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Izquierda, centro y derecha. Las tres posiciones con las que hasta ahora se definen los partidos políticos son, quizá, el aspecto que más influye en el electorado. Un análisis publicado en el diario estadounidense The Washington Post, basado en recientes investigaciones académicas, examina el efecto del viraje hacia el centro que realizan los partidos políticos europeos de centro-izquierda en busca de votos desde la década del ochenta hasta los inicios del nuevo siglo.


El movimiento hacia el centro, recuerda el informe, surgió en las democracias occidentales como estrategia ante los cambios políticos de la década del noventa. Tras la caída del muro de Berlín, las posturas de izquierda se relacionaban al pasado y el acercamiento hacia el centro resultaba, por lógica, una “modernización” sin dejar de lado cierto perfil de cambio. Desde entonces se han promovido como una fórmula exitosa de los partidos de centro-izquierda en Europa.


Al comprender  un periodo de tiempo amplio, los estudios permiten observar las consecuencias a largo plazo de estas decisiones: son más los votantes que se pierden que los que se ganan. Encuestas realizadas en Alemania, Suecia y el Reino Unido durante esos años señalan que, si bien en las elecciones del momento aumentan los votantes, en las siguientes lo que aumenta son las abstenciones y deserciones de sus primeros seguidores. Casos como el de los socialdemócratas alemanes que ganaron en 1998 y perdieron las dos siguientes elecciones, lo demuestran. Igual es el caso, en distintos años, del SAP sueco y el partido Laborista británico que perdieron sus mayorías.


Sin embargo, los resultados de las investigaciones de la Universidad de Colorado, la Asociación de Ciencias Políticas del Sur, la Revista de Ciencias Políticas de América y la Asociación de Estudios Políticos, que toma en cuenta The Washington Post, no parecen haber llegado al núcleo de los partidos de hoy.


El partido español Podemos, después de luchas internas, por ejemplo, decidió dejar sus propuestas más izquierdistas -tildadas de “anticapitalistas” en algunos casos- para desarrollar un programa que su líder, Pablo Iglesias, ha llamado “más realista” y que la prensa española ha resumido como un movimiento hacia el centro y los principios de la social democracia.


Por su parte, el candidato Ed Miliband llegó al liderazgo del partido laborista británico criticando al capitalismo de “depredador” y a Tony Blair por sus posturas proempresariales, lo que le hizo ganar simpatías en los sindicatos. Ya en las recientes elecciones del Reino Unido, Blair señaló que la inclinación hacia la izquierda de su partido lo único que conseguiría sería que el conservador David Cameron ganara. Y así fue.


Sin ir más lejos, en el Perú, similar decisión fue adoptada por el Partido Nacionalista en las últimas elecciones presidenciales cuando, ras triunfar en la primera vuelta, dejó de lado el proyecto de La Gran Transformación para moderar sus propuestas en La Hoja de Ruta. Las condiciones, es cierto, son muy distintas en nuestro país y no pueden compararse a las de las democracias industrializadas. Pero el desplazamiento es el mismo, y la fórmula general también.


Solo el tiempo dirá si esta tendencia histórica de los partidos de centro-izquierda se mantiene. Pero por ahora parece que, al menos en el largo plazo, el centro no les sirve demasiado.