulación de Antamina al premio Perú 2021.

Hoy el bosque de Huarmey se desarrolla con un mínimo de intervención humana. Pero la tecnología empleada (irrigación, viveros, producción de compost) ha dado empleo a las 24 familias locales y se usa con fines educativos en la localidad. “El bosque se ha convertido en la única barrera natural contra los grandes vientos cargados de arena que ya no alcanzan a las zonas agrícolas. Y para el 2012 el bosque ya había fijado 30.000 toneladas de dióxido de carbono”, resalta Antonio Mendoza, gerente de Medio Ambiente de Antamina.

Todos estos resultados gracias a una inversión de US$ 50 millones, que incluye la compra de terrenos en otra locación y un sistema de bombeo y tuberías en un rango de 50 a 100 kilómetros. Por todo ello, el programa fue galardonado en el 2012 con el premio Creatividad Empresarial de la UPC.

 

 

 

 

Poderosa y los mineros artesanales

En Pataz, distrito de La Libertad, donde la minería es una actividad ancestral, 267 mineros siguen el camino a la legalidad gracias al impulso que la minera Poderosa les ha brindado.

 

Con este programa, la compañía recupera el oro que le corresponde a sus concesiones, y a la vez disminuye los impactos en el ambiente y en la comunidad, aumenta la recaudación de impuestos, mejora las condiciones laborales de la zona y mitiga la conflictividad social.

 

El programa empezó en el 2010 con 12 mineros artesanales que firmaron con Poderosa convenios de acopio de mineral; es decir, se convirtieron en proveedores de la empresa. Así, obligados por su contrato, los mineros artesanales dejaron atrás sus días sin cuidados ambientales en el procesamiento de oro, la comercialización indiscriminada sin pagar impuestos y los vínculos con delitos como el lavado de activos y la trata de personas.

 

En el 2013, la empresa convirtió un paro de 25 días contra la formalización en una oportunidad para repotenciar el programa. “A la fecha, los primeros 28 mineros con autorización de inicio de operaciones trabajaban con nosotros. Y otros 267 mineros ‒que emplean a 2.100 personas‒ están en proceso de formalización”, detalla Jimena Sologuren, subgerente de RS y Comunicaciones.

 

Ese año Poderosa impulsó la formalización con la nueva legislación y el 2014 se enfocó en mejorar el servicio y la atención al minero artesanal, implementando mecanismos innovadores, entre ellos el pago en efectivo para que los mineros no pierdan días en cobrar un cheque, y la concentración de todos los trámites comerciales en una ventanilla única.

 

“El minero artesanal es un stakeholder muy complejo pues es comunidad, cliente, proveedor y socio. Por ello buscamos la mejor fórmula de trabajo”, asegura Marcelo Santillana, gerente general de Poderosa. Este esfuerzo ha sido reconocido por la Sociedad Nacional de Industrias y por Perú 2021 en diferentes ocasiones.

 

 

Yanacocha y Propapa

 

En la última versión del premio Perú 2021, la empresa minera Yanacocha destacó con el primer puesto en la categoría de comunidad gracias al programa “Producción Competitiva de Papa Nativa y Comercial en el Ámbito del Proyecto Conga” (Propapa). Su objetivo: promover la producción de papa nativa y mejorada a mercados locales, nacionales e internacionales, para generar una articulación comercial en los productores de esta región.

 

El resultado más reciente de la iniciativa financiada por Yanacocha, y ejecutada por Aders Perú, ocurrió en febrero pasado, cuando la Corporación Aders (Aderscorp) firmó un convenio para comprar la producción de papa nativa a diez asociaciones de productores de Cajamarca que cultivan este tubérculo a más de 3.000 metros sobre el nivel del mar, en los distritos de Huasmín, Sorochuco y La Encañada.

 

La representante de Aders Perú Celfia Obregón explicó, tras la firma del convenio, que se comercializarán más de 100 toneladas de papa nativa a la Corporación Aders. Con ello se beneficia directamente a 120 agricultores de las provincias de Celendín y Cajamarca.

 

Pero el programa en realidad comenzó hace cinco años y beneficia a 1.250 familias en 26 comunidades que han incrementado su producción de cinco a doce toneladas por hectárea. Ya en la campaña agrícola 2014, los productores habían abastecido con papa fresca y hojuelas Nativas Snacks a los supermercados Metro, Wong y Tottus, y a empresas proveedoras de alimentos. Yanacocha ha decidido no trabajar sola en la tarea de capacitar, instalar campos de producción comercial, asociar productores y abrir mercados para la papa nativa cajamarquina.

 "Las mineras estamos apostando por una sostenibilidad con mejora de la calidad de vida, para eso se debe trabajar de forma concertada con el Estado", explica el gerente de Gestión Social de Antamina, Darío Zegarra.

 

Por eso el programa ha sido un esfuerzo articulado con el Centro Internacional de la Papa, la Dirección General de Competitividad Agraria del Ministerio de Agricultura, el Instituto Nacional de Innovación Agraria y el Servicio Nacional de Sanidad Agraria. “Esta alianza estratégica crea un modelo innovador de desarrollo rural sostenible, que propicia un ambiente de armonía entre las comunidades y la actividad minera, centrada en la participación de los distintos actores”, destaca Perú 2021 en las memorias de la última edición de su premio a programas de RSC.

 

 

Buenaventura y Vicenta Ramos

 

Vicenta Ramos es una artesana emprendedora de la comunidad de Ccochaccasa, en Huancavelica, que la empresa Buenaventura presenta como un caso de éxito de su programa PRA Buenaventura. “Mujer solidaria y de emprendimiento, gran artesana y productora”. Así la definen en notas de prensa y reportes anuales de RSC.

 

En el 2011, un grupo de mujeres artesanas de Ccochaccasa, entre ellas Vicenta, acordaron promover un taller de artesanía textil: Makyss. Con el apoyo de su comunidad, presentaron la propuesta al proyecto PRA y fueron admitidas para recibir asistencia técnica especializada.

 

Pero Vicenta y sus amigas son solo unos cuantos de los beneficiarios del programa. PRA Buenaventura apoya a más de 600 productores de Arequipa, Huancavelica y la sierra norte de Lima, entre agricultores, ganaderos, textileros y artesanos. Todos ellos, al igual que Vicenta, buscan colocar sus productos en mercados seguros y sostenibles, desarrollar habilidades empresariales, nuevas técnicas, y mejorar sus procesos.

 

Esta capacitación permitió a Vicenta y a sus 30 compañeras de Makyss participar con éxito en dos ferias de venta directa realizadas en Lima y en la feria Perú Gift Show. Allí establecieron contactos comerciales con empresas de Canadá, Francia y Chile.

“Makyss logró establecer su personería jurídica, diversificar técnicas de producción, atender servicios de exportación a cuatro empresas y responder en forma sostenible a los pedidos de una tienda de venta directa con altos estándares de calidad”, resalta Buenaventura.

 

Pero la minera no trabaja sola en el PRA, sino que se esfuerza por sumar a las autoridades, a las ONG, a la cooperación internacional y a la sociedad civil. Su primera etapa se desarrolló entre el 2002 y el 2012 gracias a una alianza entre USAID y Buenaventura, y ahora ingresa a una nueva etapa, esta vez de la mano de Cáritas del Perú.

 

La empresa privada destinará S/. 11,4 millones hasta el 2017 y busca generar más de 300.000 empleos y superar los S/. 11 millones en ventas en sus tres años de ejecución, que beneficiarán exclusivamente a los productores locales.