Ilustración: Piero Quijano

Por Carlos León Moya

1

Desde las violentas alturas de Tacna, Roque Benavides mira a su alrededor: no hay ninguna comunidad campesina. Ninguna. “Confirmado, es un invento de Velasco” (1), dice para sí mismo montado en el lomo de su burro gris. 

A lo lejos, divisa una construcción sola, triste, terrorífica. Por fin. “¡Apura, borrico!”. Roque se acomoda el poncho rojo, acaricia al burro. Ve un portón negro y unas grandes letras amarillas: INPE, Challapalca. 

–Buenos días, señor saluda Roque–. Vengo a buscar al reo Gregorio Santos.

–Perdón, papito. ¿Quién eres, qué se te ha perdido?

–Soy Roque Benavides Ganoza –mira hacia abajo con desdén, se saca el sombrero, palmea al burro.

–¡Señor Benavides! Claro, claro que lo conozco, siempre lo veo en los periódicos, allí sale siempre su foto. No lo reconocí por el disfraz.

–Estoy vestido de rondero porque vengo a hablar con el reo Gregorio Santos.

–El Goyo Santos no está aquí, señor Benavides.

–¿Cómo que no? 

–No pe, señor Benavides, acá no está. Él anda en Piedras Gordas. Quien sí está aquí es el señor Orellana. Si quiere se lo bajo. ¡Rogelio, bájate a Orellana!

–No, no, qué disparate. Yo vengo por Santos. ¿No está acá? 

–No pe. Piedras Gordas, le digo.

–Ni modo. Ya tendré tiempo de calcinar al animal que me trajo aquí.

Roque Benavides se pone el sombrero de vuelta, se acomoda la ojota, monta en el lomo del burro. Se despide del personal del INPE.

–Perdón, señor Benavides, una curiosidad: ¿cómo se llama su burro? –pregunta uno de ellos.

Roque mira la cara del burro, piensa un buen rato.

–Se llama Carlos Gálvez. 

Y parte.


2

Muchos días atrás, en alguna sala de Lima la gris, sonó un celular. Carlos Gálvez deslizó suavemente su índice hacia la derecha. ¿Aló?

–¡Jefe! Sí, aquí estoy armando mis presentaciones con Hermelinda (2). Claro, ella es mi focus group. Averigüé lo de Santos. Está en Challapalca. No, no, eso de Piedras Gordas es una farsa, el Gobierno lo tiene en Challapalca, arropadito con frazadas de tigre, le dan sopita de pollo en las mañanas, el guachimán de Pulgar Vidal (3) le pica las verduras. Así es la izquierda, Roque. ¿Estás seguro de ir vestido como rondero? No entiendo tu jugada, Roque, en serio. ¿Para qué te vas a reconciliar? ¿Te caíste de cabeza, te volviste evangelista? ¡Si ya está preso, Roque! Mándale fruta nomás, una chirimoya, una papayita, una guanábana con Racumín. Esa idea del minero autocrítico y dulce (4) no me la trago, Roque, discúlpame. Tampoco tu populismo. En vez de comprarte un burro, comprémosle publicidad a RPP, saquemos un folleto con El Comercio, hagamos una maratón de Rumbo Minero. Hay que ganarse a la gente de otra forma. La Sociedad Nacional de Minería no se va a plegar a tu idea, Roque, de ninguna manera. No vamos a… Sí, Roque, yo sé que estoy allí como Buenaventura, pero… No, jefe, no quise… no, no me has entendido, jefe… lo siento, jefe… entiendo, jefe, pero qué tiene que ver mi mamá… Está bien, jefe, me voy a echar miel encima. Minería dulce, sí, jefe, nada de bravuconadas… Entendido. Negociar, negociar, negociar. ¿Lo sigo repitiendo, jefe? Perdóneme, se me salió la parafernalia. Yo sé, jefe, le prometo que me voy a portar bien, le juro que no se me van a ir los eléctricos del gremio. Sí, jefe, en Challapalca. Cualquier cosa me llama. Hasta luego, jefe.

–¡Hermelinda! –gritó Carlos Gálvez tras lanzar el celular a la pared–. ¡Ven a la sala y dime si entiendes esto!

