De vez en cuando y siempre ante las oportunas cámaras de la prensa, el presidente ruso Vladimir Putin cuelga los ternos y decide dar algunas muestras -acaso arbitrarias, acaso justificadas- de "masculinidad" casi anabólica. Ha aparecido descamisado y de cacería en la fría Siberia; o buceando en el Mar Negro y sus profundidades; o cabalgando en tierra áridas (también mostrando los pectorales, detalle importante); o practicando judo, conduciendo un auto de Fórmula Uno, y una retahíla de escenas de lo más inimaginables.

La última de estas viriles demostraciones consistió en un partido de hockey en el que marcó ocho tantos. Ocho tantos con la ayuda del golero, por supuesto, que le permitió lucirse en la pista de hielo. Pero detrás de todo ese espectáculo surge la pregunta: ¿por qué a Putin se le impone la urgencia de ostentar todas esas "destrezas"?

Una nota de The Economist explica bien que en la misma Rusia resultan poco creíbles y verosímiles las acrobacias de Putin. Nadie cree ninguna de sus exhibiciones -tan llamativas como orquestadas- y los memes que se burlan de ellas lo demuestran. Además, las supuestas manifestaciones de fanatismo que genera el mandatario -club de fans, legiones de admiradores motorizados, etcétera- también son parte de una gran maquinaria propagandística. El absurdo del "meanwhile in Russia" en niveles presidenciales, pero nada más.

Con ese razonamiento, es lógico deducir que Putin y su equipo de imagen saben que sus "sutilezas" no van a persuadir a la escéptica población rusa; pero sí pueden coreografiar una serie de representaciones sobre el ideal de la virilidad. "El señor Putin no es tanto un objeto de culto, sino un sumo sacerdote de esa cultura. Un conducto para sus esperanzas de una vida mejor", dice la nota.

Y, finalmente, la otra gran demostración de este macho alfa radica en el poder de la mentira por la mentira. La posibilidad de usar recursos a todas luces sobreactuados, que desvíen la mirada de aspectos verdaderamente graves como la encarcelación de opositores o la invasión militar a otros países. En resumen, una forma de dejar en claro que quizá Putin no tiene la destreza para anotar ocho goles en el hockey ni cazar osos polares, pero sí tiene la habilidad para seguir fingiéndolo sin que nadie se atreva a cuestionarlo.