Afines del 2010, los hermanos Vega estrenaron Octubre, su ópera prima, con la que ganaron el Premio del Jurado de “Un Certain Regard”, que corre en paralelo a la competencia por la prestigiosa Palme d’Or en el Festival de Cannes y da reconocimiento a las propuestas más arriesgadas e innovadoras de jóvenes realizadores. A su regreso al Perú, buscaron conversar con los representantes de distintos fondos para estudiar las posibilidades de financiamiento para su siguiente proyecto.

“No fue fácil reunir los fondos para Octubre, así que queríamos medir cómo nos iba a ir. Pero bastó solo una ronda de conversaciones para saber que esta vez no iba a ser tan difícil. Para nosotros fue una sorpresa, pero creemos que el hecho de tener una película ganadora en Cannes influyó en que nos miren con más interés”, dice Daniel Vega, cuyo guion, El mudo, obtuvo de esta forma el presupuesto que necesitaba para rodarse. Este filme se estrenó el 5 de junio, ganando importantes premios en los festivales de Cartagena (Venezuela), Locarno (Suiza) y Bafici (Argentina). Para Daniel y Diego, es el epílogo de un proceso que empezó en el 2004 con el estreno de Días de Santiago (dirigida por Josué Méndez), película que se convirtió en la producción peruana con más reconocimiento en el exterior, al sumar 35 premios en festivales como los de Bratislava (Rusia), Friburgo (Suiza), Infinity (Italia), Innsbruck (Austria), Montreal (Canadá), Kerala (India) y Transilvania (Rumanía). “La estabilidad económica ha sido clave para hacer cine de calidad. A partir de que el país tiene paz, ha proliferado la gente con ganas de hacer cosas en todos los ámbitos del arte. Ahora mucha más gente quiere hacer cine. Las propuestas son variadas. Antes se decía que el cine peruano siempre tocaba los mismos temas. Eso ya no es válido. Hay comedia, suspenso, drama, terror”, afirma Daniel.

Para Enid Campos, conocida en el ambiente como Pinky, y una de las productoras de Días de Santiago, este despegue ha contribuido a la profesionalización del recurso humano, desde los directores de cámara, luminotécnicos y sonidistas, hasta los guionistas y actores. Pero quizá donde más se ha sentido esta ola, dice, ha sido en el ámbito de la producción, entendida como la obtención o la gestión de fondos. “Cuando hicimos Días de Santiago nos demoramos cuatros años. En ese lapso otros realizadores filmaban dos o tres películas en paralelo. El acceso a fondos era complicado, sobre todo porque no había experiencia en gestión para obtenerlos. Ahora que el cine peruano suena más en el exterior, sigue siendo difícil acceder a capital, pero menos que en el pasado. Hoy se hacen hasta 10 rodajes al año, con estrenos de cinco o seis películas peruanas por temporada. Antes, un asistente de producción se encargaba del vestuario, del script, ahora existe un especialista por cada rama”, dice Campos.

Probablemente Tondero Films, parte de Tondero Producciones, sea el caso de éxito más relevante de la cinematografía local en términos de manejo de recursos, al menos si lo medimos por sus resultados comerciales. Esta joven productora, dirigida por Miguel Valladares, produjo en el 2013 el éxito de taquilla Asu mare, película que, con más asistencia que Ironman 2 en salas peruanas, abrió las puertas al patrocinio empresarial. A fines del 2013, Valladares cerró el auspicio de un paquete de películas con empresas de diversos sectores, como BBVA Continental, P&G, Belcorp, Brahma y DirecTV, para tener una cartera sostenida de proyectos a largo plazo, con estrenos hasta el 2015, como Calichín y Asu mare 2. Su más reciente producción, El elefante desaparecido, con las actuaciones de Salvador del Solar y Angie Cepeda, llegó a las salas el pasado 8 de octubre. Hoy es una firme candidata al premio Goya (España). Magallanes, dirigida por Del Solar y protagonizada por el mexicano Damián Alcázar, el argentino Federico Luppi y la peruana Magaly Solier, estuvo en salas el pasado 13 de noviembre.