Traje negro, delantal blanco, cara de Día del Indio 1967, Hermelinda salió de la cocina y se sentó en el mueble junto a Gálvez. “Mira, Hermelinda, esto es lo que voy a decir”. Pasó las diapositivas y empezó: “Si baja la minería, te quedas sin trabajo; si se van las inversiones, se cae el país; ¿por qué Tía María sí irá?, porque en Arequipa la gente es más educada (5); el Ministerio del Ambiente: bloquea (6); el Ministerio de Energía: promueve; el presidente: no tiene liderazgo (7). Todo bastante básico, como para que entiendas. ¿Entiendes no?”. 

–Sí, señor –dijo Hermelinda. 

–Ahora sírveme el almuerzo.

Hermelinda, sudorosa, traje negro, llevó un plato humeante.

–Falta la bebida.

Hermelinda, cansada, delantal blanco, dispuso una pequeña jarra.

–El postre pues, mamacita.

Hermelinda, cojeando, Día del Indio 1967, apareció con un strudel de manzana.

Luego se puso una pluma en la cabeza.

–¿Y esa pluma, Hermelinda?

–A ver si me consulta algo, señor (8).


3

Un hombre alto y calvo baja de un colectivo. Usa un polo blanco pegadito con rayas de colores. Mira a su alrededor: arena y más arena. Al fondo, un local color pichi: Piedras Gordas. Camina con paso seguro, las rayas de colores de su polo se mueven junto a él. Es Roque Benavides, vestido de shapi.

–¿Su nombre, señor? –pregunta el funcionario del INPE.

–Roque, el dulce (9).

–¿Perdón?

–Roque Benavides Ganoza. Vengo a buscar al reo Gregorio Santos.

–¿Usted es familiar? ¿Tiene cita?

–Sí, somos primos. Y también tengo cita.

Tres sujetos con chaleco de cambista catean a Roque Benavides. ¿Lleva cámara, micrófono, celular, beeper? Nada de nada. ¿Por qué está vestido así? Porque quiero ganarme a la población. ¿No hubiese sido mejor algo más actual, señor? Es que yo soy el minero dulce.

–Adelante. Nosotros lo vamos a llevar.

–¿Cuál es la celda de Santos? –pregunta Roque.

–La del fondo.

Escoltado, Roque Benavides atraviesa un largo pasadizo con celdas a los costados. Le gana el morbo y voltea. Encuentra al Cholo Jacinto dibujando un mapa con una crayola. Más adelante ve a Facundo Chinguel, se topa con Antauro Humala parado de manos e imitando a un mono. Y al fondo, en el lugar más oscuro y frío de la cárcel, los guardianes abren una reja. Aquí es, señor Benavides. Déjenos solos, por favor.

Gregorio Santos está en cuclillas en un rincón, mirando a la pared. Tiene un lápiz en la mano, la pared está pintada: juega michi consigo mismo.

–¿Qué haces acá? –seco, sin mirarlo.

–Vengo a conversar, Goyo.

Santos le da la espalda. Empieza una nueva partida de michi.

–Goyo, ya casi es Navidad. El gobierno de Humala ya se acaba, solo le quedan meses. ¿Recuerdas lo de Conga? Fue hace casi cuatro años, Goyo. Cuatro años. Con Humala los dos hemos perdido. Hablo en serio, Goyo: perdimos los dos. Tú te quedaste sin tu libertad y yo perdí Conga.

Santos sigue jugando michi. 

–Yo sé que las empresas mineras hemos fallado en varias cosas. No socializamos los proyectos, reventamos los cerros y la gente ni entiende. No comunicamos los beneficios, solo creamos desconfianza… Lo sé, Goyo. Soy autocrítico. Pero es Navidad. En unos meses habrá un nuevo gobierno y no quiero dejar esto así. Vengo a hacer las paces.

Benavides estira la mano. Gregorio Santos deja el lápiz en el piso y su michi a medio jugar. Se para, voltea, mira la mano de Benavides. Avanza hacia ella. Se sienta finalmente en su catre.

–-Qué paces se pueden hacer con un preso, hermano –dice Goyo, resignado–. Estoy aquí como una rata, jugando michi todo el día. Y vienes a reconciliarte así, de la nada… y encima vestido de shapi.

