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Las contradicciones dentro del gobierno griego aumentan las tensiones de un país que se juega su lugar en la Unión Europea y la credibilidad del partido oficialista Syriza que prometió acabar con las “políticas de ajuste neoliberal”.

Primero el ministro griego del Interior, Nikos Vutsis, aseguró que los 1.600 millones de euros que deben para el mes de junio no se podrían pagar porque “el dinero no está” y que se espera que haya un acuerdo para que el país “respire”. A este lo respaldó el vice canciller y encargado de asuntos europeos griego, Nikos Chountis, que fue aún más claro: “"No tenemos el dinero. No pagaremos, es así de simple".

Pero al día siguiente el vocero griego sostuvo que pagar la deuda era una obligación del gobierno. “Es la responsabilidad del gobierno pagar todas estas deudas, pero también es la responsabilidad de los acreedores de ser fieles a las obligaciones de sus préstamos", dijo Sakellaridis, quien también calificó de “necesidad imperiosa” alcanzar un acuerdo con la eurozona.

El acuerdo que deberían de trazar con la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional consiste en una serie de reformas económicas para que las instituciones internacionales desembolsen 7 mil 200 millones de dólares que conforman el segundo paquete de rescate para el país. Las negociaciones llevan tres meses.

De lo contrario, ya el ministro de Finanzas griego, Yanis Varufakis, adelantó cuáles podrían ser las consecuencias: la bancarrota del país en una cuanta semanas y una posible salida del euro, según el peor escenario posible.