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Brasil acentuará este año la contracción de su PBI que pasará de 1,20%, promedio del año pasado, a 1,24%, según una encuesta realizada a 100 economistas. Esta sería la mayor caída en 25 años e implicaría que la inflación también aumente ligeramente a 8,37%.


Los pronósticos se suman a cifras públicas que ya preocupan al gobierno brasilero. El Banco Central señaló hace unos días que el índice de actividad económica -que mide la actividad en los sectores de agricultura, industria y servicios- cayó 0,8% en el primer trimestre del año, particularmente en marzo. El desempleo también alcanzó sus índices más altos desde mayo de 2011.


La presidenta Dilma Rousseff sintió la caída también en su popularidad, que se desmoronó hasta el 12% en abril. Según Reuters, las políticas intervencionistas durante su primer mandato, el gasto público excesivo y la inflación provocaron una desconfianza empresarial que explicaría, en parte, la desaceleración. Por ello, desde su reelección, Rousseff recortó el gasto y aumentó los impuestos para recuperar la confianza de los inversores.


Ahora se espera que congele hasta 80 millones de reales, aumenten aún más los impuestos -hasta un 14%, una de las cifras más altas de la región- con el fin de cumplir su meta fiscal clave este año.