Para Joel Calero, director de Cielo oscuro (estrenada en el 2012 y protagonizada por Lucho Cáceres, Pold Gastello y Sofía Humala), estamos en el mejor momento del cine peruano, porque no solo se está produciendo más, sino que los realizadores hacen películas que llegan a festivales importantes y son capaces de crear éxitos de taquilla, posicionando el concepto de cine peruano para divertirse y reflexionar. “El hecho de que filmes como Asu mare, Cementerio General o A los 40 convivan con filmes como Chicama, Perro guardián, Contracorriente y El evangelio de la carne es sinónimo de que se está empezando a cosechar una saludable diversificación de la oferta cinematográfica, tanto para el público como para los distintos mecanismos de financiación”, dice Calero, quien actualmente prepara el rodaje de su segundo largo. A este periodo de esplendor se debe sumar el boom del cine regional, en el que directores como Roger Acosta (Arequipa), Miler Eusebio (Ayacucho), Percy Pacco (Juliaca), Dalmer Quintana (Junín) y Henry Vallejo (Puno) revelan que el cine no es un producto exclusivo de Lima.

En el 2012 hubo 8 películas peruanas. Para el 2013 la cifra se elevó a 13. Este 2014 acabó con 17 estrenos. Sin embargo, pese a que es posible encontrar cada vez más eco en las empresas privadas o en los fondos extranjeros (como Hubert Bals Fund, World Cinema Fund, Cinema du Monde o Ibermedia), el presupuesto de la Dirección Generales de Industrias Culturales, que reemplazó al Consejo Nacional de Cinematografía (Conacine) en el 2011, solo llega a los US$ 2,6 millones, cifra que está congelada desde el 2008. Hoy, cada largometraje que postula al concurso recibe un financiamiento de S/. 550.000. Mientras que películas como Perro guardián (producida por Señor Z) cubren el 80% con este fondo, filmes como los de Tondero se financian con el auspicio de patrocinadores privados.

Viejos amigos (Fernando Villarán) no postuló a ningún festival internacional para obtener algún premio (lo que podría haber despertado algún interés en la taquilla), sino que se estrenó exclusivamente en el Perú, porque su productora hizo un focus group en el que se demostró que la cinta tenía potencial comercial sin necesidad de ningún reconocimiento en el exterior. El costo del filme alcanzó los S/. 750.000 (cubiertos en un 70% por el fondo del ex-Conacine), y la recaudación alcanzó los S/. 4.576.500. No obstante, se han producido casos de maltratos a algunas cintas, asignándoseles malos horarios o poco tiempo en taquilla, como pasó con Viaje a Tombuctú (Rossana Díaz), El espacio entre las cosas (Raúl del Busto), Y si te vi, no me acuerdo (Miguel Barreda), El último guerrero Chanka (Víctor Zarabia) o El inca, la boba y el hijo del ladrón (Ronnie Temoche). Por ese motivo, cabe preguntarse si hace falta una legislación que no solo incremente el apoyo del Estado, sino que asegure una cuota mínima de exhibiciones para las películas peruanas en las salas privadas, tal como antes de 1994.

FONDO Y CUOTA
A fines del 2011, el Ministerio de Cultura, que acababa de cerrar el Conacine, solicitó a los gremios del cine ‒Asociación de Cineastas Regionales e Independientes del Perú (ACRIP), Asociación de Productores Cinematográficos del Perú (APCP) y Unión de Cineastas Peruanos (UCP)‒ que diseñaran una propuesta para definir una nueva ley del cine que reemplace la Ley 26370, que este 2014 cumplió 20 años. Durante seis meses, los profesionales de la materia elaboraron el proyecto. La novedad de esta norma es que señalaba, a diferencia de todas las anteriores, que el 10% del valor de cada boleto dejaría de ir a las municipalidades para convertirse en un fondo de fomento del cine nacional. En mayo del 2012 se terminó la primera versión del proyecto, el mismo que fue debatido entre los representantes de las empresas de distribución y exhibición cinematográfica. Finalmente, este año, el Ministerio de Cultura recibió la propuesta y la derivó al Ministerio de Economía (MEF) para obtener su consentimiento. Pero el MEF, en vez de analizarlo en el Consejo de Ministros, para pasarlo a su vez al Congreso, revisó el documento, señalando que iba en contra de la política fiscal del Gobierno. Básicamente, el MEF estaba diciendo que no se podían emplear los recursos del impuesto municipal al espectáculo cinematográfico para la creación de un fondo para la cinematografía peruana. Ante tantas idas y venidas, no es casual que muchos profesionales estén convencidos de que el Estado es irrelevante en la práctica para el desarrollo de la industria. Para Miguel Valladares, de Tondero, el apoyo estatal es prescindible en tanto exista la posibilidad de acceder a otros recursos. Lo mismo opinan el director Sandro Ventura (Loco cielo de abril) y la productora Lorena Ugarteche (Perro guardián), que están realizando obras para el 2015 sin necesidad de ningún apoyo del Estado.

