Comencemos diciendo que todo es relativo. Dicho esto, nunca he creído que Pedro Pablo Kuczynski (PPK) sea un ortodoxo o fiel creyente del liberalismo a ultranza (neoliberalismo). Tampoco creo en el concepto de lobista-ladrón que la izquierda ha pretendido imprimirle. Sí que ha cometido errores no menores (como la exportación del gas de Camisea), y ha propuesto ideas peligrosas para un país como el Perú (privatizar Sedapal).


¿Por qué no eran estas ideas producto del pensamiento de una persona ortodoxa? Porque, si nos dejamos llevar también por los hechos, recordaremos que en la campaña del 2001 el plan de reactivación económica liderado por Perú Posible era heterodoxo: impulsó el gasto y la inversión pública para revertir la recesión de cuatro años que dejó Fujimori (y con déficit fiscal de 3% del PBI). En esa campaña fue el PPC el que apostaba por el ajuste fiscal para cerrar el déficit y así “recuperar la confianza de los inversionistas”. Los resultados posteriores, así como la experiencia reciente en Estados Unidos y en la Unión Europea, demostraron que la heterodoxia tenía razón. Fue también PPK quien creó el fondo para subsidiar el consumo de la electricidad, y fue durante ese gobierno que, contra la crítica de la mayor parte de medios de comunicación, se creó el programa Juntos.

Todo lo anterior me tocó verlo como periodista. Luego, en mi breve paso por el Ministerio de Economía, pude ser testigo indirecto de cómo mientras el SNIP se oponía a la construcción de la carretera Interoceánica, PPK la apoyaba. Su posición no tenía que ver con razones económicas (aunque a estas alturas habría que decir que en esto el SNIP también estaba equivocado). Las suyas eran más bien razones sociales y políticas.

Es por ellas que PPK me ha parecido sobre todo un pragmático. De derecha sí, pero pragmático en esencia. Que cree en el libre mercado y en la inversión privada sí, pero que a la vez está abierto a escuchar nuevas ideas y a comprender variables que van más allá de lo puramente económico. La pregunta que me ha quedado siempre flotando es ¿cuánto?


En la entrevista que publicamos en la edición edición de junio de la revista PODER, verá a un Kuczynski que tal vez lo sorprenda. Un Kuczynski que se retracta, por ejemplo, de la idea de privatizar Sedapal, pues como ya es conocido (o debería serlo), en los países donde se aplicó el esquema para los servicios de agua potable, este está sufriendo un fracaso rotundo. Un Kuczynski que apuesta sobre todo por la educación pública, por la diversificación productiva a su manera, que entiende la problemática detrás de Tía María, etc.


De hecho, durante la entrevista recordé que, durante el gobierno de Toledo, desde las páginas del diario El Comercio se lanzaban críticas directas a las propuestas y políticas dictadas por el MEF, con su nombre y apellido. Y no me cabe la menor duda de que las ideas que da en esta entrevista, como las que seguramente lanzará ya en campaña, despertarán el lanzallamas de la derecha más recalcitrante.


No es lo único que transmite la conversación con él. También es posible afirmar que, de los que conocemos hasta ahora, Kuczynski es técnicamente el candidato con mayor conocimiento del aparato público. Su experiencia, particularmente en el gobierno central, le permite entender con rapidez los problemas y posiblemente lo ayudará a iniciar reformas que a otros les tomaría al menos un año estructurar.


¿Será todo esto suficiente para ganar una elección? Más aun, ¿será suficiente para gobernar un país? Kuczynski tendrá que mostrar esto y más en una campaña que no será fácil. Desprenderse de conceptos impregnados o potencialmente impregnables en el imaginario popular será todo un reto. De ganar la elección, gobernar será aun más complicado. Él lo tiene claro, y sabe que requiere de una posición sólida en el Congreso. ¿Logrará el asesor en márketing político Luis Favre ponerle el polo rojo a PPK? Veremos. 

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