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Después de una depuración de transferencias indebidas y descubrir que realmente no había ninguna crisis en el Banco del Vaticano sino que el dinero se había ocultado, el Instituto para las Obras de Religión (como es su nombre oficial) presentó su informe anual de 2014 en el que señala que sus utilidades son casi 25 veces mayores que en 2013.


Las cifras del banco pasaron de 3,1 millones de dólares a 76,1 millones. Esto debido a que, además de la correcciones internas, el banco puso énfasis en “la negociación de títulos y la disminución de los costes operativos de naturaleza extraordinaria”.


El banco sirve a miles de organizaciones benéficas católicas, órdenes religiosas y diócesis de todo el mundo. Durante los últimos años, estuvo tratando de sacudirse la reputación de tratos turbios: investigación criminales, renuncias en altos niveles y acusaciones internacionales sobre lavado de dinero.


Ahora, bajo la nueva gestión del cardenal australiano George Pell como prefecto de la secretaría de Economía de la Santa Sede, se cerraron más de 4 mil cuentas y se trabaja po ua mayor transparencia. El presidente del banco, Jean-Baptiste Douville de Franssu dijo que se realizaron  "progresos significativos" en la adaptación al nuevo entorno regulatorio, la revisión de su interacción con las autoridades fiscales, y el “abordamiento” del "mal uso" del pasado.