También hay, por cierto, quienes desde fuera de la industria hacen del tema una cuestión de principio. El éxito de Asu mare y A los 40 mereció un análisis en un editorial de El Comercio, donde se afirmó que no se deberían proponer las cuotas de pantalla. “Ninguna industria tiene derecho a florecer forzando a sus distribuidores a arriesgar su inversión en un producto en el que no creen, ni restringiendo a los consumidores sus posibilidades de elección. La única manera legítima de triunfar es esforzándose por lograr el producto que los compradores prefieren”, se señaló en dicho diario el 15 de abril del 2013. En cambio, para el director Javier Corcuera (Sigo siendo) es imprescindible que exista una ley del cine para proyectos que no lleguen a obtener dinero de fuentes privadas. “Creo que hay varios vacíos para nuestra cinematografía. Uno de ellos es la falta de una ley del cine, que no tenemos. Probablemente somos el único país de América Latina que no tiene una. Tenemos unas ayudas públicas que son importantes, y que han permitido el desarrollo del cine nacional, pero hay que seguir creciendo, hay que fomentar las ayudas en todos los géneros. Tenemos inversión privada, sí, relativamente, pero depende de si el proyecto se ajusta a los estándares o a las expectativas comerciales del patrocinador. En cambio, el fondo público se enfoca más a la calidad del proyecto, que obtiene financiamiento por concurso”. El gran problema, para Corcuera, es que, al no tener una ley que proteja las películas locales frente a los exhibidores, no se garantiza su exposición en el lapso que merecen, porque dependen de la voluntad de empresas que se inclinan más por los blockbusters de Hollywood que por las cintas peruanas. “En países europeos existen leyes que protegen el cine nacional. Aquí, una película hecha con fondos del Estado se exhibe más en festivales que en el Perú. ¿Dónde quedan los impuestos?”.

Para Carolina Denegri, productora de Chicama y El limpiador, aún no es posible hablar de una industria en estas condiciones. “El aumento de los estrenos peruanos hace que las personas se acostumbren a considerar las películas nacionales dentro de su menú cinematográfico. Nuestras películas van ampliando cada vez su temática, sus personajes y sus historias, y eso incrementa nuestras opciones con el público. Se está construyendo una taquilla, poco a poco, porque no hacemos películas para guardarlas en un cajón, sino para exhibirlas. Sin embargo, faltan varios elementos para considerar este boom como una industria”, dice Denegri. En su opinión, es importante que se consolide un fondo estatal para promover propuestas más innovadoras, que sigan dando que hablar en el exterior. “Todos queremos hacer buenas producciones que generen tráfico en la asistencia. Sin embargo, es importante no pensar únicamente en términos de taquilla. Ser una industria es desarrollar un mercado donde exista oportunidad de que coexistan diferentes tipos de propuestas. El cine es entretenimiento, pero es también cultura y arte”. El 2014 acabó con el estreno de F-27 (Willy Combe), película sobre el accidente aéreo en el que fallecieron 43 jugadores del club Alianza Lima. Y para este 2015 existen varios estrenos confirmados, como La entidad, Atacada, Asu mare 2, El pequeño seductor, Desaparecer, Dos amigos... una historia, El abuelo, Cementerio General 2 y Novia por alquiler. La mayoría de ellos, como pasó en los últimos dos años, son óperas primas para sus realizadores. Como dijo Daniel Vega, gente con muchas ganas de hacer cosas.