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Este 29 de mayo la FIFA, el órgano rector mundial del futbol, decidirá quién será el encargado de dirigir la asociación por los próximos cuatro años. Ese jueves desaparecen todas las diferencias, por más grandes que sean, entre los 209 miembros. Ya sean campeones mundiales o hayan ganado solo cuatro partidos en toda su historia. Ese día cada país cuenta con un voto. Así funciona el sistema de extrema democracia en la FIFA.


Pero la mayor democracia no siempre genera los mejores resultados. Joseph Blatter, de 79 años, está en el cargo desde 1998, gestiona su quinto mandato consecutivo y postula para el sexto. Y esto a pesar de las múltiples acusaciones de corrupción entre los líderes respecto al mundial en Qatar, los contratos con empresas como MasterCard y Visa, además de posturas equivocadas como tratar de resolver los casos de racismo con un apretón de manos o ajustar los pantalones en el futbol femenino para que mejore su mercado.


Después de que otros dos candidatos se retiraran este jueves -entre ellos el ex jugador portugués Luis Figo-, el otro candidato es el príncipe Ali bin Al Hussein, miembro del comité ejecutivo de la FIFA. Pero Blatter sigue siendo el favorito en particular por países de África, Oceanía, América Central y del Sur y zonas de Asia. La UEFA, el organismo del fútbol europeo, es su principal rival, ya que esta reclama una renovación de las altas esferas.


No solo se trata de fútbol. Como recoge The Washington Post, solo en el periodo del 2011 al 2014 la FIFA generó 5 mil 720 millones de dólares de ingresos y cuenta con una reserva de efectivo de 1.52 mil millones de dólares.


El mismo diario detalla que desde la llegada de Blatter como director técnico de la FIFA en 1975, las membresías se incrementaron de tal manera -Oceanía pasó de 4 a 11 países miembros, por ejemplo- que se reconfiguró todo el sistema de poder de la organización


Uno de los principales programas que se critican a la gestión actual se llama Goal, creado para acortar las brechas del futbol en países poco desarrollados, los cuales pueden pedir hasta 600 mil dólares para tareas dedicadas a mejorar el fútbol en dichos países. Este sistema, se cree, es la principal estrategia de fidelidades de la FIFA.