Desde hace 20 años representantes de 193 países se reúnen –convocados por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC)– cada diciembre en las conferencias de las partes (COP) en busca de soluciones a un problema común: el cambio climático. Tanto tiempo invertido y, sin embargo, poca voluntad para lograr un acuerdo global.


Este diciembre se llevará a cabo la COP21 en París, la última oportunidad para tomar decisiones y compromisos vinculantes con miras a mantener el calentamiento global por debajo de los 2ºC. Previo a que ésta empiece, los países parte de la convención deben cumplir con uno de los temas centrales establecido en la COP20.


En Lima, en diciembre pasado, se alcanzó un acuerdo en el que se instaba a todos los países a concretar sus objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) antes del 31 de marzo del 2015: las contribuciones previstas y determinadas a nivel nacional (Intended Nationally Determined Contribution, INDC). No obstante, hasta el momento solamente 35 naciones han publicado sus contribuciones. El plazo final será en octubre.


En realidad, durante la COP19, en Varsovia, ya se había invitado a las partes a iniciar o intensificar los preparativos internos en relación con las contribuciones determinadas a nivel nacional que tuvieran previsto hacer.


¿POR QUÉ HABLAR DE LAS CONTRIBUCIONES?

La COP 20 celebrada en Lima no alcanzó el resultado que se esperaba, por lo que las INDC se han convertido en el eje de las negociaciones que se desarrollarán en París.


Las contribuciones deberán tener en cuenta procesos internos e internacionales y cumplir los requisitos de amplitud, transparencia y ambición negociados en el marco de la CMNUCC. Los compromisos toman en cuenta las realidades de cada país, mediante acciones de mitigación, adaptación, financiación, desarrollo de capacidades y transferencia tecnológica.


Además deben contener el horizonte de trabajo, la estrategia de implementación, los mecanismos de monitoreo, así como la información cuantificable sobre mitigación, tales como: punto de referencia incluido año base; periodos de implementación; alcance sectorial, gases y cobertura geográfica; procesos de planeamiento; enfoques metodológicos, incluidos aquellos para la estimación y contabilidad de emisiones antropogénicas de GEI y sus absorciones.


Anteriormente llamados compromisos, estas contribuciones afectan a sectores productivos estratégicos que deberán transformarse para alcanzar los compromisos de cada país. La conversión hacia una economía baja en carbono supone además un cambio de modelo energético que afecta a la producción, consumo, financiación e innovación tecnológica, y necesita de la sensibilización e implicación de la opinión pública.


Precisamente esta modificación del modelo económico es el que ha generado controversias y dilatado un acuerdo total. Lo vimos en las negociaciones de Lima y en lo que queda de la ruta hacia la COP21 las partes tendrán que hilar fino.


¿Y LAS CONTRIBUCIONES DEL PERÚ?

“La contribución nacional del Perú refleja el compromiso de todos los actores y sectores sociales en la construcción de una visión país”, señaló recientemente el ministro del Ambiente y presidente de la COP20/CMP10, Manuel Pulgar-Vidal, durante la presentación de los avances del país en el proceso de formulación de las INDC.


Ya en el 2010, el Perú se había comprometido con la CMNUCC en tres puntos: lograr una tasa de deforestación cero para el año 2021, el cambio en la matriz energética para alcanzar un porcentaje de energía renovable y la mejora de la gestión de los residuos sólidos. Aunque desde entonces no ha habido los avances esperados.


Como país parte de la convención desde 1992, el Perú tiene el compromiso de informar las acciones que ha adoptado o prevé adoptar para contribuir al esfuerzo global de reducir las emisiones de GEI.


“La formulación de las contribuciones permitirá fortalecer el posicionamiento del país en las negociaciones; mantener su competitividad cumpliendo con los nuevos requisitos del mercado (compradores, financistas, OECD, etc.); conservar el crecimiento económico, con menores emisiones de carbono; canalizar esfuerzos y financiamiento para desarrollar oportunidades de negocio; obtener los beneficios sociales, económicos y ambientales de las oportunidades de negocio con componentes de mitigación de GEI, y desarrollar objetivos de largo plazo de carácter multisectorial que dan estabilidad a inversionistas locales y extranjeros”, dice Pulgar-Vidal.



