Foto: AFP

En la zona oeste de Asia, la crisis política en la que se ha envuelto Macedonia la última semana incomoda al gigante del continente, Rusia. Este último, anunció en enero el proyecto de un gasoducto de aproximadamente 45 mil millones de dólares en el cual el gobierno actual macedonio es una pieza clave.


En el pequeño país asiático miles de personas exigen la renuncia del primer ministro Nikola Gruevski, quien está involucrado en una serie de escuchas realizadas supuestamente por el gobierno a 20 mil opositores, aliados, periodistas, jueces, entre otras personalidades. A ello se suma el control ejercido durante nueve años de gobierno sobre los medios de comunicación, los tribunales y los procesos electorales, señala El País.


El acuerdo entre Macedonia y Rusia supone que deben pasar por alto la crisis en Ucrania para que Rusia mantenga su influencia sobre el gas y la sanciones provenientes de la Unión Europea. Debido a eso el primer ministro, Nikola Gruevski, es abiertamente amigable a Moscú.


La caída del gobierno actual de Skopje debilitaría la posición de Putin en la zona. Rusia no esperó para tomar una posición al respecto y acusó al “exterior” de estar controlando la protestas macedonias. “La razón detrás de esto es el deseo de influir en él en relación con su negativa a unirse a las sanciones anti-rusos”, señalaron desde la agencia rusa de comunicaciones.