El fútbol brasileño vive una de las peores crisis económicas de su historia, con clubes hundidos en deudas y encuentros jugados a estadio vacío. Este 30 de abril vence el plazo para que todos los equipos publiquen sus resultados del 2014, y solo uno -el Flamengo- tiene cifras en azul.

Con la economía brasileña en recesión, los auspiciadores y el público están menos dados al gasto. Pero el origen de este problema financiero responde a varios años de malos manejos dirigenciales de los clubes, que en Brasil están estructurados como organizaciones sin fines de lucro. Si los clubes fueran empresas, casi todas estarían en la bancarrota.

Según un informe del New York Times, la exportación de jugadores al fútbol extranjero se ha convertido en una hemorragia: a diferencia de hace algunos años, sus mejores talentos están siendo vendidos a ligas de segunda clase. Por ejemplo, el Cruzeiro -campeón del 2013 y 2014- ha transferido a dos de sus máximas figuras, Éverto Ribeiro y Ricardo Goulart, a equipos de Emiratos Árabes y China.

Los hinchas suelen esperar que sus estrellas juegue unos años en el torneo local y luego partan a clubes del primer mundo (como el caso de Neymar, quien pasó del Santos al Barcelona), pero esto dista mucho de la realidad.

PROBLEMA DE FONDO
Al funcionar como organizaciones no lucrativas, las autoridades de los clubes son elegidas por los propios socios. Y esto implica que la gran mayoría de fanáticos exija campeonatos al costo que sea, en lugar de abogar por una visión empresarial, de éxito sostenido y a largo plazo.

Esto provocó que, por años, los clubes destinen gastos excesivos en contrataciones y salarios, para tratar de cumplir los requerimientos de los hinchas. Una jugada que no ha resultado como se esperaba.

El gobierno de la presidenta Dilma Rousseff ya ha comenzado a tomar medidas para frenar esta crisis, con un proyecto enviado al Parlamento que exige a los clubes resolver sus situaciones financieras antes del año 2021. Entre algunos de sus requerimientos, obligaría a los clubes a no gastar más del 70% de sus ingresos en salarios, además de forzarlos a cumplir con el pago de sus impuestos.

Se estima que para lograrlo, los clubes tendrían que recortar los salarios de sus jugadores en un 30%, aproximadamente. Una medida bastante severa, pero que parece una de las pocas salidas para el país en que el fútbol es el deporte por excelencia.