SECTORES PRIORIZADOS POR EL PERÚ

Son cinco los sectores priorizados para el diseño de acciones nacionales orientadas a la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero: energía, transporte, agricultura, residuos sólidos y uso de suelo, cambio de uso de suelo y silvicultura (USCUSS). El Minam los ha seleccionado porque son los mayores emisores de GEI, de acuerdo al Inventario Nacional con año base 2010 y, por tanto, poseen un mayor potencial de mitigación.


En la elaboración de las INCD, el Minam ha convocado a los sectores público y privado, ONG, organizaciones de pueblos indígenas, organizaciones de mujeres, universidades, organizaciones de jóvenes y sociedad civil. “Esto expresa el compromiso del Estado peruano de involucrar a la ciudadanía en general en la respuesta frente al cambio climático. Sin embargo, la responsabilidad y el liderazgo del proceso lo asume el Estado”, dice Gabriel Quijandría, viceministro de Desarrollo Estratégico de los Recursos Naturales del Ministerio del Ambiente.


El funcionario señala que la INDC peruana será presentada sobre la base de acciones, a diferencia de las presentaciones de los otros países “que están enfocadas en números y no indican cómo llegarán a lograr sus objetivos, queremos hacer algo distinto y claro”. Así, resalta que las contribuciones peruanas toman como base los ofrecimientos que se hicieron en el 2010.


Por su parte, Eduardo Durand, director general de la Dirección General de Cambio Climático, Desertificación y Recursos Hídricos del Ministerio del Ambiente, señala que las contribuciones deben ser validadas mediante un trabajo participativo, multisectorial y territorial. “Las contribuciones contendrán información cuantificable sobre mitigación; así como la visión estratégica y los principales avances del Perú en el tema de adaptación, prevención de riesgos e impactos vinculados al cambio climático”, añade.


Con el propósito de lograr una INDC que involucre todos los aspectos de la sociedad, el Minam ha organizado las 'Semanas del Compromiso Climático' en mayo, agosto y octubre. “Debe existir una participación activa de todos los actores, públicos y privados, a través de un diálogo constante y transparente con apertura a escuchar los aportes de cada uno desde sus propias agendas de trabajo. Ello será clave para activar un trabajo colaborativo y demostrar el compromiso de articular iniciativas, proyectos y avanzar con una visión a largo plazo de manera responsable”, insiste Pulgar-Vidal.


Las contribuciones del Perú –ha adelantado el ministro del Ambiente– estarían listas entre agosto y setiembre.


¿Y LAS CONTRIBUCIONES DE OTROS PAÍSES?

Hasta el momento los países que ya han anunciado oficialmente sus INDC son Suiza (fue el primero en hacerlo), los 28 países de la Unión Europea, México, Liechtenstein, Noruega, Gabón, Andorra, Estados Unidos y Rusia.



Proponen reducir sus emisiones de GEI en:

Suiza: 50%. Año base 1990 y hasta 2030

Unión Europea y sus 28 miembros: 40% (1990-2030)

Noruega: 40% (1990-2030)

México: 22% (2013-2030)

Estados Unidos: Entre 26% y 28% (2005-2025)

Gabón: 50% (1990-2030)

Rusia: Entre 20% y 25% (2000-2030)

Liechtenstein: 40% (1990-2030)



NO SERÁ FÁCIL

No obstante el entusiasmo de algunas de la partes miembros del CMNUCC con las INCD, si se consideran las discusiones históricas en torno a las responsabilidades y compromisos diferenciados entre países desarrollados y en vías de desarrollo, así como los escasos avances mostrados en Lima, no sorprende que entre los especialistas ambientalistas haya dudas de que esto se resuelva en la COP21.

Y es que encontrar un marco de INDC en el que todos los países estén de acuerdo no parece una tarea sencilla y este es un punto central de las negociaciones. Los países desarrollados ya han dejado claramente establecido que no están dispuestos a continuar con este criterio estático de diferenciación. La negativa a firmar la enmienda de Doha al Protocolo de Kioto por parte de Estados Unidos, Rusia, Japón, Canadá y Nueva Zelanda es una muestra de esta posición. En tanto, los países en desarrollo agrupados en el G77 + China insisten en que no aceptarán

compromisos de reducción de emisiones a menos que cuenten con financiación internacional para llevarlas adelante. 

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