–Quiero abrir una nueva etapa en la minería, Goyo. Por eso me visto así, para tener contacto con la gente, para ser dulce. A Challapalca fui a buscarte vestido de rondero. Hasta me compré un burro.

Goyo sonríe, ojos iluminados.

–¿Cómo se llamaba tu burro?

–Carlos Gálvez.

Vuelve a sonreír.

–Bonito nombre.

–¿Ves, Goyo? Estoy cambiando, pero de a poquitos. Gálvez es un buen hombre, pero es así, honestidad brutal.

–Honestidad bruta, será…

–Sí pues, es medio bestia.

–Tú me quieres enamorar hablando mal de tu gente, ¿no? –agrega Santos, desconfiado.

–No, Goyo. Quiero que busquemos coincidencias. ¿Para ti Pulgar Vidal es un traidor?

–Sí.

–¡Para mí también! ¿Humala te parece un mequetrefe?

–Desde luego.

–¡Igual a mí! ¿Ves? No somos tan distintos. Este gobierno nos ha jodido a los dos por igual, Goyo, entiéndelo. Y yo no quiero que pienses que estás preso por mi culpa.

–…

–Claro que no, Goyo. Además tenías razón, me iba a volar tu lagunita. Pero eso ya es pasado, Goyo. Ahora soy distinto. Nada de mandarte a recoger mercurio con las manos, nada de dinamitar un apu, nunca más un comentario sobre indígenas con plumas. Yo quiero que la gente vea a las mineras como un amigo más, no como un dueño o un señorón que le grita a la empleada para que le traiga la comida. El minero es tu chochera, ese va a ser mi mensaje. Ayúdame a cambiar, Goyo. Perdóname. Te ayudaré a salir. Ven, toma mi mano, hagamos las paces.

Gregorio Santos Guerrero, bividí blanco, pantalón roto, mira la mano estirada de Roque Benavides Ganoza, largo y altivo, polo de Los Shapis, rayitas de colores. Duda. Apoya las manos en su regazo, se levanta pesadamente. Lo tiene al frente. Es mucho más alto, tanto que tiene que levantar la mirada. Pero ya no es David y Goliat. Los dos han perdido. Santos está preso, pero a Roque no lo quiere nadie. Qué va, ya casi es Navidad. Lo mira a los ojos, le da la mano. Reconciliación.

Cuando Goyo despertó, el michi todavía estaba allí.


* * *


(1) “Acá se da por hecho que las comunidades han existido toda la vida, pero las comunidades son hechas en el gobierno de Velasco. No existían las comunidades, no existían” (Roque Benavides, 14 de setiembre del 2011).

(2) “Mira, yo estoy acostumbrado a preguntarle a mi empleada si me ha entendido las presentaciones que hago acá” (Carlos Gálvez, 13 de mayo del 2015).

(3) “Eso es lo que se espera de una autoridad (como el Ministerio del Ambiente). No que diga no. Eso lo puede hacer el guachimán de la esquina” (Carlos Gálvez, 5 de febrero del 2015).

(4) “Por eso es que las empresas tenemos que socializar los proyectos. Tenemos que ser más dulces, pues […] Hay que ser autocríticos” (Roque Benavides, 21 de mayo del 2014).

(5) “Lo creo y lo espero [que Tía María salga antes de Conga]. El departamento de Arequipa tiene una población educada que entiende el beneficio de las inversiones” (Carlos Gálvez, 5 de febrero del 2015).

(6) “Hasta ahora no he visto al Ministerio del Ambiente proponer nada. Lo único que saben es decir no a las inversiones” (Carlos Gálvez, 5 de febrero del 2015).

(7) “[Al presidente] no le veo convicción sobre la importancia de la industria minero energética. Y la falta de liderazgo político está retrasando los proyectos” (Carlos Gálvez, 5 de febrero del 2015).

(8) “Si además ponemos la consulta previa –que todavía no se ha realizado en actividad minera– a comunidades que no tienen el perfil para ser consultadas, a cualquiera que se pone una pluma para tener derecho a ser consultado, la cosa será aún más difícil” (Carlos Gálvez, 27 de mayo del 2014).

(9) Ver nota 4.