Arabia Saudita, país históricamente conocido por una cautelosa diplomacia, comienza a girar hacia una postura más dura. Su filosofía central es que la guerra ya no es un tabú, sino una herramienta política válida y que ya no necesita la aprobación de los Estados Unidos, su antiguo aliado y defensor.

Un informe de Bloomberg apunta que el cambio comenzó con las revueltas de la Primavera Árabe, en el 2011, y se aceleró con el ascenso al poder del rey Salmán y el nombramiento de su hijo, Mohamed bin Salmán, como ministro de Defensa (y, además, segundo en la línea de sucesión).

Desde entonces, reino petrolero ha desplegado una guerra aérea en Yemen contra los rebeldes shiitas, a quienes acusan de servir a su enemigo Irán. "Este puede ser considerado el primer intento real de Arabia Saudita para intentar convertirse en una nueva superpotencia militar", indica David Ottaway, investigador del Wilson Center de Washington.

Esta posición recrudece las cada vez más frías relaciones con Estados Unidos. El reciente acuerdo nuclear de la gestión Obama con Irán no gustó para nada en Arabia Saudita. Y el reciente desplante del rey Salmán, al no asistir a la reunión entre EE.UU. y los países del golfo, es una prueba más del distanciamiento.

La intervención árabe en la guerra civil en Siria, apoyando a los rebeldes, también sirvió como un mensaje a la postura benevolente de los Estados Unidos con el régimen del presidente sirio Bashar al-Assad.