La escuela de negocios Centrum, de la PUCP, ha publicado los resultados del Ranking de Competitividad Mundial 2015 – que evalúa desempeño económico, eficiencia de gobierno, eficiencia en los negocios e infraestructura–, que anualmente realiza en asociación con el IMD. Las cifras para este año revelan que, de 61 países evaluados, el Perú ocupa el puesto 54 (en el 2014 ocupó el puesto 50). A nivel de factores, el país ha registrado retrocesos en 19 de 25.


El panorama a largo plazo muestra que el Perú ha tenido un permanente descenso en este ranking desde que empezó a ser evaluado en el 2008. Por entonces, ocupó el puesto 35 y destacaba en factores como el mercado laboral. Hay que tener en cuenta que en aquellos años el mundo aún atravesaba los efectos de la crisis mundial en el que las economías emergentes tuvieron una singular resistencia. Sin embargo, a pesar del tiempo transcurrido y el incremento del PBI, no ha habido una mejora en la competitividad. Lo que da espacio a la pregunta cada vez más común, que también se plantea Daniel Saba, del Centro de Desarrollo de Infraestructura y Tecnologías de Centrum: “¿nos hemos desarrollado o solo hemos crecido?". 


Diversos analistas alertan sobre la urgencia de tomar medidas que, muchas veces, son de corto plazo y así promover la competitividad. Sin embargo, hay otras que, como señala Saba, no son políticamente rentables a la brevedad, pero sí son fundamentales para que el Perú mejore, como lo es el desarrollo de infraestructura –donde según el Ranking, Perú ocupa el puesto 60 de 61 países–.


“Los inversionistas son muy celosos de que haya infraestructura en un país”, afirma Saba. Y Perú tiene una calificación pésima en este rubro: en infraestructura básica ocupa el puesto 53/61; en infraestructura tecnológica, 60/61; en infraestructura científica, 69/61; en salud y medio ambiente, 48/61 y en educación. “Cambiar la prioridad del gasto público –potenciado con el aporte privado– cambiándola desde el gasto corriente hacia el gasto en infraestructura, podría permitir un crecimiento más sólido y un verdadero proceso de desarrollo”, señala.


Por el lado de la eficiencia en los negocios, el Perú ha caído del puesto 43 al 50. En cuanto al factor mercado laboral Luis Carpio, del Centro de Desarrollo Empresas de Centrum, lamenta que, a pesar de las épocas de bonanza, no se ha logrado mejorar las condiciones laborales y agrega que, con el contexto económico actual, es poco probable que pueda revertirse esta situación. Los peores indicadores son mano de obra calificada, capacidad para atraer y retener talento, habilidad financieras y capacitación laboral.


En productividad y eficiencia, el Perú se ha mantenido estancado en el puesto 50. Y si bien el Ranking de Centrum e IMD muestra que varios países están sobre nosotros, otras evaluaciones evidencian que este es un mal de escala global.


Según reporta el Financial Times, un estudio del think tank Conference Board señala que el resultado por trabajador a nivel mundial creció el año pasado al ritmo más bajo desde el inicio del nuevo milenio. En cuanto a la productividad laboral el crecimiento global fue de 2,1%, muy por debajo del promedio de 2,6% registrado entre 1996 y el 2006.


Es común oír a diversos analistas locales y diversas empresas de consultoría afirmar que la flexibilización de la leyes laborales es el camino ineludible para aumentar la productividad. Sin embargo, no es la única alternativa. “La innovación y la tecnología aportan mucho al desarrollo de la productividad, así como la capacitación de la mano de obra”, afirma Luis del Carpio.


El deterioro de los pilares que componen el índice de competitividad también ha alcanzado al desempeño económico del país. Esto ha ocurrido por tres factores: la caída del precio de los metales, la disminución del crecimiento del PBI, la devaluación del sol frente al dólar y el sobreendeudamiento de las personas. Esto último es riesgoso porque, como señala César Álvarez, del Centro de Desarrollo de Economía y Recursos Naturales de Centrum, si la economía no llegara a despegar desde las actividades económicas, tendría que hacerlo vía el consumo. Y con mayor endeudamiento las personas destinan cada vez mayor parte de sus ingresos a amortizar sus créditos y ya no a gastarlos, lo que afecta el consumo.


El pilar de eficiencia de gobierno registra un descenso en todos los factores evaluados. Sin embargo, Álvarez destaca que existe uno que no ha sido cuantificado, pero que también afecta la competitividad: la corrupción. Según cálculos de Centrum, las pérdidas por causadas por la corrupción pueden llegar al 5%del PBI. Para contribuir con la solución de este problema, propone la reestructuración del Poder Judicial, la Fiscalía de la Nación y el Sistema Nacional de Control.


Todos los especialistas coinciden en que, de seguir esta caída en el Ranking existe el riesgo de que el Perú ya no aparezca entre las 61 economías evaluadas. Es decir, que el país ya no se encuentre entre los más competitivos del mundo.